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«No es el socialismo lo que sacó a 800 millones de chinos de la pobreza. Es el socialismo lo que los puso ahí en primer lugar.»

El mito a desmontar

Existe una narrativa según la cual China representa un «modelo exitoso» de desarrollo conducido por el socialismo. Una suerte de tercera vía entre el capitalismo liberal y el socialismo soviético. Algunos van más lejos y sostienen que fue precisamente el socialismo, con sus inversiones en infraestructura, salud y educación durante la era de Mao Zedong, lo que sentó las bases del posterior «milagro económico» chino.

Esta tesis es, en el mejor de los casos, una distorsión intelectual. En el peor, una apología encubierta del régimen más mortífero de la historia de la humanidad.

Lo que este artículo se propone demostrar (con datos, fuentes y argumentación rigurosa) es algo mucho más simple y mucho más verdadero: China no prosperó gracias al socialismo, sino a pesar de él. Cada gramo de prosperidad que el pueblo chino conquistó a partir de 1978 fue el resultado directo de la introducción de mecanismos de mercado: propiedad privada (aunque incompleta), libertad de precios, apertura comercial, inversión extranjera y emprendimiento individual. En otras palabras, capitalismo. No perfecto, no pleno, no liberal, pero capitalismo al fin.

Y la prueba más contundente de esta afirmación no requiere modelos econométricos sofisticados: basta con comparar los treinta años de Mao (1949-1978) con los treinta años posteriores a las reformas de Deng Xiaoping. La diferencia no es de grado. Es de naturaleza.


I. China antes de Mao: un país pobre, pero no socialista

Para entender la magnitud del desastre socialista en China, es necesario ubicarse en el punto de partida. Cuando Mao Zedong proclamó la República Popular China el 1 de octubre de 1949, el país era predominantemente agrario, con una economía devastada por décadas de guerra civil y la invasión japonesa. El ingreso per cápita era extremadamente bajo y la esperanza de vida rondaba los 35 años.

Pero China no era una tierra yerma sin tradición económica. Durante siglos, el comercio y la producción habían florecido bajo distintas dinastías. La propia tradición confuciana contenía elementos compatibles con el orden espontáneo del mercado. Lao Tse, en el Tao Te Ching del siglo V a.C., ya advertía que gobernar un gran país era como «freír un pequeño pescado», cuanto menos se lo toca, mejor sale1. China tenía mercados locales, redes comerciales ancestrales y una cultura de trabajo duro profundamente arraigada.

El problema de China no era cultural ni geográfico. El problema de China fue político: la imposición, por la fuerza de las armas, de un sistema de planificación centralizada inspirado en el modelo soviético. Un sistema que, como Ludwig von Mises había demostrado teóricamente ya en 1920, es incapaz de realizar cálculo económico racional y, por lo tanto, está condenado al fracaso2.

Lo que siguió fue exactamente lo que la teoría austríaca predice cuando se eliminan los precios de mercado, la propiedad privada y la libre competencia: caos, desperdicio masivo de recursos y, en última instancia, hambruna y muerte.


II. La era de Mao (1949-1976): treinta años de catástrofe socialista

El Gran Salto Adelante (1958-1962): la hambruna como política de Estado

Pocos episodios de la historia humana ilustran con mayor claridad la imposibilidad del socialismo que el Gran Salto Adelante. Lanzado por Mao en 1958 con el objetivo delirante de superar industrialmente a Gran Bretaña en pocos años, este programa de colectivización forzada y planificación centralizada produjo la mayor hambruna de la historia de la humanidad.

Las estimaciones sobre el número de muertos varían según los investigadores, pero todas son enoermes. Las cifras más citadas en la literatura académica oscilan entre 15 y 55 millones de personas fallecidas por inanición y enfermedades derivadas entre 1959 y 19613. El demógrafo chino Cao Shuji estima 32,5 millones de muertes4. El historiador Frank Dikötter, en su obra Mao’s Great Famine, eleva la cifra a 45 millones5. Un estudio publicado en el British Medical Journal concluye que «las mejores reconstrucciones demográficas indican alrededor de 30 millones de muertos» y califica la hambruna como abrumadoramente causada por factores ideológicos6.

¿Cómo fue posible semejante catástrofe? Precisamente de la manera que Mises, Hayek y Rothbard habrían predicho: sin precios libres, sin propiedad privada y sin libertad de decisión individual, el sistema económico colapsa.

Los campesinos fueron obligados a abandonar sus parcelas familiares y fusionarse en comunas populares. Las decisiones sobre qué sembrar, cuánto producir y cómo distribuir los alimentos fueron transferidas a burócratas del Partido que no tenían ni el conocimiento ni los incentivos para tomar decisiones correctas. Los funcionarios locales, aterrorizados por las purgas políticas, inflaban sistemáticamente las cifras de producción. En algunas regiones, los informes oficiales declaraban cosechas de 1.200 jin por mu cuando la producción real apenas alcanzaba los 600 jin, lo que generaba requisiciones excesivas de grano y hambruna local7.

Mientras decenas de millones morían de hambre, China continuó exportando grano al exterior durante 1959 y 1960 (aproximadamente siete millones de toneladas que podrían haber salvado hasta 16 millones de vidas) y rechazó la ayuda ofrecida por la Cruz Roja Internacional, calificando los reportes de hambruna como «cuentos de hadas occidentales»8.

Liu Shaoqi, entonces presidente de la República Popular, realizó una investigación de campo de 44 días en aldeas de Hunan y concluyó que las causas de la hambruna eran «30% desastres naturales y 70% error humano»9. La evidencia posterior ha demostrado que incluso esa proporción era generosa con el régimen: las condiciones climáticas adversas fueron relativamente localizadas, mientras que la catástrofe fue nacional y sistémica.

El Gran Salto Adelante no fue un accidente ni una anomalía. Fue la consecuencia lógica e inevitable de intentar organizar una economía compleja sin el mecanismo de precios. Es exactamente lo que Mises describió en El Socialismo (1922) y en La Acción Humana (1949): sin propiedad privada de los medios de producción no hay intercambio genuino, sin intercambio no hay precios reales, sin precios reales no hay cálculo económico, y sin cálculo económico no hay forma racional de asignar recursos10. El resultado inevitable es el desperdicio, la descoordinación y, cuando se aplica a la agricultura, la muerte masiva por inanición.

La Revolución Cultural (1966-1976): la destrucción del capital humano

Como si el Gran Salto Adelante no hubiera sido suficientemente devastador, Mao lanzó en 1966 la Gran Revolución Cultural Proletaria, un movimiento de purga ideológica que duró una década completa y sumió al país en el caos.

Durante este período, la producción industrial cayó un 13% en 1967 respecto a los niveles de 1966, y para 1968 todavía no se había recuperado11. Las universidades fueron cerradas. Ingenieros, científicos, profesores y administradores experimentados fueron purgados, encarcelados, enviados a campos de «reeducación» o directamente asesinados. Aproximadamente 16 millones de jóvenes fueron sacados de las escuelas y enviados al campo12. Se destruyó patrimonio cultural milenario. El sistema bancario fue prácticamente desmantelado: el Banco Popular de China fue degradado a una oficina dentro del Ministerio de Finanzas en 196913.

El costo económico directo fue enorme. Pero el costo en capital humano fue incalculable. Una «generación perdida» de jóvenes fue privada de educación formal. La experiencia técnica y administrativa acumulada durante décadas fue eliminada por decreto. En términos austríacos, lo que Mao destruyó no fue solo capital físico, sino la estructura misma de conocimiento disperso que permite el funcionamiento de cualquier sociedad compleja, aquello que Hayek llamó «el conocimiento de las circunstancias particulares de tiempo y lugar»14.

El balance de treinta años de socialismo

Cuando Mao murió el 9 de septiembre de 1976, dejó un país devastado. El PBI per cápita de China representaba apenas el 2,7% del PBI per cápita de Estados Unidos15. La pobreza extrema (medida por el umbral del Banco Mundial de 1,90 dólares diarios en paridad de poder adquisitivo) alcanzaba a aproximadamente el 88% de la población en 1981, los primeros datos confiables disponibles16. La productividad total de los factores había caído un 13,2% durante el período 1957-197817.

Treinta años de socialismo habían logrado que uno de los países más poblados de la tierra fuese también uno de los más pobres. Y no por falta de recursos naturales, ni por falta de cultura de trabajo, ni por factores geográficos adversos. La prueba definitiva es comparar China continental con Taiwán y Corea del Sur (sociedades culturalmente similares, con raíces confucianas compartidas, que en 1950 partían de niveles de desarrollo comparables). Mientras China seguía el camino maoísta, Taiwán y Corea del Sur adoptaron economías de mercado. El resultado: para 1978, cuando China finalmente abandonó el socialismo, Taiwán y Corea del Sur ya la habían superado por un margen enorme.

El economista Martin Ravallion, del Banco Mundial, realizó un análisis contrafactual comparando la trayectoria de China con la de Taiwán y Corea del Sur, y concluyó que «la mayor parte del progreso de China contra la pobreza desde que comenzaron las reformas fue, en realidad, compensar la falta de progreso durante los treinta años previos» bajo el maoísmo. Según sus cálculos, el camino maoísta significó que «un cuarto adicional de la población china vivía en la pobreza» cuando las reformas de Deng comenzaron18.

En otras palabras: el socialismo no sentó las bases del milagro chino. El socialismo creó el abismo del que China tuvo que salir.


III. La revolución desde abajo: Xiaogang y el retorno espontáneo de la propiedad privada

Dieciocho campesinos contra el colectivismo

La historia oficial del Partido Comunista Chino presenta las reformas económicas como una decisión sabia y planificada de la cúpula dirigente. La realidad es mucho más interesante (y mucho más compatible con la teoría austríaca del orden espontáneo).

La noche del 24 de noviembre de 1978, en la pequeña aldea de Xiaogang, provincia de Anhui, dieciocho cabezas de familia se reunieron en secreto en una habitación sin ventanas. Estaban hambrientos. De los 120 habitantes originales de la aldea, 67 habían muerto de hambre durante el Gran Salto Adelante. Ahora, dos décadas después, volvían a pasar hambre bajo el sistema colectivista19.

Decidieron hacer algo que, bajo la ley vigente, podía costarles la vida: dividir la tierra comunal en parcelas familiares. Cada familia cultivaría su propia porción, entregaría una cuota al Estado y a la comuna, y se quedaría con el resto. Firmaron un documento secreto que incluía una cláusula estremecedora: «En caso de fracaso, estamos preparados para la muerte o la prisión, y los demás miembros de la comuna se comprometen a criar a nuestros hijos hasta los dieciocho años»20.

Lo que siguió fue exactamente lo que cualquier economista austríaco habría anticipado: al restablecer aunque sea parcialmente los incentivos de la propiedad privada, la producción se disparó. La cosecha de grano de Xiaogang aumentó a 90.000 kilogramos en 1979, más de seis veces la producción del año anterior. El ingreso per cápita saltó de 22 yuanes a 400 yuanes21.

La noticia se propagó de aldea en aldea. El «secreto» era imposible de contener, porque los resultados eran demasiado visibles. El sistema se expandió espontáneamente, generando un aumento del 600% en la producción regional.

La reforma como reconocimiento de un hecho consumado

Frank Dikötter, profesor de la Universidad de Hong Kong, argumenta que las reformas económicas en realidad comenzaron durante los últimos años de la Revolución Cultural, impulsadas desde abajo por una población exhausta y desilusionada con el colectivismo: «Para 1980, hasta la mitad de toda la tierra en provincias enteras como Anhui, Gansu y Guizhou ya estaba en manos de hogares individuales. Como siempre, la gente va muy por delante del Partido. Deng Xiaoping fue lo suficientemente inteligente como para ir con la corriente. Se presenta a sí mismo como el arquitecto de las reformas económicas, cuando de hecho, los verdaderos arquitectos de las reformas económicas son la gente»22.

Este punto es fundamental y merece ser enfatizado: la reforma china no fue una decisión «de arriba hacia abajo» de planificadores iluminados. Fue un proceso «de abajo hacia arriba» de individuos que, actuando en su propio interés y arriesgando literalmente sus vidas, redescubrieron los principios básicos de la propiedad privada y el intercambio voluntario. Deng Xiaoping tuvo la inteligencia política de no reprimir este movimiento espontáneo y de institucionalizarlo gradualmente. Pero el motor de la transformación fueron millones de personas actuando libremente, exactamente como predice la teoría austríaca del orden espontáneo23.


IV. Las reformas de Deng Xiaoping (1978-1992): capitalismo sin nombre

El Tercer Pleno y el abandono tácito del socialismo

En diciembre de 1978, el Tercer Pleno del XI Comité Central del Partido Comunista Chino marcó oficialmente el inicio de la era de «reforma y apertura» (gaige kaifang). Sin embargo, la retórica oficial se cuidó meticulosamente de no pronunciar la palabra «capitalismo». Las reformas fueron presentadas como «socialismo con características chinas», un eufemismo brillante que permitió implementar mecanismos de mercado sin desafiar frontalmente la legitimidad ideológica del Partido24.

Pero los hechos hablan más que las palabras. ¿Qué fue lo que realmente se hizo a partir de 1978? Exactamente lo que los economistas austríacos llevan recomendando desde hace un siglo:

Primero, se restauró parcialmente la propiedad privada en la agricultura. El Sistema de Responsabilidad por Hogar (jiating lianchan chengbao zerenzhi) formalizó lo que los campesinos de Xiaogang habían iniciado clandestinamente: cada familia recibía una porción de tierra, debía cumplir con una cuota estatal, pero podía vender el excedente a precios de mercado25. Para 1984, todo el racionamiento de alimentos en las ciudades fue eliminado, y la oferta alimentaria per cápita de China se acercó al nivel de Japón26.

Segundo, se liberaron gradualmente los precios. Se introdujo un sistema de «doble vía» (shuanggui zhi) en el que los bienes producidos dentro de la cuota estatal se vendían a precio fijado, pero todo excedente podía comercializarse a precios de mercado. Este mecanismo, aunque imperfecto, reintrodujo el sistema de precios como transmisor de información económica, restaurando parcialmente la función que Mises identificó como indispensable para el cálculo económico27.

Tercero, se abrió la economía al comercio exterior y la inversión extranjera. Antes de las reformas, el comercio exterior representaba menos del 10% del ingreso nacional. Para 1984 había crecido al 21%, y para 1986 al 35%28. El contraste con la autarquía maoísta no podía ser más marcado.

Cuarto, se legalizó la empresa privada. Se permitieron joint ventures con empresas extranjeras, inversiones de capital foráneo y, gradualmente, la creación de empresas privadas domésticas. El sector privado, que prácticamente no existía en 1978, pasó a representar el 70% del PBI para 200529.

Cada una de estas reformas apuntaba en la misma dirección: más mercado, más propiedad privada, más libertad individual. Es decir, más capitalismo.

Las Zonas Económicas Especiales: capitalismo en laboratorio

En mayo de 1980, China estableció cuatro Zonas Económicas Especiales (ZEE) en Shenzhen, Zhuhai, Shantou y Xiamen. Estas zonas funcionaban con reglas radicalmente distintas al resto del país: políticas económicas orientadas al libre mercado, impuestos reducidos, regulaciones flexibles, libertad para la inversión extranjera directa y protección (relativa) de los derechos de propiedad30.

La transformación de Shenzhen es quizás el ejemplo más espectacular de lo que ocurre cuando se libera la iniciativa individual. En 1980, era una aldea pesquera de 30.000 habitantes con un PBI de 270 millones de yuanes (unos 38 millones de dólares). Para 2024, su PBI alcanzó los 3,68 billones de yuanes (aproximadamente 510.000 millones de dólares): un aumento de más de 10.000 veces31. Su población creció de 330.000 a 17,79 millones de habitantes32. En 2018, el PBI de Shenzhen superó al de Hong Kong por primera vez33.

Shenzhen no prosperó porque el Partido Comunista planificara sabiamente su economía. Prosperó porque, dentro de sus fronteras, se permitió lo que en el resto de China estaba prohibido: emprender, comerciar, innovar, acumular capital y quedarse con los frutos del propio esfuerzo. La ZEE fue, en esencia, un experimento controlado de capitalismo dentro de un país socialista. Y el resultado fue tan espectacular que obligó al gobierno central a extender progresivamente las reformas al resto del país.

La gira por el sur (1992): el punto de no retorno

Después de la masacre de Tiananmen en junio de 1989 y la caída de la Unión Soviética, las fuerzas conservadoras dentro del Partido ganaron terreno y las reformas se estancaron. Fue entonces cuando Deng Xiaoping, ya retirado formalmente del poder, realizó su célebre «gira por el sur» (nanxun) a principios de 1992. Visitó las Zonas Económicas Especiales, elogió públicamente sus resultados y envió una señal inequívoca: la reforma económica debía continuar y profundizarse34.

El mensaje era claro: el camino era más mercado, no menos. Y la evidencia de las ZEE respaldaba esa conclusión.


V. Los resultados: la mayor reducción de pobreza de la historia

Las cifras que hablan por sí solas

Los números del período post-reforma son, literalmente, sin precedentes en la historia económica mundial:

El PBI de China pasó de 150.000 millones de dólares en 1978 a 18,74 billones de dólares en 202435. El crecimiento anual promedio del PBI real entre 1979 y 2018 fue del 9,5%, lo que el Banco Mundial calificó como «la expansión sostenida más rápida de una economía importante en la historia»36. A ese ritmo, China duplicó su PBI cada ocho años.

Cerca de 800 millones de personas salieron de la pobreza extrema desde finales de los años setenta, lo que representó aproximadamente el 75% de la reducción global de la pobreza en el mismo período37. La tasa de pobreza extrema (menos de 1,90 dólares diarios en PPA) cayó del 88% en 1981 a menos del 0,5% en 201838.

El ingreso per cápita creció a un ritmo del 6,6% anual. Los salarios promedio se multiplicaron por seis entre 1978 y 2005. La pobreza absoluta se redujo del 41% al 5% de la población entre 1978 y 200139.

La productividad total de los factores (que había caído un 13,2% durante la era maoísta) contribuyó un 40,1% al crecimiento del PBI en el período post-reforma40. Esto es decisivo: no se trató simplemente de invertir más capital o emplear más mano de obra, sino de usar los recursos mejor. Exactamente lo que ocurre cuando se reintroduce el mecanismo de precios y la libertad empresarial.

El sector manufacturero explotó. China se convirtió en la «fábrica del mundo». La producción de acero creció de 128,5 millones de toneladas en 2000 a 418,8 millones en 2006, un tercio de la producción mundial41. La participación del empleo agrícola cayó del 70% en 1978 al 24% en 2020, reflejando una industrialización y urbanización aceleradas42.

¿Qué causó estos resultados?

La respuesta es simple y directa: cada una de estas mejoras fue el resultado de la introducción de mecanismos de mercado. La reducción de la pobreza en la primera década de reforma (1978-1988) provino abrumadoramente de la liberalización agrícola: cuando se permitió a los campesinos cultivar sus propias parcelas y vender a precios de mercado, la producción se multiplicó43. La segunda ola de crecimiento (1992 en adelante) fue impulsada por la apertura comercial, la inversión extranjera y el boom de la empresa privada.

El Banco Mundial lo reconoce con claridad: «Las reformas orientadas al mercado impulsaron la expansión de oportunidades económicas. La transformación económica de China […] siguió la ventaja comparativa del país, usando señales de mercado para crear incentivos apropiados y la competencia entre empresas para catalizar las ganancias de productividad»44.


VI. Respondiendo a las objeciones

«Pero el Estado dirigió las reformas»

Es cierto que el Estado chino no desapareció y que mantuvo un rol activo durante las reformas. Pero esto no invalida la tesis de que fue el capitalismo (entendido como propiedad privada, libertad de precios, empresa privada y comercio libre) lo que generó la prosperidad. La pregunta relevante no es si el Estado existió durante las reformas, sino qué hizo. Y lo que hizo fue, fundamentalmente, retirarse: descolectivizar la agricultura, liberar precios, permitir la empresa privada, abrir el comercio exterior. Cada intervención exitosa del gobierno chino consistió en quitar un obstáculo previamente impuesto por el propio gobierno.

Además, como se demostró con el caso de Xiaogang y las reformas agrícolas espontáneas, muchas de las transformaciones más importantes fueron iniciativas populares que el gobierno simplemente legalizó a posteriori. El enfoque «de abajo hacia arriba» de las reformas chinas, en contraste con el enfoque «de arriba hacia abajo» de la Perestroika soviética, es considerado un factor clave en su éxito45.

«Mao sentó las bases: salud, educación, infraestructura»

Esta objeción, repetida especialmente por el World Economic Forum y ciertos académicos revisionistas, merece un análisis cuidadoso. Es cierto que durante la era maoísta se registraron avances en alfabetización, esperanza de vida e infraestructura básica. Pero este argumento comete un error lógico fundamental: atribuye al socialismo logros que habrían ocurrido de todas formas (y probablemente con mayor rapidez y menor costo) bajo cualquier sistema económico alternativo.

La prueba está en la comparación con Taiwán y Corea del Sur. Ambos países partieron de condiciones similares a las de China continental en 1950. Ambos invirtieron masivamente en salud, educación e infraestructura. Pero lo hicieron bajo sistemas de mercado, sin hambrunas de 30 millones de muertos, sin revoluciones culturales que destruyeran el capital humano, y con resultados económicos enormemente superiores. Si Mao «sentó las bases», lo hizo al precio de decenas de millones de vidas. Decir que esas muertes fueron «el costo de sentar las bases» es moralmente obsceno y económicamente falso46.

Ravallion estimó que, comparada con la trayectoria contrafactual de Taiwán y Corea del Sur, la vía maoísta dejó a un cuarto adicional de la población china en la pobreza47. Las «bases» que supuestamente sentó Mao tuvieron un costo neto catastrófico.

«No fue verdadero capitalismo, fue una economía mixta»

Efectivamente, China nunca implementó un capitalismo de laissez-faire. Las reformas fueron parciales, graduales e incompletas. El Estado mantuvo (y mantiene) un rol excesivo en la economía: empresas estatales ineficientes, represión financiera, manipulación del tipo de cambio, restricciones a la movilidad laboral (el sistema hukou), ausencia de derechos de propiedad plenos sobre la tierra, y un sistema legal que no garantiza el rule of law.

Pero esto, lejos de refutar la tesis capitalista, la refuerza. Si reformas parciales e incompletas produjeron la mayor reducción de pobreza de la historia, ¿qué habrían logrado reformas plenas? El argumento es que en la medida en que China introdujo mecanismos de mercado, prosperó; y en la medida en que mantuvo controles estatales, generó ineficiencias, burbujas, corrupción y desigualdad. Las áreas más libres (las ZEE) crecieron más rápido que las áreas más reguladas. El sector privado superó al sector estatal. La conclusión es clara: más capitalismo habría producido aún más prosperidad.

Los problemas actuales de la economía china (la burbuja inmobiliaria, la deuda de los gobiernos locales, las empresas estatales zombis, la desaceleración del crecimiento) son, precisamente, los problemas que surgen de lo que no se liberalizó, no de lo que sí se liberalizó.

«La pobreza bajo el socialismo era menor de lo que dicen»

Un artículo publicado en The Conversation en 2024 cuestiona las cifras del Banco Mundial, argumentando que si se ajusta por el costo de necesidades básicas en lugar de usar la paridad de poder adquisitivo estándar, la pobreza extrema en China bajo el socialismo (1981-1990) era menor de lo generalmente reportado, y que en realidad aumentó durante las reformas de mercado de los años noventa48.

Este argumento, aunque interesante metodológicamente, es profundamente engañoso. En primer lugar, reconoce que bajo el socialismo el gobierno proveía alimentos y vivienda «a bajo o ningún costo», lo cual elevaba artificialmente el poder adquisitivo de 1,90 dólares. Pero omite mencionar que esa provisión estatal era de pésima calidad, estaba sujeta a racionamiento severo y colapsaba periódicamente en hambrunas masivas. Que el Estado te «regale» comida no sirve de mucho cuando no hay comida que repartir.

En segundo lugar, el artículo reconoce que las reformas de mercado generaron «mejoras sustanciales en acceso a electrodomésticos modernos, tecnología de la información y otros bienes», pero descarta esto como irrelevante para la «pobreza extrema». Esta es una definición arbitrariamente estrecha de bienestar que ignora precisamente las mejoras materiales concretas que más impactaron la vida cotidiana de cientos de millones de personas.

Finalmente, el argumento concede implícitamente el punto central: fue la transición al capitalismo la que generó el desarrollo industrial y la abundancia de bienes. La discrepancia se reduce a si el período de transición tuvo costos para algunos sectores, lo cual es indiscutible pero no invalida que la dirección general fue masivamente positiva.

«Otros países socialistas también redujeron la pobreza»

La Unión Soviética, Cuba y Corea del Norte también redujeron indicadores de pobreza extrema en sus primeras décadas mediante la provisión estatal de servicios básicos. Pero ninguno de ellos logró generar prosperidad sostenida. Todos colapsaron o estancaron económicamente. La URSS se desintegró. Cuba sigue siendo pobre. Corea del Norte sufre hambrunas recurrentes. China es el único de estos países que logró un crecimiento económico espectacular (y lo hizo precisamente abandonando el socialismo). La diferencia entre China y Corea del Norte no es geográfica, étnica ni cultural: es sistémica. Una abrió sus mercados; la otra no.


VII. Lo que China demuestra sobre el socialismo y el capitalismo

La demostración empírica del argumento de Mises

El caso chino constituye, posiblemente, la mayor demostración empírica del argumento de la imposibilidad del cálculo económico bajo el socialismo formulado por Ludwig von Mises en 1920. No una demostración de laboratorio, sino un experimento natural a escala de más de mil millones de personas.

Durante treinta años (1949-1978), China intentó organizar su economía sin propiedad privada de los medios de producción, sin precios de mercado genuinos y sin libre competencia. El resultado fue exactamente el que Mises predijo: caos en la asignación de recursos, destrucción masiva de riqueza, hambrunas y estancamiento.

Cuando se reintrodujeron (aunque de manera parcial e imperfecta) los elementos esenciales del capitalismo (propiedad privada, precios libres, libre empresa, comercio exterior), el resultado fue igualmente predecible: coordinación espontánea de millones de actores económicos, asignación más eficiente de recursos, aumento explosivo de la productividad, generación de riqueza sin precedentes y la mayor reducción de pobreza de la historia49.

La acción humana como motor del progreso

Uno de los aspectos más fascinantes del caso chino es que confirma una intuición central de la praxeología misiana: los individuos, actuando en pos de sus propios fines, generan consecuencias beneficiosas no intencionadas para el conjunto de la sociedad. Los campesinos de Xiaogang no tenían una teoría del desarrollo económico. No habían leído a Adam Smith ni a Ludwig von Mises. Simplemente querían alimentar a sus familias. Pero al hacerlo (al recuperar el control sobre su propia producción, al responder a incentivos directos, al intercambiar libremente) desencadenaron una revolución económica que transformó a la nación más poblada del planeta.

Deng Xiaoping lo resumió con su famosa frase: «Gato negro, gato blanco, qué importa de qué color sea el gato mientras atrape ratones»50. Detrás de ese pragmatismo aparente se esconde una verdad profunda: lo que funciona en economía no es el plan del burócrata, sino la acción libre del individuo en el mercado.

Los límites actuales: donde el socialismo persiste, los problemas continúan

Es fundamental señalar que China no se convirtió en un país capitalista pleno. El Partido Comunista sigue en el poder. Los derechos de propiedad son precarios. El sistema financiero está distorsionado por la represión financiera estatal. Las empresas estatales consumen recursos de manera ineficiente. La libertad de expresión y la libertad política son inexistentes. El sistema hukou restringe la movilidad laboral. Y bajo Xi Jinping, la tendencia ha sido hacia más intervención estatal, no menos.

Los problemas actuales de la economía china reflejan exactamente los límites de las reformas: la burbuja inmobiliaria, alimentada por décadas de crédito estatal subsidiado y especulación con tierras controladas por gobiernos locales; la sobreacumulación de deuda; la ineficiencia crónica de las empresas estatales; la desaceleración del crecimiento a medida que los rendimientos decrecientes de la inversión masiva empiezan a manifestarse. Cada uno de estos problemas tiene su raíz en la intervención estatal, no en el mercado.

China se encuentra hoy en una encrucijada. Si continúa liberalizando su economía, protegiendo los derechos de propiedad y reduciendo la interferencia estatal, tiene el potencial de seguir creciendo y generando prosperidad. Si, por el contrario, retrocede hacia un mayor control estatal (como sugieren las señales bajo Xi Jinping), correrá el riesgo de estancarse o incluso retroceder, replicando el patrón de otros países que alcanzaron niveles medios de ingreso pero no lograron dar el salto final (la «trampa del ingreso medio»)51.


Conclusión: la lección que no debemos olvidar

La historia económica de China en el siglo XX es, en última instancia, una parábola moral y económica de alcance universal. No hace falta ser economista ni filósofo político para entender su mensaje central. Es tan simple como brutalmente evidente:

Treinta años de socialismo (1949-1978) produjeron hambrunas, destrucción del capital humano, estancamiento económico y la muerte de decenas de millones de personas. Treinta años de reformas de mercado (1978-2008) produjeron la mayor reducción de pobreza de la historia, un aumento sin precedentes del nivel de vida y la transformación de un país atrasado en una potencia económica mundial.

No fueron los planificadores centrales los que sacaron a 800 millones de personas de la pobreza. Fueron millones de individuos que, cuando se les devolvió aunque sea parcialmente la libertad de trabajar, producir, comerciar y emprender, hicieron lo que los seres humanos hacen naturalmente cuando se los deja en paz: crearon riqueza.

El capitalismo no necesitó ser perfecto para salvar a China. Bastó con que fuera posible. Bastó con que, en un rincón del gigante asiático, dieciocho campesinos hambrientos firmaran un papel en secreto y decidieran cultivar su propia tierra. Esa fue la chispa que encendió la transformación más extraordinaria de la historia económica moderna.

Y si alguien todavía insiste en atribuir el mérito al socialismo, solo tiene que responder una pregunta: si el socialismo fue tan bueno para China, ¿por qué fue necesario abandonarlo para que los chinos dejaran de morirse de hambre?

  1. Lao Tse, Tao Te Ching, capítulo 60. La cita se atribuye tradicionalmente a Lao Tse y fue invocada en el contexto del debate sobre gobernanza mínima en la tradición filosófica china. ↩︎
  2. Ludwig von Mises, «Die Wirtschaftsrechnung im sozialistischen Gemeinwesen» (El cálculo económico en la comunidad socialista), 1920. Publicado en el Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik. Posteriormente expandido en Die Gemeinwirtschaft (El Socialismo), 1922, y en Human Action, 1949, cap. XXVI. ↩︎
  3. Las estimaciones varían ampliamente según la fuente. La cifra de 15-55 millones es el rango recogido por la enciclopedia Britannica y por múltiples estudios demográficos. Ver: Frank Dikötter, Mao’s Great Famine: The History of China’s Most Devastating Catastrophe, 1958-1962 (2010); Yang Jisheng, Tombstone: The Great Chinese Famine, 1958-1962 (2008/2012); Vaclav Smil, «China’s great famine: 40 years later», British Medical Journal, 1999. ↩︎
  4. Cao Shuji, The Great Famine: China’s Population in 1959-1961 (2005). Citado en Gooch, E., «Estimating the Long-Term Impact of the Great Chinese Famine (1959-61) on Modern China», World Development, vol. 89 (2017). ↩︎
  5. Frank Dikötter, Mao’s Great Famine (2010). Dikötter estima 45 millones de muertos basándose en archivos provinciales chinos parcialmente desclasificados. ↩︎
  6. Vaclav Smil, «China’s great famine: 40 years later», British Medical Journal (BMJ), vol. 319, 1999. Publicado en PubMed Central (PMC). ↩︎
  7. Yang Jisheng, Tombstone (2008/2012). Yang documenta que en Henan, los informes inflados de producción causaron requisiciones excesivas de grano y hambruna local masiva, con cerca del 6% de la población fallecida en esa provincia ↩︎
  8. Dato referenciado en múltiples fuentes, incluyendo Alpha History, «The Great Chinese Famine» (2025), y Dikötter (2010). La Cruz Roja ofreció ayuda alimentaria que fue rechazada por Beijing. ↩︎
  9. Liu Shaoqi realizó una investigación de campo de 44 días en aldeas de Hunan en abril-mayo de 1961 y formuló la proporción «30% desastres naturales, 70% error humano» en la Conferencia de los Siete Mil Cuadros de enero de 1962. Ver: Wikipedia, «Great Chinese Famine»; Association for Asian Studies, «China’s Great Leap Forward» (2023). ↩︎
  10. Ludwig von Mises, Human Action: A Treatise on Economics, 1949, especialmente cap. XXVI, «The Impossibility of Economic Calculation Under Socialism». Ver también: Socialism: An Economic and Sociological Analysis (1922/1936). ↩︎
  11. Britannica, «Cultural Revolution». La producción industrial cayó un 12-13% en 1967-1968 respecto a los niveles de 1966. Ver también: EBSCO Research Starters, «Cultural Revolution Begins in China». ↩︎
  12. Explaining History, «The Cultural Revolution (1966–1976): An Overview» (2025). Aproximadamente 16 millones de jóvenes fueron enviados al campo durante el movimiento xiafang. ↩︎
  13. Wikipedia, «Economic history of China (1949-present)». En 1969, el Consejo de Estado aprobó la consolidación de la sede del Banco Popular de China como una oficina dentro del Ministerio de Finanzas, degradación que duró una década. ↩︎
  14. Friedrich A. Hayek, «The Use of Knowledge in Society», American Economic Review, vol. 35, nro. 4, septiembre de 1945. ↩︎
  15. Dato del Congressional Research Service (CRS), «China’s Economic Rise: History, Trends, Challenges, and Implications for the United States», Report RL33534 (actualizado en 2019). El PBI per cápita de China aumentó del 2,7% al 15,7% del PBI per cápita de EE.UU. entre 1978 y 2005. ↩︎
  16. Banco Mundial, datos de PovcalNet. La tasa de pobreza extrema (umbral de 1,90 USD/día en PPA de 2011) era del 88% en 1981. Ver también: Ravallion (2021); Brookings Institution, «What’s next for poverty reduction policies in China?» (2022). ↩︎
  17. Wikipedia, «Reform and opening up». La productividad total de los factores cayó un 13,2% durante 1957-1978, versus un aporte positivo del 40,1% al crecimiento del PBI en el período 1978-2005. ↩︎
  18. Martin Ravallion, «A historical perspective on China’s success against poverty», VoxEU/CEPR (2021). Ravallion compara la trayectoria de China con la de Corea del Sur y Taiwán como contrafactual. ↩︎
  19. China.org.cn, «The Xiaogang village story» (2018); FEE, «How Eighteen Hungry Farmers Beat Collectivism» (2025). De los 120 habitantes originales, 67 murieron de hambre durante el Gran Salto Adelante. En el condado de Fengyang, donde se ubica Xiaogang, una de cada cuatro personas pereció: 90.000 en total. ↩︎
  20. El texto del acuerdo secreto ha sido ampliamente reproducido. Ver: Cambridge Core, «Resolving Douglass C. North’s ‘puzzle’ concerning China’s Household Responsibility System» (2021); Human Progress, «Xiaogang: How a Village Went Forward While China Went Back» (2024). ↩︎
  21. China.org.cn, «The Xiaogang village story» (2018). La producción de grano aumentó a 90.000 kg en 1979, más de seis veces la del año previo. El ingreso per cápita saltó de 22 a 400 yuanes. ↩︎
  22. Frank Dikötter, charla en Asia Society Hong Kong sobre The Cultural Revolution: A People’s History, 1962-1976 (2016). Reportada por Asia Society. ↩︎
  23. El concepto de «orden espontáneo» fue desarrollado extensamente por Carl Menger en Untersuchungen über die Methode der Sozialwissenschaften (1883) y posteriormente por Hayek. Desde la tradición rothbardiana, el énfasis recae en la acción individual dentro de un marco de propiedad privada como generadora de coordinación social. Ver: Murray N. Rothbard, Man, Economy, and State (1962), cap. 1-2. ↩︎
  24. Deng Xiaoping insistió públicamente en que las reformas no eran capitalistas: «He expresado una y otra vez que nuestra modernización es socialista». Ver: Facts and Details, «Deng Xiaoping’s Early Economic Reforms». ↩︎
  25. Wikipedia, «Household responsibility system». Formalmente establecido en 1982, el sistema mantuvo la propiedad pública de la tierra pero transfirió la responsabilidad productiva a los hogares. ↩︎
  26. Vaclav Smil, «China’s great famine: 40 years later», BMJ (1999). Para 1984 se eliminó todo racionamiento de alimentos en las ciudades. ↩︎
  27. La «doble vía» de precios es un caso interesante de liberalización parcial analizable desde la perspectiva misiana. Al permitir precios de mercado en el margen, el sistema reintrodujo parcialmente la función de descubrimiento de precios que Mises identificó como esencial. Ver: Mises, Human Action, cap. XV, «The Market». ↩︎
  28. Wikipedia, «Economic history of China (1949-present)». El comercio exterior pasó de menos del 10% del ingreso nacional antes de las reformas al 35% en 1986. ↩︎
  29. Economics.Town, «Comparative Economic Performance of China: Pre and Post-Reform Periods Analysis» (2025). El sector privado creció de prácticamente cero a representar el 70% del PBI para 2005. ↩︎
  30. Las ZEE operaban con «políticas económicas más orientadas al libre mercado y medidas gubernamentales flexibles». Ver: Lumen Learning, «Deng Xiaoping and the Economic Reform»; Fiveable, «Shenzhen Special Economic Zone». ↩︎
  31. CGTN, «Shenzhen grows from a coastal fishing village into a global metropolis» (agosto 2025). PBI de 270 millones de yuanes en 1980 a 3,68 billones de yuanes en 2024. ↩︎
  32. CGTN, «Shenzhen: How China turned a fishing village into a global tech hub» (agosto 2024). Población de 332.900 en 1980 a 17,79 millones en 2023. ↩︎
  33. South China Morning Post / Investment Monitor, «How Shenzhen moved out of Hong Kong’s shadow» (2021). El PBI de Shenzhen superó al de Hong Kong en 2018. ↩︎
  34. World Economic Forum, «China’s 40-year history of economic transformation» (2025). La gira por el sur de 1992 señaló el compromiso renovado de Deng con las reformas de mercado, especialmente tras la crisis de 1989. ↩︎
  35. Wikipedia, «Reform and opening up». PBI de China: de 150.000 millones de dólares en 1978 a 18,74 billones en 2024 ↩︎
  36. Congressional Research Service (CRS), Report RL33534. El Banco Mundial calificó el crecimiento de China como «la expansión sostenida más rápida de una economía importante en la historia». Promedio de 9,5% anual entre 1979 y 2018. ↩︎
  37. Banco Mundial, comunicado de prensa, 1 de abril de 2022: «Over the past 40 years, China has lifted nearly 800 million people out of poverty, accounting for more than 75 percent of global poverty reduction.» ↩︎
  38. Brookings Institution / Banco Mundial, «What’s next for poverty reduction policies in China?» (2022). ↩︎
  39. Wikipedia, «Reform and opening up». Ingresos per cápita crecieron al 6,6% anual; salarios promedio se multiplicaron por seis entre 1978 y 2005; pobreza absoluta cayó del 41% al 5% entre 1978 y 2001. ↩︎
  40. Ibíd. Productividad total de los factores: -13,2% en el período 1957-1978 versus +40,1% de contribución al crecimiento del PBI en el período 1978-2005. ↩︎
  41. Economics.Town, «Comparative Economic Performance of China» (2025). Producción de acero: de 128,5 millones de toneladas en 2000 a 418,8 millones en 2006. ↩︎
  42. Ibíd. El empleo agrícola cayó del 70% del total en 1978 al 24% en 2020. ↩︎
  43. Banco Mundial, Four Decades of Poverty Reduction in China (2022). «Las reformas comenzaron en el sector agrícola, donde las personas pobres podían beneficiarse directamente de las mejoras en productividad asociadas con la introducción de incentivos de mercado.» ↩︎
  44. Banco Mundial / Brookings, «What’s next for poverty reduction policies in China?» (2022). ↩︎
  45. Wikipedia, «Reform and opening up». «El enfoque de abajo hacia arriba de las reformas promovido por Deng, en contraste con el enfoque de arriba hacia abajo de la Perestroika en la Unión Soviética, es considerado un factor importante que contribuyó al éxito de la transición económica de China.» ↩︎
  46. Este punto se inspira en la observación de Ravallion (2021) de que al evaluar el éxito post-reforma, no se puede ignorar el fracaso pre-reforma: «Cuando aplaudimos el éxito post-reforma, no podemos ignorar el fracaso pre-reforma.» ↩︎
  47. Ravallion, «A historical perspective on China’s success against poverty», VoxEU/CEPR (2021). ↩︎
  48. «China’s capitalist reforms are said to have moved 800 million out of extreme poverty – new data suggests the opposite», The Conversation (2024). Los autores proponen una medición alternativa basada en el costo de necesidades básicas. ↩︎
  49. Para una exposición completa del argumento del cálculo económico aplicado al caso chino, ver: Peter J. Boettke, Calculation and Coordination: Essays on Socialism and Transitional Political Economy (2001). ↩︎
  50. Atribuida a Deng Xiaoping. Citada en: CRS Report RL33534; múltiples fuentes históricas. La frase original en chino es: «不管黑猫白猫,捉到老鼠就是好猫». ↩︎
  51. La «trampa del ingreso medio» es el fenómeno por el cual países que alcanzan un nivel intermedio de desarrollo experimentan una desaceleración abrupta del crecimiento al no poder transitar desde un modelo basado en mano de obra barata hacia uno basado en innovación. Ver: CRS Report RL33534. ↩︎

Miguel Hernández

Miguel Hernández

Analista económico especializado en teoría monetaria, mercados financieros y política económica. Mi trabajo ha sido referenciado por medios como Revista Marca, Centro Urbano, Escenario Mundial, y Visión Liberal. Orador TEDx (2018). Estudiante de Marketing por la Universidad de Palermo, premio al Mejor Proyecto en Publicidad (2024). Actualmente desarrollo Atlas HQ (atlashq.us).

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