Javier Milei se autopercibe como anarcocapitalista con base en la Escuela Austríaca de economía (eso dice). Dice admirar a Rothbard y a Hoppe. Se declara enemigo jurado del Estado. Y sin embargo, cuando vemos su política económica, es lo opuesto.
El marco teórico que Milei dice profesar
Ludwig von Mises demostró en su Theorie des Geldes und der Umlaufsmittel (1912) que los medios fiduciarios, es decir, los sustitutos monetarios emitidos sin respaldo en bienes presentes, son la causa fundamental de los ciclos económicos. La distinción misesiana entre Geldzertifikate (certificados de dinero, plenamente respaldados) y Umlaufsmittel (medios fiduciarios, emitidos en exceso de las reservas) es la clave analítica que la mayoría de los comentaristas, incluidos quienes se dicen austríacos, ignoran al evaluar la política monetaria de esta administración.
Rothbard, en Man, Economy, and State y en The Mystery of Banking, llevó estas categorías a sus conclusiones lógicas. El sistema de reserva fraccionaria es inherentemente inflacionario porque permite a los bancos comerciales crear medios fiduciarios: por cada peso depositado, el banco retiene solo una fracción como reserva y presta el resto, generando un segundo título de propiedad sobre el mismo recurso real. El depositante cree tener su dinero disponible. El prestatario lo recibe como fondos nuevos. La economía opera, momentáneamente, como si existieran más recursos reales de los que efectivamente existen.
Hoppe, en The Economics and Ethics of Private Property, fue más allá al demostrar que la reserva fraccionaria no es solo económicamente distorsiva sino éticamente fraudulenta, porque implica la emisión de títulos de propiedad duplicados sobre el mismo bien, una violación del derecho de propiedad que ningún «contrato» bancario puede legitimar. Jesús Huerta de Soto, en Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos, sistematizó la posición, el único sistema bancario compatible con los principios jurídicos y económicos del libre mercado es el de coeficiente de caja del 100% para depósitos a la vista. Cualquier desviación introduce distorsiones intertemporales en la estructura productiva.
Este es el aparato analítico que Milei dice conocer. Lo que sigue es la confrontación entre ese aparato y las acciones concretas de su administración.
La herencia monetaria y el rescate bancario
Cuando Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023, el BCRA mantenía obligaciones con los bancos comerciales a través de instrumentos de corto plazo, fundamentalmente LELIQs y pases pasivos, que generaban intereses diarios, semanales y mensuales. El stock de estos pasivos remunerados ascendía a aproximadamente $24 billones, equivalentes a unos $58 billones a valores de 2025, representando cerca del 13% del PBI y generando intereses anuales equivalentes al 10% del PBI.
La narrativa oficial presentó estos pasivos como una bomba de tiempo inminente e incontrolable. La pregunta que omitieron fue la más importante: ¿por qué los bancos provocarían deliberadamente una hiperinflación que destruiría el valor real de sus propios activos denominados en pesos? Los bancos tenían todos los incentivos para acompañar una transición ordenada. La tesis de la bomba fue una construcción retórica para justificar la operación de rescate que efectivamente se ejecutó.
Lo que la administración Milei hizo no fue desmantelar el banco central. Fue rescatar al sistema bancario con planificación centralizada de manual, en tres fases.
Primera fase: la migración y la licuación (diciembre 2023 a julio 2024). Los bancos migraron de LELIQs a pases pasivos a un día. Para el 11 de enero de 2024, el stock de LELIQs llegó a cero. Con una inflación mensual del 25,5% en diciembre de 2023 contra una tasa efectiva mensual del 8,3% en los pases, la licuación real fue enorme. Los bancos perdieron poder adquisitivo en términos reales, pero el gobierno les garantizó la transición hacia los nuevos instrumentos, manteniendo la liquidez del sistema y evitando cualquier quiebra. Esto fue un impuesto inflacionario selectivo: el gobierno transfirió riqueza real de los depositantes hacia el Tesoro, mientras aseguraba a los bancos que sus balances serían protegidos en la siguiente fase.
Segunda fase: la transferencia al Tesoro (julio 2024). El 13 de julio de 2024, Milei anunció desde Sun Valley, Idaho, lo que denominó «emisión cero». El DNU 602/2024 creó las LEFIs (Letras Fiscales de Liquidez), instrumentos emitidos por el Tesoro Nacional que reemplazaron a los pases pasivos del BCRA. Los pasivos remunerados del BCRA no desaparecieron, simplemente cambiaron de denominación y de ventanilla. Lo que antes era un pasivo del banco central con los bancos comerciales se convirtió en un pasivo del Tesoro con los mismos bancos. La emisión cero del BCRA fue posible porque la emisión se trasladó al Tesoro. La deuda no se eliminó, se reclasificó. El pasivo monetario se transformó en pasivo fiscal, trasladando la carga de los contribuyentes presentes a los contribuyentes futuros, exactamente el mecanismo que Rothbard describió como la esencia de la deuda pública.
Tercera fase: la remonetización y las bandas cambiarias (abril 2025 en adelante). Con la implementación del régimen de bandas, las compras del BCRA en el piso dejaron de esterilizarse. Cuando el dólar cotiza cerca del piso, el BCRA compra divisas emitiendo pesos. Esos pesos ingresan al sistema sin que se retire liquidez equivalente. Es remonetización pura, expansión de la base monetaria sin contrapartida de ahorro voluntario ni de aumento genuino en la demanda de dinero. En julio de 2025, las LEFIs fueron eliminadas, el BCRA recompró $15,5 billones de los bancos y los canjeó al Tesoro por LECAPs y BONCAPs. Otra ronda de canje, otra ronda de protección al sistema bancario.
El patrón es inconfundible, cada vez que un instrumento se agota o genera problemas, la administración diseña uno nuevo para sustituirlo, manteniendo intacto el subsidio implícito a la intermediación financiera.
La emisión récord
Los datos del propio BCRA revelan la magnitud de la expansión monetaria. Las tasas de crecimiento de los agregados monetarios en 2024 fueron: M0 209%, M1 133%, M2 93%, M3 123%. Saifedean Ammous hizo la comparación pertinente: durante el cuatrienio 2020-2023, período en que la Argentina se consolidó como uno de los casos más disfuncionales de moneda fiduciaria del mundo, las tasas compuestas anuales fueron M0 50%, M1 77%, M2 90%, M3 86%. El primer año de Milei cuadruplicó la expansión de la base monetaria respecto del promedio peronista.
La base monetaria se cuadruplicó desde la asunción hasta julio de 2025. El M3 pasó de aproximadamente $20 billones a principios de 2024 a más de $160 billones a fines de 2025. La divergencia creciente entre M3 y M0 refleja la expansión del crédito bancario por encima de la base, evidencia directa de creación de medios fiduciarios a través del multiplicador.
¿Cómo es posible que la inflación de precios al consumidor muestre una tendencia descendente mientras la base monetaria se cuadruplica? La respuesta exige distinguir entre tres conceptos que la discusión pública confunde permanentemente.
Primero, inflación monetaria versus inflación de precios. La inflación, en sentido estricto, es la expansión de la oferta monetaria. Los índices de precios al consumidor registran uno de sus efectos, la suba del nivel general de precios, pero con rezagos variables, con distribución desigual entre sectores, y filtrado por cambios simultáneos en la demanda de dinero. Que el IPC desacelere no significa que la inflación monetaria haya cesado. Significa que los nuevos pesos aún no se transmitieron plenamente al sistema de precios. Mises fue categórico en La Acción Humana, no existe relación mecánica ni proporcional entre la cantidad de dinero y el nivel de precios; los efectos dependen de dónde ingresan los nuevos pesos al sistema y de la secuencia temporal de su distribución.
Segundo, el ancla cambiaria. El crawling peg funcionó como un ancla nominal de expectativas. Al fijar la tasa de depreciación del peso frente al dólar, el gobierno ancla los precios de los bienes transables y, por contagio, modera la expectativa inflacionaria general. Pero este mecanismo tiene un costo, la apreciación real del peso. La moneda se encarece en términos de su poder adquisitivo de bienes extranjeros, lo que reduce la competitividad de la producción doméstica y abarata las importaciones. El resultado es un deterioro progresivo de la balanza comercial, presión sobre las reservas y destrucción del aparato productivo transable. El ancla cambiaria no elimina la inflación, la reprime temporalmente y la convierte en déficit externo y desindustrialización.
Tercero, la recesión. La caída de la actividad reduce la velocidad de circulación del dinero y la demanda de crédito, moderando la presión sobre los precios. Pero la desaceleración inflacionaria lograda mediante recesión no es un logro de política económica, es el efecto secundario de la destrucción de riqueza real. Es como celebrar la caída de la fiebre de un paciente al que se le cortó la circulación sanguínea.
La tasa de interés
La tasa de interés de mercado, como enseñó Eugen von Böhm-Bawerk y sistematizó Mises, es un precio intertemporal: refleja la proporción en que los agentes económicos descuentan bienes futuros respecto de bienes presentes. Cuando los individuos ahorran voluntariamente, liberan recursos reales del sector de bienes de consumo hacia etapas más intensivas en capital. La tasa baja porque hay genuinamente más recursos disponibles para inversión de largo plazo. La señal de precios es verdadera.
Cuando un banco central manipula la tasa de interés, reduciéndola por debajo de su nivel de equilibrio intertemporal mediante expansión crediticia, la señal es falsa. Los empresarios interpretan la tasa baja como evidencia de ahorro abundante e inician proyectos de inversión a largo plazo. Pero los consumidores no redujeron su consumo, siguen demandando bienes presentes al mismo ritmo. La competencia por recursos escasos entre el sector de bienes de consumo y los nuevos proyectos de inversión se intensifica hasta que los proyectos se revelan insostenibles. La crisis no es un accidente sino que es la corrección necesaria de la distorsión introducida por la manipulación crediticia.
La administración Milei ejecutó nueve recortes de la tasa de política monetaria en catorce meses: de 133% TNA heredada, la tasa descendió sucesivamente a 100%, 80%, 70%, 60%, 50%, 40%, 35%, 32% y 29%. Ciento cuatro puntos porcentuales de reducción decididos unilateralmente por una autoridad monetaria central. Esto es planificación central del precio más importante de toda la economía. Es exactamente el mecanismo que Mises y Rothbard identificaron como el detonante de los ciclos económicos. Y lo ejecuta un gobierno que dice seguir a Mises.
El ciclo crediticio en tiempo real
La teoría austríaca del ciclo económico no es una abstracción, genera predicciones verificables. Si la expansión crediticia artificial produce malinvestment, debemos observar un auge crediticio seguido de morosidad creciente, concentración de la inversión en sectores cercanos al consumo financiados con crédito barato, y posterior liquidación cuando las tasas se ajustan. Los datos de la Argentina bajo Milei confirman esta secuencia con exactitud de manual.
El auge (2024 a mediados de 2025). Entre 2024 y mediados de 2025, el crédito al consumo creció un 130% en términos reales. Los préstamos personales se expandieron a tasas enormes. Las fintech y entidades no bancarias compitieron agresivamente por colocar crédito, reduciendo estándares de calificación. Se financió a personas que bajo tasas genuinas de mercado no habrían calificado como sujetos de crédito. Es la extensión del crédito por encima del ahorro voluntario.
La morosidad récord (segundo semestre de 2025 en adelante). Cuando las tasas subieron en julio de 2025, toda la cartera edificada sobre crédito artificialmente barato comenzó a deteriorarse. La morosidad en hogares alcanzó el 10,6% en enero de 2026, el registro más alto en veinte años. Los préstamos personales presentan una mora del 13,2%, desde 3,5% en enero de 2025. Las tarjetas de crédito pasaron del 2% al 11% en el mismo período. Las fintech se acercan al 25%. Los juicios ejecutivos por cobro crecieron un 54% interanual.
La liquidación. Ante la morosidad récord, los bancos endurecieron las condiciones: elevaron tasas, acortaron plazos, redujeron límites de tarjetas y aplicaron scoring más restrictivo. En febrero de 2026, los préstamos al sector privado crecieron apenas un 0,2%. El crédito al consumo cayó, préstamos personales -0,2%, tarjetas -0,9%. La economía se encuentra en la fase de liquidación que la TACE predice.
La reducción de encajes
La respuesta del gobierno ante esta contracción crediticia es paradigmática del intervencionismo que Mises describió en su Kritik des Interventionismus: cada intervención genera consecuencias no deseadas que el gobierno intenta corregir con nuevas intervenciones, en una espiral que solo se resuelve con el abandono total del intervencionismo o con la planificación total.
En marzo de 2026, el BCRA anunció que no prorrogaría el incremento transitorio de cinco puntos porcentuales de encajes en bonos vigente desde agosto de 2025. A partir del 1.º de abril de 2026, los encajes sobre depósitos a la vista descienden del 50% al 45%.
Para comprender la magnitud, hay que detenerse en la mecánica del multiplicador. Con un encaje del 50%, el multiplicador teórico es 1/0,50 = 2: cada peso depositado puede generar hasta $2 en crédito. Con un encaje del 45%, sube a 1/0,45 = 2,22. Esa diferencia, ese 11% adicional de capacidad crediticia, no proviene de producción nueva, ni de ahorro voluntario, ni de decisión alguna de un agente económico de postergar consumo presente. Es creación pura de Umlaufsmittel: medios fiduciarios sin respaldo en bienes reales.
Cuando un banco retiene solo el 45% de un depósito como reserva y presta el 55% restante, el depositante original mantiene un derecho sobre el 100% de su depósito (puede retirarlo en cualquier momento), mientras el prestatario recibe fondos que cree genuinamente disponibles. Dos agentes económicos tienen derechos simultáneos sobre el mismo recurso real. Como Hoppe demostró, esto no es un servicio financiero, es la emisión de títulos de propiedad fraudulentos que distorsionan el cálculo económico de toda la sociedad.
Los bancos argentinos no son intermediarios de ahorro privado, son canalizadores de liquidez estatal. La reducción de encajes no libera ahorro genuino para inversión productiva; libera capacidad para que los bancos compren más deuda del Tesoro o expandan crédito sin respaldo en ahorro real. Y esto es exactamente lo que ocurrió. Los $2,5 billones liberados por la reducción fueron absorbidos por el Tesoro en su última licitación de deuda en pesos, que registró un rollover del 138%. Los bancos, ante la morosidad récord del crédito al consumo, prefirieron comprar bonos soberanos antes que prestar a familias sobreendeudadas. La «remonetización» fue financiamiento fiscal con otro nombre, exactamente el mecanismo que Rothbard describió como la esencia del banking cartel.
El tipo de cambio
El régimen cambiario bajo Milei transitó tres etapas, cada una incompatible con los principios de libre mercado.
El crawling peg (diciembre 2023 a abril 2025). Tras la devaluación del 118% en diciembre de 2023, el gobierno fijó una tasa de depreciación mensual preanunciada del 2%, luego reducida al 1%. Es un precio administrado, el gobierno determina arbitrariamente la tasa a la que el peso pierde valor frente al dólar, sustituyendo la función del mercado cambiario. La apreciación real anuló, según estimaciones de mercado, el 97% de la mejora competitiva de la devaluación inicial.
Las bandas cambiarias (abril 2025 en adelante). El gobierno reemplazó el crawling peg por un régimen de flotación dentro de bandas. Pero el BCRA interviene activamente: cuando el dólar se acerca al piso, compra divisas emitiendo pesos. Desde enero de 2026, el BCRA acumuló más de USD 4.000 millones en compras de divisas, el 40% de la meta anual, cada una de las cuales implicó emisión de pesos. Caputo admitió que sin las compras del BCRA el dólar descendería a niveles que el gobierno considera inconvenientes. Es decir, el gobierno interviene para evitar que el mercado fije el precio que el mercado quiere fijar. Esto no es libre mercado, es manipulación cambiaria.
La esterilización selectiva. Los pesos emitidos por la compra de dólares son parcialmente absorbidos por el Tesoro, que emite deuda en pesos. El circuito es: el BCRA compra dólares → emite pesos → el Tesoro emite deuda → los bancos compran deuda → los pesos regresan al Tesoro. El resultado neto es un aumento de la deuda pública en pesos para sostener un tipo de cambio que el mercado no convalida. En agosto de 2025, el gobierno subió encajes para frenar una corrida cambiaria y estranguló el crédito. En abril de 2026, los baja para «reactivar» y presionará la inflación. Cada distorsión exige la siguiente.
La destrucción de la estructura productiva
Hayek, en Prices and Production, ilustró cómo la expansión crediticia artificial alarga la estructura productiva, iniciando proyectos en etapas alejadas del consumo que no pueden completarse por falta de ahorro real. Bajo Milei, la distorsión adoptó una forma peculiar: no fue alargamiento, sino acortamiento destructivo. La apreciación real del peso, combinada con la apertura importadora y los altos costos domésticos en dólares, destruyó la rentabilidad de la producción industrial transable.
Los datos son concluyentes. La producción industrial cayó un 3,2% interanual en enero de 2026. Diez de las dieciséis divisiones manufactureras registraron caídas. Las más pronunciadas: vehículos automotores y autopartes -25,7%, textiles -23,9%, otros equipos e instrumentos -22,1%, prendas de vestir, cuero y calzado -20,6%, maquinaria y equipo -20,2%. El sector automotriz opera al 24% de su capacidad instalada. La industria manufacturera en general opera al 53,6% en enero de 2026, el registro más bajo desde que existen datos.
El Monitor de Desempeño Industrial de la UIA se ubicó en 36,5 puntos en enero de 2026, muy por debajo de los 50 puntos que marcan el límite entre expansión y contracción, acumulando quince mediciones consecutivas en zona contractiva. El 53,3% de las empresas registró caída en producción. El 54,7% reportó caídas en ventas internas, el tercer valor más alto de toda la serie histórica.
Las PYMES soportaron el impacto más severo. La UIA informó caídas acumuladas de producción del -4,1% y de empleo del -4,6% en el tercer trimestre de 2025. Un 81% de las PYMES reporta presión de costos y el 37% perdió participación en el mercado interno frente a la competencia importada. Casi 10.000 PYMES se perdieron en 2024, con más de 217.000 empleos destruidos. Se perdieron 65.600 empleos industriales entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025. Más de 16.000 PYMES cerraron desde el inicio de la gestión.
El proceso que se ve no es desindustrialización cíclica, es transformación regresiva del tejido productivo. Un número creciente de firmas abandona la producción local para reconvertirse en importadores o distribuidores de bienes finales. La estructura productiva no se está reordenando hacia mayor eficiencia: se está desmantelando.
Mientras tanto, el sector de mayor crecimiento en 2025 fue la intermediación financiera, con un 24,5%. Los bancos, los especuladores del carry trade y los tenedores de bonos soberanos capturan la renta de la apreciación del peso y de las tasas reales positivas. La Argentina de Milei es una economía en la que el sector financiero crece mientras el sector productivo se contrae: la redistribución de riqueza desde los productivos hacia los improductivos que es la esencia de toda política monetaria inflacionaria.
El carry trade
La ingeniería monetaria de Milei convirtió a la Argentina en un paraíso del carry trade: tomar deuda en dólares a tasas internacionales, colocar en pesos argentinos a tasas reales significativamente superiores, y cobrar la diferencia mientras el régimen cambiario administrado mantiene artificialmente estable el tipo de cambio.
El negocio es rentable mientras duren tres condiciones: (1) que la tasa en pesos supere la tasa de devaluación esperada, (2) que el gobierno sostenga el ancla cambiaria, y (3) que no se produzca un evento de crédito soberano. Las tres dependen de decisiones políticas, no de fundamentos económicos. El carry trade no es inversión productiva: es especulación sobre la capacidad del gobierno de sostener un precio administrado. Es una apuesta contra la realidad, subsidiada con recursos de los contribuyentes.
La consecuencia más visible es el turismo emisivo. La apreciación del peso encareció la Argentina en dólares hasta el punto de que los argentinos gastaron más dinero en el exterior que los extranjeros en la Argentina durante 2024. El salario medido en dólares al cambio oficial parece elevado, pero el poder adquisitivo doméstico real sigue deteriorado. La divergencia entre «salario en dólares» y «salario real doméstico» es precisamente la evidencia de la distorsión de precios relativos que introduce la apreciación cambiaria artificial. El salario público cayó un 33% en términos reales. El salario mínimo perdió un 32% acumulado.
La teoría del respaldo
Cuando Hans-Hermann Hoppe criticó a Milei en el Property and Freedom Society, en septiembre de 2024, por no haber cerrado el BCRA el primer día de su mandato, Milei respondió que hacerlo habría causado hiperinflación, porque los pesos en circulación habrían quedado «sin respaldo». El argumento se fundamenta en la teoría del respaldo de la moneda, una variante de la Real Bills Doctrine. Según esta posición, los pesos son pasivos del BCRA y su valor depende de los activos que los respaldan en el balance del banco central.
Esta doctrina fue refutada por los economistas austríacos desde la primera generación. Mises demostró en La Acción Humana que el valor de una moneda fiduciaria no depende de los activos contables del banco central emisor, sino de la demanda de dinero por parte de los agentes económicos, demanda que se origina en las expectativas sobre el poder adquisitivo futuro de la moneda, basadas a su vez en la experiencia pasada (el teorema de la regresión).
El peso argentino no carece de valor porque el BCRA tenga activos de mala calidad en su balance. Carece de valor relativo frente al dólar porque generaciones de argentinos aprendieron, por experiencia directa y repetida, que el peso pierde poder adquisitivo a tasas que hacen insensato mantener ahorros denominados en esa moneda. La demanda de dólares no es un capricho cultural, es la respuesta racional de millones de personas ante décadas de expropiación monetaria.
Kristoffer Hansen, Fellow del Mises Institute, fue directo, Milei no es un austríaco, y que haya recurrido a los insultos y a teorías refutadas en respuesta a la crítica serena de Hoppe sugiere que tampoco destaca como economista. Ammous agregó una observación importante que vale la pena mencionar, la implicancia de que Hoppe no entiende de economía porque es un académico, mientras que Milei sería un «líder del mundo real que logra resultados prácticos», no resiste el análisis. Cualquiera podría lograr resultados macroeconómicos superficialmente satisfactorios si pudiera cargar al país con decenas de miles de millones de dólares en nueva deuda y duplicar la oferta monetaria en un año.
Las reservas
Las reservas brutas del BCRA pasaron de USD 21.208 millones al asumir Milei a USD 45.232 millones en febrero de 2026. La cifra suena impresionante en términos nominales. Pero las reservas netas, descontando encajes de depósitos en dólares, swaps de monedas, repos y obligaciones de corto plazo, permanecen en terreno negativo, aproximadamente -USD 9.856 millones según la metodología del FMI en febrero de 2026. Después de veintisiete meses de gestión, la Argentina sigue técnicamente sin reservas internacionales reales.
¿Cómo se sostiene este precario equilibrio? Con más deuda. En abril de 2025 se aprobó un nuevo programa de Facilidades Extendidas del FMI por USD 20.000 millones a 48 meses. El paquete financiero total incluye USD 6.100 millones del BID y el Banco Mundial, repos con bancos internacionales y la extensión del swap con China por aproximadamente USD 5.000 millones. En octubre de 2025, el Tesoro de Estados Unidos anunció un swap extraordinario de USD 20.000 millones. En total, el libertario Milei ha contraído más deuda con organismos multilaterales y potencias extranjeras que los kirchneristas.
La deuda pública bruta de la Administración Central cerró enero de 2026 en USD 460.934 millones, un incremento de más de USD 35.000 millones desde noviembre de 2023. El FMI se mantiene como el principal acreedor con USD 57.744 millones. Con veintiún acuerdos acumulados, la Argentina es el mayor deudor del Fondo en su historia. Los vencimientos en moneda extranjera para 2026 ascienden a USD 19.900 millones.
Ammous documentó además que Milei envió las últimas reservas de oro de la Argentina a Londres en busca de rendimiento financiero de corto plazo. Empeñar un activo monetario políticamente neutral, libre de riesgo de contraparte, a cambio de dólares rápidos para seguir pagando deuda y obtener otro préstamo del FMI, no inspira confianza. Las reservas de oro no superan las 61 toneladas, frente a las más de 1.000 que existían en la posguerra. Al desprenderse de las últimas reservas monetarias genuinas a cambio de liquidez de corto plazo, Milei completa el legado inflacionario de Perón hasta su conclusión lógica.
La dolarización
Milei prometió categóricamente durante la campaña: «Vamos a dolarizar la economía. Hoy es factible dolarizar». Al asumir, giró hacia el concepto de «competencia de monedas». En abril de 2024, admitió que no implementó su plan porque «era muy probable que la política hubiera acusado de algún negocio turbio y nos hubiera enviado a la cárcel». Para 2025, introdujo la noción de «dolarización endógena». Durante la campaña legislativa llegó a negar haber prometido dolarizar. Caputo lo descartó explícitamente tras el levantamiento parcial del cepo. En los mercados de predicción, la probabilidad de dolarización antes de junio de 2026 cotizaba en un 7%.
La «dolarización endógena» nunca podía funcionar, porque se basaba en la premisa de que una escasez de pesos forzaría a la economía a adoptar dólares espontáneamente. Esta premisa era insostenible desde el inicio, la emisión de pesos bajo Milei fue la más expansiva en décadas. Tal aumento de la oferta monetaria era intrínsecamente contradictorio con cualquier proyecto de escasez de pesos. La razón de fondo es que el gobierno necesita financiar sus actividades, y para eso necesita la máquina de imprimir, no abandonarla.
El espejismo del superávit fiscal
La administración Milei presentó el superávit fiscal como su logro más emblemático. El argumento requiere un análisis que trascienda la contabilidad superficial.
Los superávits ocurren cuando el gobierno recauda en impuestos más de lo que gasta. Pero dado que son fondos extraídos del sector privado mediante coacción, constituyen parte integral de la carga fiscal sobre la sociedad. El gobierno grava al público dos veces: primero se apropia de recursos del sector privado expandiendo la oferta monetaria (impuesto inflacionario), y luego grava con impuestos explícitos el ingreso nominal incrementado por la inflación previa.
Si los superávits se utilizan para pagar deudas del gobierno, no solo se agrega insulto a la injuria, porque las deudas también son cargas impuestas unilateralmente a los contribuyentes, sino que el efecto deflacionario que algunos atribuyen al superávit es inexistente. Y si se usan para redimir deudas en manos de bancos, el efecto no toma la forma de una contracción crediticia correctiva. De hecho, al mejorar los balances bancarios, puede facilitar una nueva ronda de expansión crediticia y crear más distorsiones.
Los superávits de Milei no se «queman», no desaparecen de la oferta monetaria. Son fondos desviados del sector productivo hacia actividades que no involucran gasto público visible: limpiar los balances del BCRA, honrar la deuda reestructurada, financiar operaciones del Tesoro. La respuesta correcta habría sido recortar impuestos. Pero Milei no recortó impuestos en términos generales, no devolvió ningún dinero a donde provino, ni destruyó dinero para reducir la oferta monetaria. Los superávits, en este contexto, permanecen inflacionarios.
Como Rothbard indicó, en nuestra era de déficits gubernamentales los conservadores prefieren el equilibrio presupuestario a la reducción de impuestos. Pero siendo la tributación un acto ilegítimo de agresión contra la propiedad privada, cualquier oposición a recortar impuestos es inadmisible. Los números del ajuste fiscal revelan las prioridades reales: el gasto primario cayó un 27,5% en términos reales en 2024, pero la distribución del ajuste es clara. Las jubilaciones absorbieron aproximadamente el 20% del recorte total (caída del 17,5% real); la obra pública el 15% (desplome del 78%); las transferencias a provincias el 17%. Las tarifas de servicios públicos sufrieron aumentos extraordinarios: electricidad +344%, gas +617%, agua +376%, transporte hasta +852%. Milei vetó la nueva fórmula de movilidad jubilatoria aprobada por el Congreso con más de dos tercios de los votos.
Milei equilibra el presupuesto con más tributación en lugar de más recortes de gasto. Aumentó impuestos existentes (combustibles, importaciones, dólar, PAIS del 7,5% al 17,5%), restauró la cuarta categoría del impuesto a las ganancias y financió el superávit con la transferencia de costos a los sectores más vulnerables. El ajuste recayó sobre jubilados, asalariados, PYMES y obras de infraestructura. No sobre la estructura del Estado ni sobre los beneficiarios del sistema financiero.
El RIGI
Si hay un punto en el cual la presunta agenda libertaria de Milei se demuestra como mercantilismo puro, es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, la columna vertebral de la Ley Bases.
¿Qué establece el RIGI? Estabilidad normativa garantizada por treinta años, una alícuota de Ganancias del 25% (frente al 35% del régimen general), retención del 7% sobre dividendos, exención de derechos de exportación a partir del tercer año, libre disponibilidad de divisas, importaciones libres de aranceles, y acceso irrestricto al mercado de cambios. ¿Para quiénes? Para inversiones desde USD 200 millones (USD 600 millones para petróleo offshore). Es decir, solamente para grandes corporaciones, en su mayoría multinacionales, que puedan poner sobre la mesa cifras inalcanzables para cualquier empresa nacional pequeña o mediana.
El gobierno que se proclama defensor del libre mercado y enemigo del Estado interventor crea, por ley, un régimen impositivo y cambiario diferencial que beneficia a un grupo cerrado de actores económicos mientras deja a las PYMES argentinas sometidas al régimen general, con presión tributaria mucho más alta, sin acceso a divisas en las mismas condiciones, con aranceles plenos sobre sus insumos importados, y sin garantía alguna de estabilidad normativa.
Esto no es libre mercado. Es mercantilismo de manual. Es exactamente lo que Rothbard denunció en Wall Street, Banks, and American Foreign Policy: el gobierno otorga privilegios diferenciales a un grupo de corporaciones a cambio de inversiones que considera estratégicas, mientras el resto del aparato productivo carga con la presión tributaria normal. La consecuencia inevitable es la cartelización de la economía: las grandes corporaciones se vuelven más grandes, las PYMES no pueden competir, y el resultado es una concentración estructural del capital favorecida directamente por el aparato estatal.
El verdadero libre mercado no implica privilegios diferenciales para nadie, implica la abolición de privilegios para todos. Si el régimen de Ganancias del 25% es defendible, debería aplicarse a toda la economía, no solamente a un puñado de corporaciones que pueden invertir USD 200 millones. Si la libre disponibilidad de divisas es justa, debería ser un derecho universal. Si la estabilidad normativa de treinta años es deseable, todos los argentinos merecen vivir bajo un orden jurídico estable.
A marzo de 2026, el RIGI ya había aprobado diez proyectos por más de USD 25.000 millones, con otros diecinueve en evaluación por USD 37.600 millones adicionales. Quince provincias adhirieron al régimen, compitiendo entre ellas para atraer inversores. Los proyectos más relevantes incluyen el oleoducto Vaca Muerta Sur (USD 2.486 millones), la planta de GNL de Southern Energy (USD 6.878 millones) y la mina de cobre Los Azules (USD 2.672 millones). Se trata, casi sin excepción, de proyectos extractivos vinculados al capital financiero internacional.
El RIGI es el símbolo perfecto del mileísmo económico, liberalización para los grandes, estatismo para los chicos. Apertura para las multinacionales, cepo y presión tributaria para las PYMES. Es la consagración legal del nexo Estado-corporación.
La mentira de los 10 millones de personas sacadas de la pobreza
Milei repite con insistencia una afirmación que se convirtió en eslogan central de su gestión, «sacamos a 10 millones de personas de la pobreza». Es un caso paradigmático de manipulación estadística al servicio del marketing político, algo totalmente esperable.
El indicador de pobreza utilizado por el INDEC no mide riqueza, ni bienestar, ni acumulación de capital, ni productividad. Mide algo mucho más limitado, la relación entre los ingresos declarados de un hogar y el costo estimado de una canasta básica. Si el ingreso del hogar no alcanza la Canasta Básica Total, el hogar es clasificado como pobre. Es un umbral binario, construido estadísticamente, no una medida real de prosperidad.
La pobreza estadística puede descender por múltiples vías que no implican mejora alguna del bienestar real. Alcanza con que los ingresos nominales suban, que la canasta suba más lentamente que los ingresos, o que los precios relativos se modifiquen de manera que la canasta se abarate respecto del ingreso medio. No hace falta que la economía real mejore, ni que la estructura productiva se fortalezca, ni que la acumulación de capital aumente.
Según el Nowcast de pobreza, la tasa alcanzó un pico del 52,9% en el primer semestre de 2024 (24,9 millones de personas, la primera vez por encima del 50% desde 2002). Para el semestre julio-diciembre de 2025, el mismo indicador estima una tasa del 29,7%. Efectivamente, la cifra descendió desde el pico. Pero ese pico fue en buena medida producido por la propia gestión: la devaluación del 118% en diciembre de 2023, la liberación de precios regulados con aumentos tarifarios de cientos por ciento, y la contracción del poder adquisitivo fueron las causas directas. Celebrar la reducción de la pobreza que vos mismo causaste es, como mínimo, intelectualmente deshonesto.
Para cualquier economista austríaco serio, la medición estadística del INDEC es un proxy extremadamente limitado, prácticamente inútil para analizar riqueza real, bienestar genuino o sostenibilidad del proceso productivo. No mide estructura de capital. No mide productividad. No mide acumulación. No mide la coordinación intertemporal de la producción. Confundir una variable nominal con bienestar real es un error que no debería sobrevivir al primer curso de teoría económica.
La deuda pública
Existe una distinción fundamental entre deuda privada y deuda pública. En la deuda privada, repudiar es privar al prestamista de su propiedad. Pero en la deuda pública, los gobiernos no empeñan sus propios activos sino los de los contribuyentes, y los acreedores saben perfectamente que el principal y los intereses serán pagados mediante la confiscación involuntaria de propiedad privada.
¿Por qué debería el gobierno exprimir más a los contribuyentes y destruir más capital privado para honrar deudas que ellos nunca consintieron? El argumento de que el repudio «arruinaría el crédito futuro» del Estado es precisamente uno de los mejores argumentos a su favor: bloquea un canal para la dilapidación del dinero de los contribuyentes. Arruinar la capacidad de endeudamiento público futuro es positivo desde una perspectiva de libre mercado.
Milei podría haber puesto fin a la revictimización de los contribuyentes con la deuda pública. En su lugar, celebró el superávit fiscal sin default como un logro histórico, se comprometió a honrar la deuda y rechazó cualquier cesación de pagos. Pero la deuda pública no es un contrato legítimo, y los derechos de propiedad de los acreedores del Estado se sostienen sobre la expropiación forzosa de los contribuyentes. El verdadero respeto por los contratos y la propiedad exige exactamente lo opuesto: repudiar la deuda y devolver al sector privado los recursos que el Estado le confisca para pagar a sus acreedores.
El default de la deuda externa y el cierre del banco central habrían provocado unos meses de ajuste, tras los cuales la economía se habría recuperado sobre terreno sólido, sin que existiera siquiera la posibilidad de que un gobierno pudiera crear inflación o gravar la población con deuda futura. Las monedas extranjeras y el bitcoin probablemente habrían dominado la economía resultante, y el Estado se habría visto estructuralmente limitado por la imposibilidad de imprimir dinero o endeudarse. Al elegir el camino opuesto, Milei sembró las semillas de las crisis monetarias en el futuro de la Argentina.
La magnitud de la contradicción
La política económica de Milei, evaluada con las herramientas analíticas que él mismo dice utilizar, presenta las siguientes características:
Expansión de la base monetaria: se cuadruplicó en menos de dos años. Las tasas de crecimiento de los agregados monetarios superaron las de la administración peronista anterior. Milei es, en los hechos medibles, el presidente más inflacionista de la Argentina en décadas recientes.
Planificación central de la tasa de interés: nueve recortes unilaterales que redujeron la tasa de política monetaria en 104 puntos porcentuales, generando exactamente la expansión crediticia artificial y el ciclo de malinvestment que la TACE describe.
Rescate bancario con fondos públicos: la conversión de pasivos del BCRA en deuda del Tesoro fue un rescate del sistema financiero ejecutado con planificación central, protegiendo a los bancos comerciales a expensas de los contribuyentes.
Manipulación cambiaria: primero mediante crawling peg, luego mediante bandas con intervención activa del BCRA. En ningún momento el tipo de cambio fue determinado libremente por el mercado.
Expansión del crédito sin ahorro: la reducción de encajes bancarios expande el multiplicador monetario sin aumento previo del ahorro voluntario, creando Umlaufsmittel que distorsionan la estructura intertemporal de la producción.
Destrucción de la estructura productiva: producción industrial en contracción sostenida, capacidad instalada en mínimos históricos, miles de PYMES cerradas, cientos de miles de empleos destruidos, mientras el sector financiero crece exponencialmente.
Acumulación de deuda: la deuda pública bruta creció en más de USD 35.000 millones desde la asunción, alcanzando USD 460.934 millones en enero de 2026.
Mercantilismo institucionalizado: el RIGI consagra por ley un régimen de privilegios diferenciales para grandes corporaciones, mientras las PYMES cargan con la presión tributaria normal.
Cada uno de estos puntos contradice frontalmente las enseñanzas de Mises, Rothbard y Hoppe. El conjunto configura una política económica que no solo no es austríaca: es la antítesis de lo que la Escuela Austríaca prescribe. Es monetarismo administrado con retórica austríaca. Es planificación central del precio del tiempo, del precio del peso y del precio del crédito, ejecutada por un gobierno que dice combatir la planificación central. Es el rescate del banking cartel presentado como liberación monetaria. Es el mercantilismo presentado como libre mercado.
Rothbard enterró políticamente a Reagan por menos. No hay razón principista alguna por la cual deba perdonarse a Milei lo que no se le perdonó a Reagan. La tarea del austríaco consecuente no es defender a un gobierno por su retórica, sino evaluarlo por sus actos. Y los actos, en el plano económico, son inequívocos.
