Cuatro meses y medio de gobierno vamos y nos alcanzan para un diagnóstico preliminar pero ya inequívoco desde una posición rothbardiana, el programa real de Javier Milei no se corresponde con el programa que el mismo anunció. Las instituciones coercitivas centrales del Estado argentino operan con normalidad. Solo cambió la retórica desde la cual se las administra.
El Banco Central sigue abierto
La promesa más identitaria de la campaña de Milei era el cierre del Banco Central y la dolarización de la economía. Nnguna de las dos cosas ocurrió ni tiene cronograma público. El BCRA opera con normalidad institucional, fija el tipo de cambio oficial mediante un crawling peg del 2% mensual, administra reservas y conserva todos sus instrumentos de política monetaria.
El cepo cambiario, que Milei denunció durante años como una negación directa del derecho de propiedad, sigue vigente. La brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos persiste como dato cotidiano para cualquier argentino que intente acceder libremente a sus propios recursos en divisas.
En términos misesianos esto no es un detalle operativo menor. El control de cambios es la negación administrativa del derecho de propiedad sobre el dinero propio. Milei lo heredó y lo mantiene.
El ajuste que no reduce el Estado
El primer acto económico del gobierno fue la devaluación del tipo de cambio oficial en aproximadamente 118% en diciembre de 2023. La consecuencia fue una aceleración inflacionaria que llevó el índice mensual al 25,5% en diciembre, 20,6% en enero, 13,2% en febrero y 11% en marzo. Abril está por confirmarse pero la tendencia descendente no cambia el análisis de fondo.
Esa inflación licuó en términos reales los salarios del sector público, las jubilaciones y las transferencias sociales. El superávit fiscal que el gobierno exhibe como trofeo es en parte el resultado de ese mecanismo, el Estado pagó menos en términos reales sin eliminar ninguna de sus funciones. Es el impuesto inflacionario, que Mises describió con hace un siglo, aplicado ahora por alguien que en campaña citaba a Mises en cada entrevista.
Un ajuste rothbardiano se mide por un criterio preciso: ¿el individuo tiene hoy más propiedad y más libertad respecto del aparato estatal que cuatro meses atrás? La respuesta, hasta ahora, es no. La presión tributaria efectiva no bajó. La AFIP opera con normalidad. El gasto corriente en burocracia central fue tocado marginalmente. Las agencias regulatorias del Estado argentino siguen funcionando.
El DNU 70/2023: desregulación en el papel, bloqueo en la realidad
El decreto de necesidad y urgencia firmado en diciembre contenía reformas presentadas como la mayor desregulación de la historia argentina. Hasta ahora ese decreto está judicialmente impugnado en múltiples frentes y su implementación práctica es parcial y disputada. El Senado lo rechazó en marzo en varios de sus capítulos.
Pero más allá de los problemas de implementación, la lectura del texto muestra algo importante: reorganizar y fusionar organismos estatales no es lo mismo que eliminarlos. El aparato regulatorio del Estado argentino, en sus funciones coercitivas esenciales, no se desmanteló.
El libertario negociando con el sistema
Estamos con la llamada «Ley Bases» (que tiene su nombre gracias a Alberdi) está en plena negociación parlamentaria. No está aprobada. Lo que el proceso revela es que Milei, que durante la campaña presentaba cualquier acuerdo con el establishment político como una traición, está negociando cuarto por cuarto con gobernadores peronistas, bloques radicales y senadores de todo el arco partidario para obtener los votos necesarios.
Eso no es una condena moral en sí misma. Es la confirmación de algo que Rothbard señalaba sobre cualquier intento de tomar el Estado desde adentro, el Estado no se reforma desde su interior, absorbe y adapta a quienes ingresan a administrarlo. La negociación de privilegios legislativos funciona igual con Milei que con cualquier otro.
La política exterior
El rechazo al ingreso a los BRICS, el alineamiento explícito con Israel en plena ofensiva militar sobre Gaza, los viajes a Washington en busca de respaldo político y financiero. Desde el no intervencionismo de la tradición Rothbard-Rockwell, esta política exterior es incoherente con cualquier libertarianismo serio.
Rothbard fue siempre categórico, la guerra es la salud del Estado, y respaldar operaciones militares estatales porque se trata de un Estado «aliado» u «occidental» es exactamente el error del conservadurismo intervencionista que el libertarianismo debe rechazar. El Estado de Israel, como cualquier Estado, financia sus operaciones militares mediante impuestos coercitivos y dirige sus fuerzas con el monopolio de la violencia (hasta se financia con impuestos coercitivos de otros paises). Aplaudirlo desde una posición supuestamente libertaria exige una inconsistencia teórica que Milei no parece advertir, o que eligió ignorar.
Mi veredicto
A cuatro meses y medio, el diagnóstico es el siguiente: el Banco Central no cerró, la dolarización no comenzó, el cepo persiste, la AFIP opera con normalidad, la presión tributaria no bajó, las agencias regulatorias no se eliminaron, y el ajuste real fue pagado principalmente por jubilados y asalariados públicos mediante la licuación inflacionaria.
Lo que Milei está haciendo es lo que la teoría política austríaca predice que hace cualquier actor cuando accede al control del aparato estatal, lo usa. La diferencia con sus antecesores es únicamente el lenguaje con el que justifica ese uso.
Esa es la distancia entre un libertario y un político que habla libertario.