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¿Qué significa Ceteris Paribus en Economía?

Ceteris Paribus

Ceteris paribus es una frase latina que generalmente significa “todo lo demás constante”

¿Qué significa realmente Ceteris Paribus?

Ceteris Paribus es una locución latina que significa literalmente “todo lo demás constante” o “siendo iguales las demás cosas”. Este término es fundamental en el análisis económico, ya que permite aislar el efecto de una sola variable en un sistema complejo, suponiendo que todas las demás permanecen sin cambios. En un mundo donde todas las variables interactúan entre sí, los economistas necesitan herramientas conceptuales que les permitan simplificar la realidad para entenderla mejor. Ceteris Paribus es una de las más importantes.

En la práctica, esta frase se utiliza en contextos analíticos para evaluar cómo el cambio en una variable (por ejemplo, el precio de un bien) afecta a otra (como la cantidad demandada), suponiendo que no hay alteraciones en el resto del entorno económico. Sin este supuesto, sería virtualmente imposible estudiar de forma ordenada las relaciones de causa y efecto en economía, dado el número casi infinito de factores que influyen en cualquier situación.

Por ejemplo, si decimos que “la demanda de pan disminuye cuando su precio sube, ceteris paribus”, estamos afirmando que la relación entre precio y demanda se cumple bajo la condición de que todos los demás factores —como el ingreso de los consumidores, el precio de bienes sustitutos o los gustos— se mantengan sin cambios.

Este principio tiene su origen en la tradición escolástica medieval, pero ha sido refinado y popularizado por economistas modernos. Su uso se ha extendido tanto que resulta indispensable en la elaboración de teorías, modelos y explicaciones económicas. De hecho, no hay análisis económico moderno que no recurra en algún punto al uso del ceteris paribus, de forma explícita o implícita.

Ceteris paribus es una herramienta metodológica imprescindible para comprender los mecanismos subyacentes de los fenómenos económicos. Nos permite simplificar sin distorsionar, abstraer sin perder la conexión con la realidad y, sobre todo, aprender cómo una cosa afecta a otra, paso a paso. Aunque es un supuesto idealizado, sin él sería casi imposible construir teorías que pudieran explicar algo útil sobre la realidad.

Entendiendo Ceteris Paribus

Para comprender plenamente la importancia de ceteris paribus en economía, es necesario detenernos en lo que implica asumir “todo lo demás constante”. Esta expresión puede parecer sencilla, pero encierra una de las herramientas más poderosas —y a la vez más controvertidas— del pensamiento económico.

En esencia, cuando utilizamos el principio de ceteris paribus, estamos construyendo un escenario mental donde solo una variable cambia, mientras todo lo demás permanece igual. Esta condición artificial permite estudiar con claridad la relación entre dos elementos. Por ejemplo, al decir que un aumento del salario mínimo puede generar desempleo ceteris paribus, el economista aísla el efecto del cambio en el salario mínimo sin tener que preocuparse, de momento, por factores como la inflación, la productividad o la intervención estatal.

Este tipo de razonamiento no es exclusivo de la economía. Se encuentra en muchas ciencias. La física, por ejemplo, también hace suposiciones similares: al estudiar la caída de un objeto en el vacío, se ignora la resistencia del aire. Lo mismo ocurre en química, biología e incluso en psicología experimental. Sin embargo, en economía la necesidad de esta herramienta es aún mayor porque el objeto de estudio —el ser humano actuando en sociedad— es mucho más impredecible, cambiante y sujeto a múltiples influencias.

El objetivo de este método no es ignorar la complejidad del mundo real, sino descomponerla. Es una forma de analizar por partes, como si desmontáramos un reloj para entender cómo funciona cada engranaje antes de volver a montarlo. Gracias a ceteris paribus, podemos construir teorías económicas, probar hipótesis y entender relaciones como la ley de la oferta y la demanda, el efecto de los impuestos o las consecuencias de la manipulación monetaria.

Sin embargo, también es crucial entender que esta herramienta tiene límites. No todas las relaciones económicas pueden analizarse de forma útil con ceteris paribus. En contextos dinámicos donde múltiples variables cambian simultáneamente (por ejemplo, durante una crisis financiera global), este principio puede ofrecer solo una aproximación muy limitada.

Por ejemplo, Huerta de Soto hace hincapié en que el uso correcto de ceteris paribus no implica distorsionar la realidad, sino abstraer elementos para comprenderla mejor. En sus escritos, especialmente los dedicados a teoría monetaria y del capital, este recurso aparece como una constante. La metodología deductiva austriaca parte de axiomas simples, como el de la acción humana, y desarrolla implicaciones lógicas paso a paso, utilizando ceteris paribus como una forma de mantener la coherencia analítica sin dejarse llevar por la confusión empírica.

Esta precisión en el lenguaje económico es clave. Decir que “si A sube, entonces B baja” no tiene valor sin especificar que eso ocurre si todo lo demás se mantiene constante. Sin esta aclaración, los enunciados económicos estarían constantemente sujetos a refutaciones por factores externos. La economía, así como la lógica formal, necesita estructuras controladas para funcionar.

El problema es que el público general no siempre está familiarizado con estas condiciones implícitas. En muchas ocasiones, se malinterpreta una afirmación económica como si fuera una predicción absoluta, cuando en realidad se trata de una relación condicional. Aquí es donde el ceteris paribus no solo se convierte en una herramienta analítica, sino en un salvavidas epistemológico: nos recuerda que el mundo es complejo y que nuestras teorías necesitan un marco definido para decir algo relevante.

Aplicaciones de Ceteris Paribus

Ahora que comprendemos qué es y cómo se usa ceteris paribus, es momento de adentrarnos en sus aplicaciones reales dentro del análisis económico. Este principio no es solo una curiosidad académica, sino una herramienta práctica y transversal que se aplica en prácticamente todas las ramas de la economía: desde los microfundamentos más simples hasta los modelos macroeconómicos más complejos.

En primer lugar, debemos entender que la economía es una ciencia social que busca establecer relaciones de causa y efecto en un entorno donde esas relaciones están permanentemente contaminadas por variables externas. Por eso, para poder identificar patrones claros, los economistas hacen lo que cualquier buen científico: aíslan variables. Y la forma en que lo hacen es mediante el uso del supuesto ceteris paribus.

Una de las aplicaciones más conocidas es la ley de la demanda: “cuando el precio de un bien sube, la cantidad demandada tiende a disminuir, ceteris paribus”. Es decir, si no cambia el ingreso de los consumidores, los gustos, el precio de los bienes sustitutos ni ningún otro factor, entonces existe una relación inversa entre precio y demanda. Esta ley se enseña en todas las facultades de economía del mundo, y aunque parezca una simplificación excesiva, es una de las piedras angulares de la teoría económica.

Pero no se detiene allí. El ceteris paribus se emplea también en estudios sobre política fiscal. Por ejemplo, si se dice que “un aumento del gasto público estimula la demanda agregada, ceteris paribus”, estamos hablando de un efecto directo que solo es válido si otros elementos —como las tasas de interés, los niveles de deuda o la inflación— no cambian en el proceso.

Incluso en debates políticos y económicos cotidianos, aunque no se use la expresión en latín, el concepto sigue presente. Cuando se discute el impacto del salario mínimo, por ejemplo, y se afirma que “elevar el salario mínimo reduce la empleabilidad de los trabajadores poco calificados, ceteris paribus”, se está usando una simplificación para aislar un efecto en medio de un fenómeno complejo.

Un ejemplo clásico, muy usado en la teoría monetaria, es el análisis de la oferta monetaria. Si el banco central incrementa la cantidad de dinero en circulación, ceteris paribus, los precios tienden a subir. Este razonamiento forma parte del núcleo de la teoría cuantitativa del dinero y es un punto de partida para entender fenómenos inflacionarios. Por supuesto, en el mundo real hay muchos otros factores que pueden alterar este resultado —como la velocidad del dinero, el nivel de producción o las expectativas—, pero sin ceteris paribus, ni siquiera podríamos empezar a estudiar el problema.

En el contexto educativo, los ejemplos con ceteris paribus ayudan a los estudiantes a focalizarse. Es común que al principio cueste aceptar este tipo de supuestos porque parecen alejarse de la realidad. Pero es justo lo contrario: son el puente hacia un análisis más profundo. En lugar de intentar captar todo de una vez, la economía lo hace paso a paso, como se aprende en lógica matemática o en programación: una condición a la vez.

El principio de ceteris paribus es mucho más que una expresión académica: es una forma de pensar la economía. Su valor reside en que permite explicar fenómenos complejos a partir de relaciones simples. Y aunque el mundo real rara vez se comporta con todas las demás cosas constantes, la utilidad de este principio sigue siendo incuestionable. Es una herramienta de comprensión, predicción y, sobre todo, de claridad analítica. En las siguientes secciones, vamos a poner en práctica todo esto viendo su uso en áreas clave como oferta y demanda, PIB, salario mínimo, tasas de interés y cadenas de suministro.

Oferta y demanda

Si hay una aplicación del principio ceteris paribus que casi cualquier estudiante de economía reconoce de inmediato, es la ley de la oferta y la demanda. Esta relación básica es el corazón de la microeconomía, y se basa totalmente en el uso de este supuesto latino.

La ley de la demanda nos dice que, ceteris paribus, cuando el precio de un bien sube, la cantidad demandada baja. Y a la inversa, cuando el precio baja, la cantidad demandada sube. ¿Por qué? Porque, si todo lo demás permanece constante (ingresos, gustos, precios de bienes sustitutos o complementarios), los consumidores tienden a comprar menos de algo cuando cuesta más, y más cuando cuesta menos.

Del lado de la oferta, la ley también depende de ceteris paribus: cuando el precio de un bien sube, los productores están más incentivados a ofrecer más unidades en el mercado, suponiendo que sus costes de producción, tecnología y otras condiciones no cambian. Esta condición de “todo lo demás constante” es esencial porque si los costes cambian, o si cambia el entorno regulatorio, la respuesta de los productores no será la misma.

Pongamos un ejemplo concreto: supongamos que el precio del café sube de 3 a 4 dólares por taza. Ceteris paribus, los consumidores reducirán su consumo porque ahora es más caro, y los productores querrán vender más porque es más rentable. Esta relación da lugar al famoso punto de equilibrio: ese precio donde la cantidad ofrecida y la cantidad demandada coinciden.

Ahora bien, si eliminamos el ceteris paribus, la situación cambia radicalmente. Por ejemplo, si sube el precio del café pero también suben los ingresos de los consumidores o hay una moda que lo vuelve más popular, es posible que la demanda no baje, sino que suba. Y si al mismo tiempo aumenta el precio del fertilizante, el coste de producción también sube y los productores podrían no aumentar la oferta, o incluso reducirla.

Esta complejidad es precisamente lo que hace necesario el uso del ceteris paribus. Nos da un marco para entender el impacto aislado de un solo cambio, antes de considerar todos los demás.

Aquí es donde la economía se parece más a un laboratorio mental que a una fotografía exacta de la realidad. Y eso no es una debilidad, sino una fortaleza metodológica. Entender cómo funciona la oferta y la demanda bajo condiciones controladas nos permite luego hacer ajustes realistas cuando múltiples variables cambian a la vez.

El mercado no es un ente estático, sino un proceso dinámico de descubrimiento. En este proceso, los agentes actúan con información imperfecta y en tiempo real, pero aun así las leyes económicas como la oferta y la demanda siguen operando. El ceteris paribus nos ayuda a entender los incentivos básicos antes de entrar en las complejidades del mundo real.

Otro punto clave es que, gracias a este principio, podemos construir modelos y gráficos. Las famosas curvas de oferta y demanda que se cruzan en un eje de coordenadas no serían posibles sin la condición de ceteris paribus. Nos permiten visualizar cómo funciona el mercado de forma abstracta, lo cual es esencial para todo tipo de análisis posterior: desde política de precios hasta control de monopolios o análisis de elasticidades.

Ceteris paribus es el alma de la ley de la oferta y la demanda. Sin esta herramienta metodológica, simplemente no podríamos estudiar las relaciones causales más fundamentales en economía. Es el punto de partida de casi todos los análisis y, aunque luego completemos el modelo añadiendo otras variables, siempre volvemos a esta idea base: entender qué pasa cuando una cosa cambia y las demás se mantienen igual. Esa es la esencia del pensamiento económico.

Macroeconomía y PIB

En el terreno de la macroeconomía, el principio ceteris paribus sigue siendo una herramienta fundamental. Aunque aquí se trata con fenómenos agregados —como el Producto Interno Bruto (PIB), la inflación, el desempleo o las tasas de interés—, el desafío es el mismo: entender cómo una variable afecta a otra sin que el análisis se contamine por múltiples factores externos. Para lograrlo, los economistas aplican el mismo recurso: suponer que todo lo demás permanece constante.

Tomemos el PIB como punto de partida. El Producto Interno Bruto mide el valor total de bienes y servicios producidos en un país durante un periodo determinado. Se utiliza como un indicador de crecimiento económico y bienestar. Cuando un economista dice que “un aumento del gasto público incrementa el PIB, ceteris paribus”, está expresando una relación directa bajo condiciones controladas. El supuesto es que otros elementos —como las tasas de interés, el consumo privado, la inversión o las exportaciones netas— no cambian, al menos en ese análisis puntual.

Este tipo de enunciado permite evaluar la eficacia de una política fiscal expansiva, por ejemplo. Si el gobierno decide construir infraestructura, contrata empresas, genera empleos, y eso aumenta el ingreso de las familias, entonces el PIB crecerá. Pero si en paralelo sube la inflación, cae la inversión extranjera o se reduce el consumo por incertidumbre, ese efecto podría neutralizarse o incluso invertirse. Por eso es necesario separar los efectos con ceteris paribus antes de hacer una evaluación integral.

El mismo principio se aplica cuando se habla del impacto de los impuestos sobre el crecimiento. Un aumento de impuestos puede, ceteris paribus, desalentar el consumo o la inversión privada, reduciendo el crecimiento económico. Pero si ese aumento se acompaña de una mayor eficiencia en el gasto público, podría no tener efectos negativos o incluso ser positivo. Todo depende de las condiciones adicionales, y por eso el uso del ceteris paribus es clave para entender el impacto de cada medida por separado.

La macroeconomía también se apoya en modelos matemáticos —como el modelo IS-LM, el modelo de oferta y demanda agregada o el modelo de expectativas racionales— que solo funcionan correctamente si se asume que ciertos parámetros se mantienen constantes. Por ejemplo, al analizar la curva de Phillips, que muestra la relación entre inflación y desempleo, los economistas suelen advertir que dicha relación se sostiene ceteris paribus. Si cambian las expectativas inflacionarias, la política monetaria o la estructura del mercado laboral, la curva puede desplazarse o perder validez.

Aquí entra en juego otra dimensión fundamental: el tiempo. En macroeconomía, ceteris paribus también puede implicar una constancia temporal: analizar qué pasa en el corto plazo, cuando ciertos ajustes todavía no han tenido lugar. Por ejemplo, una devaluación de la moneda puede mejorar las exportaciones ceteris paribus, pero a largo plazo puede generar inflación, pérdida de poder adquisitivo o fuga de capitales.

Una expansión crediticia artificial (por ejemplo, una reducción de tasas de interés por parte del banco central) puede estimular la inversión en el corto plazo, ceteris paribus, pero genera distorsiones que se acumulan y eventualmente llevan a una recesión. Este enfoque permite ver cómo un solo cambio —la política monetaria expansiva— puede tener múltiples efectos si se observa en etapas sucesivas, partiendo siempre del análisis aislado.

Por otro lado, muchos críticos de la economía convencional señalan que el uso excesivo de ceteris paribus en macroeconomía puede llevar a modelos demasiado alejados de la realidad. Y tienen razón: si se ignoran variables importantes como las expectativas, el comportamiento humano o las condiciones institucionales, los modelos pueden fallar. Pero esto no significa que el principio esté mal, sino que debe usarse con responsabilidad, como paso previo al análisis completo.

Ceteris paribus en macroeconomía es como una lupa que permite ver los efectos aislados de una política o fenómeno. Nos da claridad antes de sumergirnos en la complejidad del sistema económico completo. Y aunque sus limitaciones existen, su utilidad para explicar el comportamiento agregado de la economía sigue siendo incuestionable. La clave está en saber cuándo usarlo, cómo complementarlo y cuándo dejarlo de lado para dar paso a una visión más amplia y contextual.

Salario mínimo

El debate sobre el salario mínimo es uno de los más controvertidos en economía, y precisamente por eso, el principio ceteris paribus juega un papel crucial en su análisis. Si no partimos de una condición de “todo lo demás constante”, es prácticamente imposible evaluar los efectos reales de modificar el salario mínimo sobre el empleo, la inflación, la productividad o incluso la pobreza.

Cuando un economista afirma que “un aumento en el salario mínimo puede provocar desempleo ceteris paribus”, está proponiendo un análisis en el que se modifica únicamente el nivel salarial obligatorio, sin alterar ninguna otra variable del sistema económico. Esto permite observar el impacto directo sobre la demanda de trabajo por parte de las empresas. Bajo este supuesto, los empleadores enfrentarían mayores costes laborales por cada trabajador, lo que, en teoría, los llevaría a contratar menos personas, especialmente en sectores donde los márgenes de ganancia son estrechos.

Este enfoque ha sido enseñado durante décadas como parte del modelo clásico de oferta y demanda en el mercado laboral. En este modelo, el salario mínimo actúa como un precio mínimo por encima del equilibrio natural, lo que genera un exceso de oferta de trabajo (personas dispuestas a trabajar) y una reducción de la demanda (empleadores dispuestos a contratar), lo que se traduce en desempleo involuntario. Todo esto, por supuesto, ceteris paribus.

Sin embargo, en la vida real, muchos factores pueden mitigar o amplificar este efecto. Si el aumento del salario mínimo ocurre en un contexto de crecimiento económico, alta demanda interna o mejoras tecnológicas que aumentan la productividad, entonces el impacto negativo puede ser menor o incluso inexistente. Algunos estudios empíricos muestran que, en ciertos sectores, el aumento del salario mínimo ha tenido efectos neutros o incluso positivos sobre el empleo, debido a mejoras en la eficiencia o un mayor compromiso de los trabajadores.

Ahí es donde el ceteris paribus se convierte no en una trampa, sino en una advertencia metodológica: “esto es lo que pasaría si nada más cambiara”. No es una predicción categórica, sino una forma de aislar una relación causal. Y luego, el análisis debe avanzar incluyendo más variables: competencia entre empresas, elasticidad de la demanda, economía informal, respuesta fiscal del gobierno, etc.

Los precios —y por ende los salarios— deben determinarse libremente en el mercado, como resultado de la interacción entre oferta y demanda. Para mí, cualquier intervención que imponga un precio mínimo distorsiona el proceso de coordinación del mercado y genera efectos indeseados. Este tipo de razonamiento parte, necesariamente, de un análisis ceteris paribus para entender las consecuencias lógicas de alterar una variable en un entorno de libre mercado.

En ese sentido, fijar salarios por decreto no solo altera la asignación eficiente de recursos, sino que también elimina el mecanismo de descubrimiento de precios. El salario, en un mercado libre, refleja la productividad marginal del trabajador. Si ese precio se impone artificialmente por encima del nivel de productividad, se rompe el vínculo económico y se genera desempleo estructural.

Por supuesto, esta visión tiene sus críticos. Desde una perspectiva más keynesiana o institucionalista, se argumenta que los mercados laborales no son perfectos, que existe poder de negociación desigual y que el salario mínimo puede actuar como un instrumento de justicia social. Aquí también se utiliza ceteris paribus para evaluar otras consecuencias: como el efecto en la demanda agregada (al aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores) o en la reducción de la rotación laboral.

Lo importante es que en ambos enfoques, el ceteris paribus sigue siendo el punto de partida. Es el modo en que cada teoría identifica los efectos aislados antes de considerar su integración en un entorno más complejo. Y eso es lo que permite sostener una discusión racional y estructurada.

El salario mínimo es un caso ejemplar del uso de ceteris paribus para evaluar políticas públicas. Nos enseña que cualquier medida económica debe ser analizada en etapas: primero bajo condiciones controladas, luego incorporando variables adicionales, hasta alcanzar una visión sistémica. Sin este enfoque, caeríamos en la confusión o en el uso ideológico de los datos. Con él, tenemos al menos una base lógica y coherente desde la cual partir.

Tasas de interés

El análisis de las tasas de interés es otro campo donde el uso de ceteris paribus es absolutamente esencial. Las tasas de interés son uno de los precios más importantes de toda la economía, ya que afectan no solo al consumo y la inversión, sino también al ahorro, la inflación, el tipo de cambio y la estabilidad macroeconómica. Por tanto, cuando los economistas intentan estudiar los efectos de un cambio en las tasas de interés, no pueden hacerlo sin establecer una condición de “todo lo demás constante”.

Imaginemos que el banco central reduce las tasas de interés. La teoría económica nos dirá que, ceteris paribus, esta medida incentiva el consumo y la inversión, al hacer más barato endeudarse y menos atractivo ahorrar. Como resultado, aumenta la demanda agregada y, eventualmente, se impulsa el crecimiento económico. Esta lógica es la base de la política monetaria expansiva utilizada en momentos de recesión.

Pero ¿qué pasa si el ceteris paribus no se cumple? Supongamos que, al mismo tiempo que se bajan las tasas, hay una crisis de confianza en la economía. En ese caso, las empresas podrían no invertir, y los consumidores podrían no gastar, incluso con crédito barato. O si la inflación ya está elevada, bajar las tasas podría acelerar aún más el alza de precios y generar un desequilibrio mayor. Aquí es donde el principio ceteris paribus deja de ser una afirmación generalizada y se convierte en un punto de partida para un análisis más profundo.

También se aplica cuando analizamos la relación entre tasas de interés y tipos de cambio. Ceteris paribus, si un país sube sus tasas de interés, atraerá capital extranjero en busca de mayor rentabilidad, lo que apreciará su moneda. Pero si ese país tiene riesgos políticos, falta de confianza institucional o problemas fiscales, ese efecto puede no materializarse. Otra vez, el uso del ceteris paribus nos ayuda a entender la conexión básica antes de introducir los matices.

El análisis de las tasas de interés adquiere una relevancia central. Publiqué anteriormente sobre este fenómeno desde la teoría del capital y el ciclo económico, una de las aportaciones más destacadas de la Escuela Austriaca. Según esta visión, las tasas de interés reflejan la preferencia temporal de los individuos: cuánto valoran el consumo presente frente al consumo futuro. Si el banco central manipula artificialmente las tasas hacia abajo, ceteris paribus, se distorsiona el sistema de precios y se alienta una expansión crediticia que no está respaldada por ahorro real.

Este proceso puede generar, ceteris paribus, un auge económico artificial, en el que se emprenden proyectos de inversión insostenibles que tarde o temprano deben ser liquidados, provocando una recesión. El análisis parte de condiciones ideales y luego las confronta con la realidad dinámica del mercado. El uso de ceteris paribus aquí no es una simplificación ingenua, sino un paso metodológico indispensable para deducir las consecuencias lógicas de una intervención en el mercado.

Además, este principio permite entender fenómenos como la llamada “trampa de liquidez”. En una economía donde las tasas de interés ya son muy bajas, reducirlas aún más puede no tener el efecto esperado. Ceteris paribus, tasas bajas estimulan la economía, pero si la confianza de consumidores e inversores está destruida, ese efecto desaparece. Lo que ceteris paribus nos enseña es qué debería pasar si solo cambiara una variable. Luego, es labor del economista evaluar por qué, en la realidad, eso puede no suceder.

Otro caso práctico es el impacto de las tasas de interés en el mercado inmobiliario. Ceteris paribus, tasas más bajas reducen las cuotas hipotecarias y aumentan la demanda de viviendas, lo que eleva los precios. Pero si simultáneamente hay una sobreoferta de viviendas, un estancamiento económico o cambios regulatorios, el efecto puede verse neutralizado.

El análisis de las tasas de interés muestra claramente por qué el ceteris paribus no es una muleta metodológica, sino una herramienta indispensable para la claridad intelectual. Es imposible analizar el efecto de los tipos de interés sobre las múltiples dimensiones de la economía sin antes aislar esa variable. Una vez entendida su relación básica con el ahorro, la inversión y el crecimiento, se puede ampliar el modelo y hacerlo más realista. Pero sin ese paso previo, estaríamos saltando directamente a la confusión. Como en toda ciencia, el orden lógico importa. Y ceteris paribus es el punto de partida del orden económico.

Cadena de suministro

El análisis de las cadenas de suministro ha cobrado una importancia inusitada en los últimos años, especialmente a raíz de eventos globales como la pandemia de COVID-19, conflictos geopolíticos y desastres naturales. Estos fenómenos han demostrado la fragilidad y complejidad de las redes logísticas que sostienen el comercio mundial. Pero incluso en este entorno dinámico, el principio de ceteris paribus sigue siendo clave para comprender cómo funciona cada eslabón del sistema.

Para empezar, la cadena de suministro es un sistema integrado que incluye la producción, transporte, almacenamiento y distribución de bienes. Cuando se estudia cómo afecta un cambio en una parte de esta cadena al funcionamiento total, es imprescindible suponer que las demás condiciones se mantienen constantes. Por ejemplo, si decimos que un aumento en el coste del transporte marítimo afecta negativamente los márgenes de ganancia de los importadores, estamos haciendo una afirmación ceteris paribus —es decir, suponiendo que no cambian los precios de los productos, la demanda de los consumidores, ni las condiciones fiscales.

Este tipo de análisis se utiliza comúnmente en logística y economía empresarial. Si una fábrica asiática detiene su producción por una interrupción energética, y afirmamos que esto retrasará las entregas en Europa, estamos partiendo de una relación causa-efecto que sólo se sostiene si nada más cambia. Pero si simultáneamente los consumidores cambian de proveedor, o las empresas locales aumentan su capacidad de producción, el efecto podría diluirse. De nuevo, el ceteris paribus es necesario para ver el impacto aislado.

Uno de los ejemplos más conocidos ocurrió en 2021 con la crisis global de los microchips. Se decía: “la escasez de semiconductores retrasará la producción de vehículos ceteris paribus”. Esta afirmación fue correcta durante varios meses, pero luego el mercado respondió: los fabricantes diversificaron sus proveedores, algunas empresas priorizaron modelos con menos demanda de chips y los gobiernos intervinieron para incentivar la producción local. El resultado fue más complejo de lo que cualquier análisis ceteris paribus podía prever, pero eso no invalida su utilidad inicial para entender la magnitud del problema.

Las cadenas de suministro pueden ser vistas como una gran red de coordinación espontánea, muy en línea con el pensamiento austriaco. Cada empresa, cada proveedor, cada distribuidor actúa en función de señales de precios y expectativas de beneficio. Cuando esas señales se distorsionan —por subsidios, regulaciones excesivas o manipulación monetaria—, los desequilibrios se propagan rápidamente. Ceteris paribus, si un gobierno impone restricciones a la importación de un insumo clave, se generará una escasez local. Pero si los agentes del mercado pueden reaccionar sin trabas, esa escasez podría resolverse rápidamente mediante sustitución o innovación.

Un buen ejemplo es lo que sucede con los precios del combustible. Si aumenta el precio del petróleo, ceteris paribus, los costes de transporte suben, lo cual encarece los productos finales en el supermercado. Sin embargo, si al mismo tiempo se incrementa la eficiencia de los vehículos o se subsidian los combustibles alternativos, el efecto podría ser menor. Una vez más, ceteris paribus es solo la base para comprender un efecto que luego será matizado por el comportamiento real del mercado.

También se utiliza este principio para modelar decisiones estratégicas. Por ejemplo: “si se externaliza la producción a un país con costes laborales más bajos, ceteris paribus, la empresa reducirá sus costes totales”. Esta relación básica permite evaluar decisiones empresariales con lógica clara antes de añadir factores de riesgo geopolítico, culturales, legales o sociales.

En el ámbito académico y profesional, la clave está en no malinterpretar el ceteris paribus como una descripción exacta de la realidad, sino como una herramienta para descubrir tendencias, elaborar diagnósticos y proponer soluciones. Los modelos logísticos más exitosos comienzan con simulaciones que utilizan este principio, para luego ser alimentados con datos reales y ajustados con inteligencia artificial o aprendizaje automático.

La cadena de suministro es un entorno caóticamente interconectado, pero también es uno de los mejores ejemplos de por qué el análisis ceteris paribus es indispensable. Permite entender cómo afecta un único cambio, antes de lidiar con las múltiples ramificaciones de un mundo impredecible. El economista, el empresario y el político deben comenzar su análisis así: una variable a la vez. Porque sólo comprendiendo la parte, se puede entender el todo. Y ceteris paribus es el instrumento mental que lo hace posible.

Ceteris Paribus y la ciencia económica

Para entender la ciencia económica, hay que aceptar que no puede funcionar sin herramientas conceptuales que simplifiquen la realidad. A diferencia de las ciencias naturales, donde los experimentos de laboratorio permiten controlar variables con precisión, en economía esto no es posible. Por eso, el ceteris paribus no es solo una frase académica: es el corazón del método económico.

La economía es, ante todo, una ciencia de la acción humana. Estudia cómo los individuos toman decisiones, asignan recursos escasos y responden a incentivos. Pero esas decisiones no ocurren en el vacío. Están influidas por miles de factores simultáneos: precios, ingresos, gustos, políticas gubernamentales, cambios tecnológicos, shocks internacionales, etc. Sería imposible analizar cualquier fenómeno sin antes congelar parte del escenario para poder estudiar con claridad una relación causal. Ahí es donde entra en juego el ceteris paribus.

El uso de este principio permite construir teorías económicas que luego pueden ponerse a prueba o complementarse con datos empíricos. Por ejemplo, cuando decimos que “el precio de los alquileres bajará si se construyen más viviendas, ceteris paribus”, estamos describiendo un vínculo lógico que ayuda a prever tendencias. Si después ese resultado no se observa en la realidad, se puede investigar qué otras variables interfirieron: regulaciones urbanísticas, cambios en la demanda, expectativas inflacionarias, etc.

Sin ceteris paribus, todo análisis económico se convertiría en un mar de correlaciones sin sentido. La disciplina perdería su capacidad de explicar, predecir y orientar decisiones. Porque en un entorno donde todo cambia al mismo tiempo, no se puede establecer ninguna relación clara. El ceteris paribus es la base de la inferencia causal.

Esto es especialmente claro cuando se enseña economía por primera vez. Todos los manuales, sin excepción, comienzan con afirmaciones del tipo: “a mayor precio, menor cantidad demandada, ceteris paribus”. Esta advertencia aparece una y otra vez, porque es el fundamento lógico sobre el cual se construye todo el aparato teórico. Más adelante, se incorporan modelos con múltiples variables, interacciones dinámicas y escenarios estocásticos. Pero al principio, siempre se parte del aislamiento.

En el ámbito de la teoría económica, el ceteris paribus se manifiesta en todos los modelos formales. Los economistas lo utilizan para derivar funciones de demanda, curvas de indiferencia, modelos de equilibrio general o funciones de producción. Incluso los modelos más complejos, como los DSGE (modelos de equilibrio general dinámico estocástico), parten de una serie de ecuaciones que describen comportamientos bajo ciertos supuestos constantes.

El razonamiento económico necesita una lógica tan estricta como la matemática. Para poder deducir las implicaciones de una acción —por ejemplo, expandir artificialmente el crédito— es necesario suponer que las demás condiciones no cambian. Solo así se puede ver cómo esa expansión afecta al sistema productivo, genera distorsiones en la estructura de precios y finalmente desencadena un ciclo económico.

Desde la visión austriaca, el ceteris paribus es también una herramienta ética. Permite construir teorías basadas en el respeto al orden espontáneo del mercado, sin recurrir a modelos matemáticos despersonalizados. Al mantener constante todo excepto una acción humana, se puede observar con claridad cómo los incentivos y la información afectan las decisiones. Es un modo de preservar la subjetividad sin renunciar a la objetividad del análisis.

Ceteris paribus no es una concesión didáctica ni una excusa metodológica. Es una necesidad lógica. Es lo que permite que la economía funcione como ciencia, aunque trate con fenómenos sociales. Gracias a este principio, se pueden elaborar leyes económicas, diseñar políticas públicas coherentes y entender el comportamiento agregado de millones de agentes. Es, en definitiva, una piedra angular del pensamiento económico riguroso. Sin él, todo sería caos. Con él, podemos empezar a entender el orden detrás del mercado.

Beneficios de Ceteris Paribus

El uso del principio ceteris paribus no solo es una técnica metodológica, sino que conlleva una serie de beneficios esenciales para el análisis, la predicción y la construcción de conocimiento económico. A continuación, exploraremos sus principales ventajas, desglosadas en cinco aportes clave que lo convierten en una herramienta insustituible.

Utiliza el enfoque del método científico

La economía, aunque sea una ciencia social, se apoya firmemente en la lógica del método científico. Para que cualquier disciplina sea considerada científica, debe ser capaz de aislar variables, establecer hipótesis, derivar consecuencias y someterlas a contraste con la realidad. Ceteris paribus permite cumplir con el primer paso: aislar.

Gracias a este supuesto, los economistas pueden construir modelos teóricos con base en relaciones lógicas y no en correlaciones superficiales. Por ejemplo, al estudiar el impacto de los aranceles en los precios de productos importados, se puede afirmar que “a mayor arancel, mayor precio final ceteris paribus”. Este análisis, simple pero preciso, solo es posible si se congelan otras variables como tipo de cambio, subsidios, o elasticidad de la demanda.

Este tipo de razonamiento permite avanzar paso a paso en la investigación, igual que en un laboratorio. Es una forma de simular condiciones controladas en un mundo donde no podemos hacer experimentos en sentido estricto. Desde esta perspectiva, ceteris paribus es un laboratorio mental para el economista.

Aprovecha la información perfecta

En economía teórica, se suele trabajar con el supuesto de información perfecta o completa. Si bien este supuesto rara vez se da en la realidad, sirve para entender cómo funcionaría un mercado en condiciones ideales. Ceteris paribus permite introducir estas condiciones ideales de forma gradual, creando un marco limpio para el análisis.

Este beneficio se vuelve especialmente útil cuando se estudian procesos de mercado. En un entorno con información perfecta, ceteris paribus, los precios reflejan con exactitud la escasez relativa de los bienes. Esto permite descubrir cómo el mercado se autoorganiza para asignar recursos de manera eficiente. Luego, una vez comprendido ese mecanismo, se pueden añadir imperfecciones como asimetrías de información, incertidumbre o poder de mercado.

Desde la óptica de la Escuela Austriaca, este punto es vital. El mercado se entiende como un proceso de descubrimiento donde los precios y la información se generan dinámicamente. Pero para estudiar cómo ese proceso comienza, se necesita una base estática, un punto de partida analítico que solo ceteris paribus puede ofrecer.

Emplea la economía positiva

La economía positiva se centra en describir “lo que es”, a diferencia de la economía normativa, que prescribe “lo que debería ser”. Ceteris paribus es una herramienta al servicio de la economía positiva porque permite describir relaciones objetivas entre variables, sin cargar el análisis de juicios de valor.

Por ejemplo, afirmar que “si se imprime más dinero, aumentarán los precios ceteris paribus” es una proposición positiva, basada en la teoría cuantitativa del dinero. No implica que imprimir dinero sea bueno o malo; simplemente describe un efecto bajo condiciones específicas. Este enfoque objetivo es indispensable para construir ciencia económica sólida.

El uso de ceteris paribus es esencial para no confundir análisis con ideología. El economista primero debe entender cómo funciona el sistema bajo ciertas condiciones, y luego podrá evaluar si esas condiciones son deseables o sostenibles. El rigor lógico viene antes de la valoración.

Permite el descubrimiento de precios

El descubrimiento de precios es uno de los conceptos más potentes en economía de mercado. Los precios no son impuestos ni arbitrarios: emergen del intercambio voluntario entre agentes, reflejando valoraciones subjetivas y condiciones objetivas de escasez. Para entender cómo se forman, el ceteris paribus es indispensable.

En un mercado competitivo, si la oferta de un bien aumenta, ceteris paribus, su precio bajará. Este mecanismo es el corazón de la coordinación económica. Al congelar otras variables, los economistas pueden identificar las causas que mueven los precios, y cómo responden los agentes ante esos cambios. Es el principio rector de cualquier análisis de elasticidad, formación de expectativas o estrategia empresarial.

Ludwig Von Mises insiste en que los precios son señales. Y para que una señal tenga sentido, debe ser clara. El ceteris paribus limpia el “ruido” del análisis, ayudando a identificar la señal central. Es como ajustar la lente de una cámara antes de hacer zoom sobre un fenómeno. Sin este enfoque, el economista estaría atrapado en la niebla.

Supera escenarios imposibles

A menudo se acusa a ceteris paribus de ser irreal, porque en el mundo real “nada permanece constante”. Pero esta crítica pierde de vista un punto fundamental: el objetivo no es replicar la realidad, sino descomponerla para poder entenderla. Si se tratara de describir todo lo que ocurre al mismo tiempo, el análisis sería imposible. Sería como tratar de estudiar el sistema solar incluyendo al mismo tiempo cada átomo, cada estrella lejana, cada fluctuación cuántica.

Al aplicar ceteris paribus, se crean condiciones que quizás no existan tal cual en la realidad, pero que permiten generar conclusiones útiles. Por ejemplo, al decir “si se prohíbe la importación de bienes extranjeros, ceteris paribus, los precios locales subirán”, se está presentando una hipótesis lógica. Luego, se puede contrastar con la experiencia empírica, ajustar el modelo y mejorar el diagnóstico. Sin este paso intermedio, todo sería caos y correlación.

El ceteris paribus no es un escape de la realidad, sino una forma racional de entrar en ella. Nos permite entender sus mecanismos internos, sus tendencias, sus equilibrios y desequilibrios. Nos da claridad en medio de la complejidad. Y aunque siempre será un punto de partida, nunca un punto final, su valor es inmenso. En la próxima sección exploraremos, con igual rigor, las críticas que ha recibido este enfoque, y en qué casos su aplicación puede ser limitada o incluso engañosa.

Críticas a Ceteris Paribus

Si bien el principio de ceteris paribus es una herramienta metodológica invaluable, no está exento de críticas. Numerosos economistas, filósofos de la ciencia y teóricos sociales han cuestionado su utilidad, su realismo y su relevancia en contextos económicos complejos y dinámicos. A continuación, abordamos las principales objeciones que se le hacen al uso de este principio, agrupándolas en cuatro grandes frentes.

Supera escenarios imposibles

Una de las críticas más frecuentes es que el uso del ceteris paribus conduce a escenarios artificiales que rara vez se presentan en el mundo real. Se argumenta que las relaciones entre variables económicas no existen en aislamiento, y que suponer que “todo lo demás se mantiene constante” puede llevar a conclusiones teóricamente elegantes pero empíricamente inválidas.

Por ejemplo, suponer que un aumento del salario mínimo reduce el empleo ceteris paribus puede ser útil para entender un mecanismo, pero si en la práctica ese aumento coincide con una expansión económica, una mejora en la productividad o una reforma fiscal, el resultado podría ser muy diferente. Algunos sostienen que esta simplificación es útil solo para enseñar principios básicos, pero que se vuelve problemática cuando se utiliza como base para diseñar políticas públicas.

Sin embargo, esta crítica también revela una incomprensión del propósito real del ceteris paribus. No se trata de afirmar que esos escenarios existen literalmente, sino de generar un marco lógico que permita descomponer la realidad. La crítica sería válida si se usara ceteris paribus como excusa para ignorar otras variables, pero no cuando se utiliza como paso intermedio en un análisis más profundo.

Diluye el valor lógico

Otro argumento en contra del ceteris paribus es que puede restar valor a las proposiciones económicas si se abusa de él. Al establecer que una afirmación solo es válida bajo condiciones muy específicas, se corre el riesgo de vaciarla de contenido empírico. Algunos críticos, como ciertos filósofos de la ciencia, argumentan que una proposición que solo se sostiene si todo lo demás permanece constante, no tiene poder explicativo real.

Esto ha llevado a debates intensos sobre si las leyes económicas son realmente “leyes” en sentido científico, o simples observaciones condicionadas. La respuesta a esta crítica depende del enfoque metodológico adoptado. La Escuela Austriaca, por ejemplo, sostiene que las leyes económicas son deducciones lógicas basadas en axiomas como la acción humana, y por tanto son válidas a priori. Desde esta visión, el ceteris paribus no debilita el valor lógico del análisis, sino que lo fortalece al hacerlo más preciso y estructurado.

El ceteris paribus no debe ser visto como una cláusula de escape, sino como una garantía de rigor lógico. Si se formula bien, una ley económica es verdadera bajo esas condiciones. El siguiente paso es ver cómo se comporta esa ley cuando las condiciones cambian. Pero eso no invalida la ley, sino que la enriquece.

Puede eclipsar lo que debe analizarse

Una crítica más sutil, pero profunda, es que el uso sistemático de ceteris paribus puede desviar la atención de los factores verdaderamente relevantes. En otras palabras, al centrar el análisis en una sola variable, se corre el riesgo de ignorar causas más importantes o estructurales.

Por ejemplo, al analizar la inflación, muchos modelos parten de la relación entre oferta monetaria y nivel de precios ceteris paribus. Pero si se ignoran factores como la confianza del consumidor, la estructura de los mercados financieros o las dinámicas de deuda, el diagnóstico puede ser incompleto o incluso erróneo. Este tipo de crítica proviene muchas veces de escuelas heterodoxas o enfoques interdisciplinarios que consideran que la economía debe integrar más variables sociales, institucionales o culturales.

En este punto, es clave distinguir entre uso responsable e irresponsable del ceteris paribus. El problema no es la herramienta, sino cómo se aplica. Un economista serio utilizará el principio para aislar relaciones causales y luego expandirá su análisis incorporando más variables. Un mal economista se quedará en el modelo simplificado y sacará conclusiones absolutas.

Ignora la naturaleza humana y las emociones

Finalmente, se critica al ceteris paribus por no tener en cuenta la dimensión psicológica y emocional de las decisiones humanas. En un contexto donde la economía conductual ha ganado terreno, muchos argumentan que los modelos que se basan en supuestos rígidos y racionales —como ceteris paribus— no capturan la complejidad del comportamiento humano.

Las personas no toman decisiones en condiciones constantes. Se ven influidas por miedos, intuiciones, errores sistemáticos, sesgos cognitivos, presión social y emociones. ¿Puede el ceteris paribus explicar por qué en una crisis la gente compra papel higiénico en masa? Difícilmente. Pero tampoco es su función. El principio no pretende explicar todo, sino ayudar a entender relaciones específicas. No sustituye al análisis conductual, lo complementa.

Además, algunos enfoques como la praxeología austriaca sostienen que no es necesario suponer racionalidad perfecta, sino simplemente que las personas actúan con un propósito. Desde esa base, se pueden construir leyes económicas válidas ceteris paribus sin negar la complejidad del comportamiento humano.


En definitiva, las críticas al ceteris paribus son legítimas y necesarias. Sirven para poner límites, cuestionar supuestos y exigir mejores modelos. Pero también deben ser entendidas dentro de su contexto. Este principio no es una fórmula mágica ni una verdad absoluta. Es una herramienta conceptual, un paso metodológico, una forma de pensar antes de entrar al terreno empírico.

Cuando se usa bien, es un aliado del pensamiento claro y la argumentación sólida. Cuando se abusa de él, se convierte en una excusa para la rigidez y el reduccionismo. La clave está, como en toda ciencia, en el equilibrio. Y ese equilibrio solo puede lograrse cuando entendemos tanto el poder como los límites del ceteris paribus.

Pros y contras de Ceteris Paribus

Como toda herramienta en el análisis económico, el uso del principio ceteris paribus viene acompañado de beneficios importantes, pero también de limitaciones que deben ser consideradas. Entender sus pros y contras no solo permite aplicar esta técnica de forma adecuada, sino también identificar cuándo utilizarla, cuándo ampliarla y cuándo reemplazarla por enfoques más holísticos. A continuación, exploramos ambos lados de la balanza de forma estructurada.

Ventajas de Ceteris Paribus

1. Claridad en el análisis causal

El mayor valor del ceteris paribus es que permite identificar con precisión relaciones de causa y efecto entre dos variables, eliminando “el ruido” de otros factores. Esto es clave en un mundo donde todo está interconectado y puede influir sobre todo. Sin esta condición, sería imposible saber si A realmente causa B o si ambos son afectados por C.

Por ejemplo, al afirmar que “si aumenta la oferta de un bien, su precio bajará ceteris paribus”, podemos entender de inmediato el mecanismo de ajuste del mercado. Luego se pueden agregar más capas, pero el principio nos da el esqueleto básico.

2. Facilita la enseñanza y la comprensión

Para estudiantes de economía, el ceteris paribus es un salvavidas pedagógico. Ayuda a separar ideas complejas y descomponer fenómenos en partes manejables. Esta forma de enseñar favorece la construcción progresiva del conocimiento, desde lo más simple hasta lo más complejo.

Sin esta herramienta, el aprendizaje de conceptos como elasticidad, equilibrio de mercado o impacto fiscal se convertiría en un caos de variables y excepciones desde el primer día. El ceteris paribus crea un marco mental ordenado y accesible.

3. Permite modelización matemática

En economía formal, las ecuaciones requieren supuestos claros. Cada vez que se derivan funciones de producción, curvas de demanda o modelos macroeconómicos, se está utilizando ceteris paribus para mantener constantes todas las variables menos una. Esto es imprescindible para que los modelos sean funcionales y para que sus resultados sean interpretable.

La teoría económica sin este principio se convertiría en una colección de descripciones anecdóticas, incapaces de derivar leyes generales.

4. Alineación con el enfoque lógico-deductivo

Desde la perspectiva de la Escuela Austriaca, el ceteris paribus es una herramienta que permite desarrollar un sistema económico lógico, partiendo de axiomas y deduciendo consecuencias. Este tipo de análisis exige mantener ciertas condiciones constantes para que el razonamiento sea válido. En este contexto, el principio no es una concesión, sino un pilar estructural.

5. Versatilidad analítica

Se puede aplicar a todos los niveles: micro, macro, economía aplicada, finanzas, comercio internacional y más. Desde estudiar el comportamiento de un consumidor ante un cambio de precio, hasta analizar los efectos de una política monetaria expansiva. Su utilidad no tiene límites en cuanto a campos de aplicación.


Desventajas de Ceteris Paribus

1. Desconexión con la realidad compleja

Quizás la crítica más contundente: el ceteris paribus puede alejarnos de la realidad si no se usa con cuidado. En el mundo real, muy pocas cosas permanecen constantes. El riesgo es crear modelos elegantes pero inservibles, porque sus condiciones nunca se cumplen. Si los economistas se quedan solo en la abstracción y no dan el siguiente paso hacia la complejidad real, sus recomendaciones pueden ser inútiles o incluso dañinas.

2. Uso ideológico o dogmático

A veces, el ceteris paribus se usa para justificar teorías sin permitir que sean falsadas por los datos. Por ejemplo, si un modelo predice desempleo por aumento del salario mínimo ceteris paribus, y en la realidad no ocurre, algunos podrían alegar que “es que no se cumplió el supuesto”. Esto puede llevar a una actitud cerrada, donde la teoría nunca se somete a prueba real.

3. Dificultades para aplicarlo en entornos dinámicos

En fenómenos como crisis financieras, pandemias o guerras, donde todo cambia simultáneamente, es difícil que el ceteris paribus ofrezca análisis útiles. En estos casos, se necesitan modelos adaptativos, sistemas complejos y enfoques interdisciplinares. El ceteris paribus se queda corto como herramienta única.

4. Requiere mucha disciplina metodológica

Aplicar correctamente el ceteris paribus exige un alto nivel de rigor. El economista debe ser consciente de las variables que mantiene constantes y estar dispuesto a soltarlas en la segunda etapa del análisis. Si se queda atrapado en la simplificación, el modelo pierde valor predictivo.

5. No es intuitivo para el público general

Cuando los economistas usan ceteris paribus en el discurso público, muchas veces el público malinterpreta sus afirmaciones como predicciones absolutas. Esto crea confusión, desconfianza o rechazo. Explicar que “esto pasa si nada más cambia” no siempre es fácil ni bien recibido. La brecha entre el lenguaje técnico y la comprensión social puede ser una barrera.

Ceteris Paribus versus Mutatis Mutandis

Dentro del vocabulario técnico de la economía, es común encontrar expresiones latinas que ayudan a condensar conceptos complejos en fórmulas sintéticas. Dos de las más utilizadas —y también más confundidas— son ceteris paribus y mutatis mutandis. Aunque ambas expresiones operan dentro del análisis económico comparativo, representan enfoques muy diferentes en la forma de evaluar los cambios en un sistema.

¿Qué significa mutatis mutandis?

Mutatis mutandis se traduce literalmente como “cambiando lo que debe ser cambiado” o “realizando los ajustes necesarios”. En otras palabras, cuando se utiliza esta expresión, se está reconociendo que ciertos cambios deben ser considerados o ajustados para que la comparación sea válida. Es un enfoque dinámico y flexible que acepta que el entorno cambia, y con él deben cambiar ciertas condiciones para mantener coherencia en el análisis.

Por ejemplo, si se dice: “La política fiscal de 2025 tendrá los mismos efectos que la de 2008, mutatis mutandis”, se entiende que aunque el principio general puede ser comparable, hay diferencias en el contexto —como el nivel de deuda, el entorno global o el tipo de cambio— que deben ajustarse para que la analogía funcione.

Diferencias fundamentales con ceteris paribus

Mientras que ceteris paribus implica mantener constantes todas las demás variables para estudiar el impacto de una sola, mutatis mutandis implica lo contrario: aceptar que otras variables también cambian, y por tanto deben ser ajustadas para realizar una comparación razonable.