Javier Milei llegó al poder prometiendo dinamitar el Banco Central. Lo que hizo, en cambio, fue salvarle la vida.
El equipo económico
Empecemos por lo más elemental, que es también lo más revelador: ¿quiénes gobiernan la economía argentina?
Luis Toto Caputo, ministro de Economía, es un trader de carrera que se desempeñó en el JPMorgan, en Nueva York, y entre 1994 y 1998 fue jefe de Trading para América Latina, para después pasar al Deutsche Bank en un cargo equivalente. No es un economista de teoría; es un hombre de mercados financieros, de ingeniería de deuda, de arbitraje. Su visión del mundo es la de un operador de banca de inversión, no la de alguien que haya leído seriamente a Mises o a Rothbard. Milei decía ser austríaco y puso como ministro de economía alguien que apenas sabe quien es Mises.
Santiago Bausili, presidente del BCRA, es el socio histórico de Caputo. Bausili desarrolló su formación profesional en la banca internacional, donde trabajó 11 años para JP Morgan y 9 años para Deutsche Bank, viviendo 17 años en Nueva York trabajando para estas instituciones. Fue procesado judicialmente por haber favorecido, mientras ejercía funciones públicas durante el macrismo, a su exempleador el Deutsche Bank en la colocación de deuda pública. Estuvo imputado en una causa por haber contratado como colocador de bonos de deuda pública nacional al Deutsche Bank, banco en el que había trabajado antes de asumir en el Poder Ejecutivo. La Cámara Federal revocó su procesamiento horas antes de que fuera confirmado como titular del BCRA, detalle que en cualquier república normal generaría un escándalo, pero que en Argentina pasó casi inadvertido.
Ambos fundaron juntos la consultora Anker Latinoamérica (creada en octubre de 2020), desde donde asesoraron financieramente durante los años previos, y cerraron el emprendimiento el 30 de noviembre de 2023, una semana antes de asumir sus cargos actuales.
Y Caputo anunció la incorporación de José Luis Daza como Secretario de Política Económica, un economista que trabajó con Caputo tanto en JP Morgan como en Deutsche Bank. El círculo se cierra sobre sí mismo.
La operación de rescate del BCRA
El banco central es la institución más nociva que puede existir en una economía libre, porque es el mecanismo por el cual el Estado y la banca privada se cartelizan para redistribuir riqueza desde los tenedores de dinero hacia los primeros receptores del crédito inflacionario. La única respuesta legítima desde una perspectiva de economía política austríaca es la abolición, no el saneamiento.
¿Qué hizo Milei? Exactamente lo contrario. Tomó un BCRA en quiebra técnica con reservas netas negativas de casi 12.000 millones de dólares y lo rescató. El mecanismo central de ese rescate fue la operación con las Letras Fiscales de Liquidez, implementada el 22 de julio.
Hay que entender qué significa esto en términos concretos. Durante años, los bancos comerciales acumularon pasivos remunerados del BCRA, primero LEBACs, luego LELIQs, luego pases pasivos. Estos instrumentos son, en esencia, deuda del banco central con los bancos privados, que el Central pagaba emitiendo pesos. La bola de nieve cuasi-fiscal que todos mencionaban era en realidad una gigantesca deuda del Estado monetario con el sistema bancario privado.
El Directorio del Banco Central dispuso la suspensión de la operatoria de pases pasivos a partir del 22 de julio. De esta manera la autoridad monetaria elimina la llamada emisión endógena, es decir la impresión de billetes destinada a pagar los intereses de los pasivos remunerados.
¿Y quiénes eran los acreedores de esos pasivos remunerados que el BCRA ya no podía pagar sin emitir? Los bancos privados. ¿Qué hizo Milei? Los pasivos monetarios remunerados del Banco Central fueron canjeados por una Letra Fiscal de Liquidez (LeFi). Esa deuda estará en la Tesorería, que pagará los intereses. La deuda con los bancos no desapareció. Fue transferida al Tesoro, es decir, al contribuyente. La deuda que el banco central tenía con los banqueros ahora la tienen que pagar los argentinos de a pie a través del superávit fiscal.
Esto es un rescate bancario. No distinto en su esencia al TARP de 2008 en Estados Unidos o a cualquier otro mecanismo de socialización de pérdidas bancarias. Los bancos privados que acumularon estos instrumentos cuasi-fiscales a tasas astronómicas, financiando al Estado inflacionario kirchnerista, no sufrieron ninguna quita, ninguna pérdida, ninguna consecuencia. El ajuste lo absorbió el sector privado productivo vía devaluación inicial y el contribuyente futuro vía deuda del Tesoro.
Al igual que los pases y las LELIQs, la tasa de interés de las LeFi va a financiar el pago de intereses a los depósitos a plazo fijo y de las cuentas remuneradas. Los bancos siguen sin destinar los depósitos a préstamos al sector privado y los destinan en cambio a títulos públicos. El sistema bancario de reserva fraccionaria, sostenido por el privilegio estatal, sigue exactamente igual. Solo cambió el nombre del instrumento con el que se subsidia a los bancos.
La ilusión del saneamiento del BCRA
El gobierno celebra el saneamiento del balance del BCRA como si fuera una victoria ideológica. Pero desde la perspectiva de Huerta de Soto y la teoría del dinero y el crédito, lo que ocurrió no es un saneamiento sino una reconfiguración del privilegio. En cuanto a la situación del activo y el pasivo del BCRA, el informe muestra cómo evoluciona la composición de ambos con la finalidad de lograr el saneamiento de la entidad. Para lograr dichos objetivos se tomaron diversas medidas, entre ellas la suspensión de la operatoria de pases pasivos, remplazada por la Letra Fiscal de Liquidez (LeFi), emitida por el Tesoro.
El BCRA no fue cerrado. No fue vaciado de poder. Bausili sigue fijando la tasa de política monetaria, sigue regulando el crédito, sigue administrando el tipo de cambio con el crawling peg del 2% mensual, mantiene el cepo cambiario intacto. Un banco central que fija precios del dinero, administra el tipo de cambio y regula la liquidez bancaria no es una institución en proceso de extinción, es una institución con todo su poder intacto, simplemente con el balance un poco más prolijo.
La devaluación de diciembre pasado, que Milei se resiste a llamar devaluación, fue un sinceramiento del precio del dólar que sirvió para licuar en términos reales buena parte de la deuda en pesos con los sectores más vulnerables de la población: trabajadores, jubilados, ahorristas en pesos. El sector bancario, en cambio, tenía sus acreencias indexadas o en dólares. Una vez más, la inflación y la devaluación como mecanismo de redistribución regresiva. La inflación no es un fenómeno neutral, tiene víctimas y beneficiarios. Los beneficiarios son siempre los primeros receptores del dinero nuevo, el Estado y el sistema bancario.
El cepo como garantía de los bancos
Mientras exista cepo, los pesos de los argentinos no pueden escapar hacia el dólar libremente. Eso significa que los depósitos bancarios en pesos están capturados dentro del sistema. Los bancos pueden seguir ofreciendo tasas ridículas en términos reales porque el depositante no tiene adónde ir. La represión financiera, concepto acuñado en la literatura económica para describir exactamente esta situación, es una transferencia de riqueza desde los ahorristas hacia los bancos y el Estado.
Milei dijo en campaña que el cepo era una aberración moral. Ocho meses después, el cepo está intacto. La Fase 2 del programa, celebrada en julio, no incluyó ningún movimiento hacia la liberación cambiaria. Incluía, en cambio, la operación de transferencia de deuda a las LeFi descrita más arriba.
El FMI como socio silencioso
No puede completarse este análisis sin mencionar al Fondo Monetario Internacional, cuya sombra sobrevoló la campaña de Milei y que hoy es el principal acreedor y árbitro de la política económica argentina. El BCRA está incrementando las reservas monetarias endeudándose a largo plazo, cosa que mejora el indicador de reservas netas pero no mejora la posición real de reservas monetarias a largo plazo de Argentina.
Las reservas que el gobierno celebra son, en buena medida, deuda nueva. No son el producto de un ahorro genuino generado por la restricción al gasto y la liberación de fuerzas productivas. Son el resultado de endeudamiento con el exterior y de los BOPREAL emitidos para canjear deuda comercial. El FMI, cuya lógica institucional es exactamente la opuesta a cualquier principio austríaco, sigue siendo el garante de última instancia del programa.
Mises fue absolutamente categórico, no hay capitalismo genuino sin sound money, y no hay sound money con banca central. Lo que Milei ofrece no es capitalismo. Es la gestión más eficiente que ha tenido el Leviatán monetario argentino en mucho tiempo, administrada por hombres que conocen sus entrañas porque las construyeron desde JP Morgan y Deutsche Bank.
El fraude no está en los números del IPC, que efectivamente bajaron. El fraude está en llamar libertad a lo que es la continuidad del privilegio bancario, y en llamar revolución a lo que es, en el mejor de los casos, una racionalización técnica del mismo sistema de siempre.