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¿Qué es la economía política? Definición, ejemplos y por qué es clave para entender el mundo hoy

¿Qué es la economía política? Definición, ejemplos y por qué es clave para entender el mundo hoy

Descubrí qué es la economía política, sus principales ejemplos y por qué entenderla es clave para analizar el poder, el mercado y el Estado.

La economía política es una disciplina que estudia las relaciones entre los procesos económicos y las estructuras de poder. A diferencia de la economía «pura» que pretende analizar fenómenos de mercado de forma aislada, la economía política reconoce explícitamente que toda decisión económica ocurre dentro de un contexto institucional determinado por el Estado, las leyes y los grupos de interés.

Definición de economía política

La economía política puede definirse como el estudio de cómo las instituciones políticas y legales afectan la producción, distribución e intercambio de bienes y servicios. Sin embargo, esta definición aparentemente neutral esconde un problema fundamental: ¿quién controla esas instituciones y con qué fines?

Desde la perspectiva de la Escuela Austriaca de economía, la economía política revela algo incómodo para el establishment: que el Estado no es un árbitro neutral que corrige «fallas del mercado», sino un actor con intereses propios que sistemáticamente beneficia a ciertos grupos a expensas de otros. Como señaló Murray Rothbard, el Estado es esencialmente una organización que obtiene sus ingresos mediante la coacción, es decir, mediante impuestos que los ciudadanos no pueden rechazar voluntariamente.

Origen histórico de la economía política

El término «economía política» surgió en el siglo XVII y fue utilizado por los primeros pensadores que intentaron comprender el funcionamiento de las economías nacionales. Adam Smith, considerado el padre de la economía moderna, tituló su obra magna La riqueza de las naciones (1776) como un tratado de economía política.

Durante el siglo XIX, pensadores como David Ricardo, John Stuart Mill y Karl Marx desarrollaron diferentes tradiciones dentro de esta disciplina. Mientras los economistas clásicos enfatizaban los beneficios del libre comercio, Marx utilizó la economía política para construir su crítica del capitalismo.

A finales del siglo XIX, la llamada «revolución marginalista» intentó separar la economía de la política, creando lo que hoy conocemos como economía neoclásica. Sin embargo, esta separación siempre fue artificial. Todo sistema económico opera dentro de un marco legal e institucional que determina quién puede hacer qué con qué recursos.

Ejemplos concretos de economía política

Para entender la relevancia práctica de la economía política, consideremos algunos ejemplos actuales.

La inflación como fenómeno político

La inflación no es simplemente un «aumento generalizado de precios» como la definen los manuales convencionales. Es el resultado directo de la expansión monetaria llevada a cabo por los bancos centrales. ¿Y quién se beneficia de esta expansión? Los primeros receptores del dinero nuevo: el gobierno, que financia su déficit, y los bancos, que pueden prestar dinero creado de la nada.

Cuando el Banco Central emite moneda, el nuevo dinero no llega a todos al mismo tiempo. Los burócratas, contratistas del Estado y entidades financieras lo reciben primero, cuando los precios todavía no subieron. Para cuando ese dinero llega al trabajador común o al jubilado, los precios ya aumentaron. Este es el llamado «efecto Cantillon», y explica por qué la inflación es fundamentalmente un mecanismo de redistribución regresiva: transfiere riqueza de los pobres hacia los políticamente conectados.

Las regulaciones y los grupos de interés

¿Por qué existen tantas regulaciones que supuestamente protegen al consumidor pero terminan perjudicándolo? La economía política tiene la respuesta: las regulaciones frecuentemente son diseñadas por las mismas industrias que dicen regular.

Tomemos el ejemplo de las licencias profesionales. Se nos dice que existen para «proteger» al público de profesionales incompetentes. Pero el efecto real es restringir la competencia, elevar artificialmente los precios y beneficiar a quienes ya están dentro del gremio. Los taxistas que protestan contra Uber, los colegios profesionales que limitan la cantidad de matriculados, las barreras de entrada en cualquier industria: todos son ejemplos de grupos de interés utilizando el poder del Estado para obtener privilegios a costa del resto de la sociedad.

El sistema bancario de reserva fraccionaria

Quizás ningún ejemplo ilustre mejor la economía política que el sistema bancario moderno. Los bancos comerciales pueden prestar dinero que no tienen, creando crédito de la nada mediante el sistema de reserva fraccionaria. Este privilegio extraordinario, que sería considerado fraude si lo hiciera cualquier particular, está garantizado por el Estado a través del banco central, que actúa como «prestamista de última instancia».

¿El resultado? Ciclos económicos de auge y caída que empobrecen a millones, mientras los bancos son rescatados con dinero de los contribuyentes cuando sus apuestas salen mal. Como explicó Jesús Huerta de Soto en Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, este sistema es inherentemente inestable y éticamente cuestionable.

La economía política según diferentes escuelas de pensamiento

La visión marxista

Para el marxismo, la economía política revela la explotación inherente al capitalismo. Según esta visión, los capitalistas extraen «plusvalía» de los trabajadores, apropiándose del valor que estos crean. El Estado, en esta perspectiva, es un instrumento de la clase dominante para mantener el sistema de explotación.

Esta visión, aunque identifica correctamente la existencia de privilegios y explotación, yerra completamente en el diagnóstico. La explotación que observamos no proviene del libre mercado, sino precisamente de su ausencia. Son los privilegios otorgados por el Estado, no la propiedad privada legítima, los que permiten la explotación.

La visión keynesiana

Los keynesianos ven la economía política como la gestión «científica» de la economía por parte de expertos ilustrados. El Estado debe intervenir para suavizar los ciclos económicos, mantener el pleno empleo y corregir las supuestas fallas del mercado.

El problema con esta visión es que ignora los incentivos perversos que enfrentan los políticos y burócratas. Como demostró la escuela de la «elección pública» (Public Choice), los funcionarios no son ángeles benevolentes sino actores racionales que buscan maximizar su poder, presupuesto e influencia. Las políticas keynesianas terminan siendo capturadas por grupos de interés, generando inflación, deuda insostenible y una expansión constante del Estado.

La visión austriaca y libertaria

Desde la perspectiva de la Escuela Austriaca, la economía política debe enfocarse en analizar cómo el poder coercitivo del Estado distorsiona los procesos de mercado y genera consecuencias no intencionadas. El Estado no corrige fallas del mercado; las crea.

Hans-Hermann Hoppe, en su obra Democracia: el dios que fracasó, demostró que la democracia moderna no limita el poder estatal sino que lo expande. Al eliminar cualquier restricción temporal sobre el acceso al poder, la democracia crea incentivos para que los políticos maximicen la extracción de recursos a corto plazo, generando niveles de gasto, deuda e inflación que ninguna monarquía tradicional habría tolerado.

¿Por qué la economía política es clave para entender el mundo hoy?

Vivimos en una época de creciente intervención estatal, inflación galopante en muchos países, deudas públicas insostenibles y una concentración de poder económico en manos de grandes corporaciones que operan en simbiosis con el Estado. Entender economía política nos permite ver más allá de la narrativa oficial.

Comprender quién paga y quién se beneficia

Cada vez que un político propone un nuevo programa de gasto, subsidio o regulación, la economía política nos enseña a preguntar: ¿quién paga y quién se beneficia realmente? Los costos suelen estar dispersos entre millones de contribuyentes y consumidores, mientras los beneficios se concentran en grupos pequeños y organizados. Esto explica por qué políticas claramente perjudiciales para la mayoría persisten década tras década.

Desenmascarar la retórica del «bien común»

Los políticos siempre justifican sus intervenciones apelando al «interés general», la «justicia social» o la «seguridad nacional». La economía política nos da las herramientas para analizar críticamente estas afirmaciones. ¿Realmente el salario mínimo ayuda a los trabajadores pobres, o los condena al desempleo? ¿Los aranceles protegen empleos o simplemente benefician a industrias ineficientes a costa de los consumidores? ¿Los rescates bancarios evitan crisis o las perpetúan?

Evaluar propuestas de reforma

Sin una comprensión sólida de economía política, es imposible evaluar propuestas de reforma económica. ¿Por qué fracasan sistemáticamente los intentos de reducir el gasto público? ¿Por qué las reformas regulatorias suelen empeorar los problemas que pretenden resolver? ¿Por qué los bancos centrales «independientes» terminan siempre financiando los déficits gubernamentales?

Conclusión

La economía política no es una curiosidad académica sino una herramienta indispensable para cualquier ciudadano que quiera entender cómo funciona realmente el mundo. Nos permite ver más allá de las apariencias y comprender los mecanismos mediante los cuales el poder político distorsiona los resultados económicos.

Desde una perspectiva libertaria, la conclusión es clara: mientras exista un Estado con poder de coacción, existirán grupos que intentarán capturar ese poder para beneficio propio. La única solución genuina es reducir drásticamente el alcance de la intervención estatal, permitiendo que los intercambios voluntarios en el mercado reemplacen la planificación coercitiva.

Como escribió Rothbard: «El Estado es una banda de ladrones en gran escala». La economía política nos ayuda a entender exactamente cómo opera esa banda y a quiénes beneficia realmente. Armados con ese conocimiento, podemos comenzar a imaginar y construir una sociedad basada en la cooperación voluntaria y el respeto a la propiedad privada, no en la coacción y el privilegio político.

Miguel Hernández

Miguel Hernández

Economía austríaca, libertad y paz.

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