En 1992, Murray Rothbard publicó Right-Wing Populism: A Strategy for the Paleo Movement y dinamitó a medio mundo intelectual del movimiento libertario. Era un programa de acción. Ocho puntos concretos, dirigidos a la clase trabajadora y a cualquier sector de la sociedad que el Estado hubiera saqueado. La propuesta era construir una coalición anti-élite capaz de desmantelar el aparato del poder.
Acá están los ocho puntos:
1. Reducción drástica del Estado
No una reforma gradual, Rothbard exigía recortes masivos e inmediatos del gasto gubernamental, cada dólar que el Estado gasta es un dólar arrancado por la fuerza al ciudadano productivo. La retórica del ajuste responsable era, para él, otra forma de perpetuar el saqueo con mejor prensa.
2. Eliminar el Estado de Bienestar
El welfare state no es filantropía, es un mecanismo de dependencia diseñado para comprar votos y destruir la autonomía de las comunidades naturales. Rothbard no pedía reformarlo, pedía directamente abolirlo. La caridad voluntaria y las instituciones civiles pueden y deben reemplazarlo, sin coacción.
3. Abolir la Reserva Federal
Este es el corazón del programa. El banco central es el instrumento principal del saqueo inflacionario, el mecanismo que transfiere riqueza desde los ahorristas y asalariados hacia el sistema financiero y el gobierno. Sin la Fed, el ciclo económico austriaco se interrumpe en su raíz. Rothbard no pedía independencia del banco central, pedía su eliminación.
4. Restituir el Orden y la Propiedad Privada
Rothbard decía que el crimen es una violación de la propiedad y la persona, y debe tratarse como tal. Las comunidades tienen el derecho legítimo de defenderse. Este punto conecta directamente con la teoría hoppiana de las comunidades de pacto y el derecho de exclusión, ninguna sociedad libre puede sobrevivir sin normas de conducta aplicadas localmente.
5. Revocación de los Privilegios del Estado para Minorías Organizadas
Rothbard cuestionaba el sistema de cuotas, la discriminación positiva y todos los programas que otorgan privilegios legales a grupos a expensas del individuo. La igualdad ante la ley, no la ingeniería social desde el Estado, cada privilegio otorgado por decreto es una violación del principio de propiedad y una fuente de resentimiento social legítimo.
6. Aislacionismo y No Intervencionismo en Política Exterior
El Imperio es el enemigo de la república, Rothbard decía que las guerras extranjeras sirven a los intereses de las élites financieras y militares, no a los ciudadanos que las pagan con impuestos y con sangre. Traer las tropas a casa, cerrar las bases militares en el exterior y desmantelar el complejo industrial-militar no era pacifismo, era coherencia.
7. Libertad de Asociación y de Expresión Sin Excepciones
Ninguna restricción estatal a lo que los ciudadanos pueden decir, escribir o con quién pueden asociarse. Este punto incluía explícitamente la defensa de expresiones y comunidades que el establishment progresista encontraba incómodas. Para Rothbard, la libertad que solo protege el discurso aceptable no es libertad, es teatro o show o como lo quieras llamar.
8. Oponer Resistencia al Imperio Cultural del Estado
El último punto era el más estratégico. Rothbard identificaba a las universidades, los medios y la burocracia cultural como los aparatos ideológicos del Estado ampliado. El populismo de derecha debía construir sus propias instituciones, sus propias redes de difusión, su propio sentido común. La batalla cultural no era secundaria: era la condición de posibilidad de todo lo demás.
Por qué importa hoy
Estos ocho puntos no son arqueología intelectual. Son el test que cualquier movimiento que se reclame libertario debería superar antes de merecer ese nombre. Cuando un político recorta el gasto pero preserva el banco central, cuando defiende el mercado pero financia guerras imperiales, cuando habla de libertad pero pacta con el establishment cultural, está fallando el test rothbardiano. No en uno o dos puntos: en todos los que importan.
El programa populista de Rothbard incomoda precisamente porque no deja escapatoria. No hay libertarismo a medias. No hay anarcocapitalismo «políticamente viable» que preserve los pilares del saqueo institucional. O se va contra el sistema en serio, o se es parte de él con otro nombre.
Haciendo este ejercicio con Milei, de ocho puntos, el gobierno argentino en sus primeros cuatro meses cumple con unos 2 o 3 parcialmente, y los incumplimientos más graves no son los más difíciles políticamente realmente, el no-intervencionismo exterior, por ejemplo, no requiere mayoría parlamentaria. Requiere voluntad política que claramente no está teniendo.
La pregunta no es si un político dice las palabras correctas. La pregunta es si sus acciones nos acercan o nos alejan de la libertad.