Si alguna vez escuchaste hablar de M1, M2 o M3 y no entendiste qué significan, estás en el lugar correcto. Los agregados monetarios son una de las herramientas más importantes (y peor explicadas) de la economía moderna. Los bancos centrales los usan para medir cuánto dinero circula en una economía, y a partir de esas mediciones toman decisiones que afectan directamente tu bolsillo.
El problema es que la mayoría de las fuentes te dan una definición técnica, te tiran una tabla con siglas y te dejan igual que antes. Acá vamos a ir mucho más allá: vas a entender qué son, cómo funcionan, por qué importan y, sobre todo, qué no te están contando sobre la relación entre los agregados monetarios, la creación de dinero y la inflación.
Qué es un agregado monetario
Un agregado monetario es una forma de medir la cantidad total de dinero que existe en una economía en un momento determinado. La palabra «agregado» simplemente significa «suma» o «conjunto»: se agrupan distintos tipos de activos financieros según lo fácil que sea usarlos como medio de pago.
La lógica es sencilla. No todo el dinero es igual de líquido. Los billetes que tenés en el bolsillo los podés usar inmediatamente para comprar algo. Un depósito a plazo fijo, en cambio, requiere esperar un tiempo o pagar una penalización para convertirlo en efectivo. Los agregados monetarios clasifican estos distintos tipos de dinero en categorías, desde los más líquidos hasta los menos líquidos.
Para qué sirven los agregados monetarios
Los bancos centrales utilizan los agregados monetarios para monitorear la evolución de la oferta de dinero. En teoría, si la cantidad de dinero crece demasiado rápido respecto a la producción de bienes y servicios, los precios suben. Si crece demasiado lento, la economía se estanca.
Esta es la narrativa oficial. En la práctica, como veremos más adelante, los bancos centrales han utilizado estas mediciones para justificar políticas de expansión monetaria que terminan generando exactamente lo que dicen querer evitar: inflación y ciclos de auge y caída.
Los agregados monetarios también sirven para que los economistas, los inversores y cualquier persona interesada pueda evaluar qué tan expansiva o restrictiva está siendo la política monetaria de un país. Si ves que M1 o M2 están creciendo al 20% o 30% anual, no necesitás ser un experto para saber que algo anda mal.
Quién define los agregados monetarios
Cada banco central define sus propios agregados monetarios según la estructura de su sistema financiero. El Banco Central Europeo (BCE) utiliza M1, M2 y M3. La Reserva Federal de Estados Unidos históricamente usó M1, M2 y M3, aunque dejó de publicar datos de M3 en 2006 (algo que no es casualidad, como analizaremos después). El Banco de México utiliza M1, M2, M3 y M4. El Banco de Inglaterra incluye M4.
Aunque las definiciones varían ligeramente de un país a otro, la lógica subyacente es siempre la misma: clasificar los activos financieros de menor a mayor liquidez.
Qué es el dinero: el punto de partida que casi nadie explica
Antes de hablar de M0, M1, M2 o M3, hay que entender algo fundamental que la mayoría de las fuentes pasan por alto: qué es el dinero. Sin esta base, los agregados monetarios son solo siglas vacías.
El dinero no es un invento del Estado ni de los bancos centrales. El dinero surgió de forma espontánea en el mercado como una solución al problema del trueque. Cuando las personas descubrieron que ciertos bienes eran más fáciles de intercambiar que otros (porque eran durables, divisibles, portátiles y escasos), esos bienes se convirtieron en dinero.
Durante miles de años, el oro y la plata cumplieron esta función. Nadie los impuso por decreto. Se convirtieron en dinero porque el mercado los eligió libremente.
La diferencia entre dinero mercancía y dinero fiat
El dinero mercancía es aquel que tiene valor intrínseco. El oro, por ejemplo, es útil en joyería, electrónica e industria, además de servir como medio de intercambio. Su valor no depende de que un gobierno lo respalde.
El dinero fiat, en cambio, es aquel que tiene valor solamente porque un gobierno lo declara como moneda de curso legal y obliga a aceptarlo. Los billetes de dólar, euro o peso no tienen ningún valor intrínseco. Son papeles (o registros digitales) cuyo poder adquisitivo depende enteramente de la confianza en la institución que los emite y de la cantidad que esa institución decida crear.
Como explicó Murray Rothbard en «El misterio de la banca», todo el sistema monetario moderno se basa en esta sustitución: se reemplazó un dinero que nadie podía fabricar a voluntad (el oro) por un dinero que los bancos centrales pueden crear sin límite. Esta distinción es esencial para entender por qué los agregados monetarios importan tanto.
Por qué importa esta distinción para entender los agregados
Cuando los agregados monetarios miden el oro en circulación, están midiendo algo real y escaso. Cuando miden dinero fiat, están midiendo algo que puede multiplicarse con solo apretar unas teclas en una computadora del banco central.
Esta es la razón por la que el crecimiento de los agregados monetarios en un sistema fiat es siempre sospechoso. No refleja un aumento de la riqueza real, sino una expansión artificial de la cantidad de dinero. Y como veremos, esa expansión tiene consecuencias devastadoras.
Los tipos de agregados monetarios: M0, M1, M2, M3 y M4
Ahora sí, vamos a los agregados concretos. Cada uno incluye al anterior y le suma activos financieros de menor liquidez.
M0: la base monetaria
M0 es el agregado más estrecho de todos. Incluye únicamente los billetes y monedas en circulación más las reservas que los bancos comerciales mantienen depositadas en el banco central.
A M0 también se le conoce como «base monetaria» o «dinero de alta potencia». Este último nombre es revelador: se llama así porque cada unidad de base monetaria puede multiplicarse varias veces a través del sistema bancario de reserva fraccionaria. Un billete de 100 dólares depositado en un banco puede convertirse en 1.000 dólares o más de «dinero bancario» a través del proceso de expansión crediticia.
M0 es el único agregado sobre el que el banco central tiene control directo. Todo lo demás depende de las decisiones de los bancos comerciales y del público.
M1: el dinero en sentido estricto
M1 incluye todo lo que está en M0 (excluyendo las reservas bancarias) más los depósitos a la vista. Es decir, M1 es el efectivo en manos del público más el dinero depositado en cuentas corrientes que se puede retirar en cualquier momento sin penalización.
M1 representa el dinero más líquido de la economía, el que la gente usa día a día para comprar bienes y servicios. Si tenés billetes en la billetera o plata en una cuenta corriente que podés transferir con el celular, eso es M1.
En la definición del Banco Central Europeo, M1 se denomina «agregado monetario estrecho» e incluye el efectivo en circulación más los depósitos a la vista de los residentes en la zona euro.
M2: el dinero en sentido amplio
M2 incluye todo lo que está en M1 más los depósitos a plazo fijo de hasta dos años y los depósitos disponibles con preaviso de hasta tres meses.
La diferencia clave con M1 es que estos activos adicionales no son tan fáciles de convertir en efectivo de forma inmediata. Si tenés un plazo fijo a un año, no podés ir al supermercado y pagar con él. Primero tenés que esperar el vencimiento o cancelarlo anticipadamente (generalmente con una pérdida de intereses).
El BCE denomina a M2 como «agregado monetario intermedio». En la práctica, M2 captura lo que muchas personas consideran sus «ahorros» en el sentido tradicional: el dinero que tienen guardado en el banco pero que no usan todos los días.
M3: el agregado amplio
M3 incluye todo lo que está en M2 más las cesiones temporales de dinero (repos), las participaciones en fondos del mercado monetario y los valores de renta fija con vencimiento de hasta dos años emitidos por instituciones financieras.
Este es el agregado que el BCE considera más relevante para el seguimiento de la política monetaria. La lógica es que M3 es más estable que M1 o M2, porque cuando las personas mueven dinero de una cuenta corriente a un fondo monetario (por ejemplo), M1 baja pero M3 se mantiene igual.
Ahora bien, M3 también es el agregado que mejor refleja la magnitud de la expansión monetaria total. Cuando M3 crece a tasas de dos dígitos, como ocurrió en la zona euro antes de la crisis de 2008 o en Estados Unidos durante los programas de quantitative easing, es una señal inequívoca de que el banco central está inundando la economía de dinero nuevo.
M4 y más allá
Algunos países utilizan agregados aún más amplios. M4 incluye todo lo contenido en M3 más bonos, letras del tesoro, pagarés y otros instrumentos financieros de mayor plazo.
El Banco de Inglaterra, por ejemplo, publica datos de M4. México también utiliza M4 para captar la totalidad del ahorro financiero interno. España históricamente definió los ALP (Activos Líquidos en manos del Público), un concepto similar a M4 o incluso M5.
A medida que se sube en la escala de agregados, se incluyen activos cada vez menos líquidos. En algún punto, la línea entre «dinero» y «no dinero» se vuelve arbitraria. Y ese, precisamente, es uno de los problemas que la Escuela Austriaca ha señalado durante décadas.
La relación entre agregados monetarios y la oferta de dinero
Los agregados monetarios no son solo una forma de medir el dinero existente. Son un reflejo directo de cómo funciona el sistema bancario moderno y de cómo se crea dinero nuevo.
Cómo los bancos crean dinero de la nada
Este es probablemente el punto más importante y menos comprendido de toda la economía monetaria. Los bancos comerciales no se limitan a guardar el dinero de los depositantes. Prestan la mayor parte de ese dinero, y al hacerlo, crean dinero nuevo.
Funciona así: depositás 1.000 pesos en un banco. El banco guarda una fracción como reserva (digamos el 10%, es decir 100 pesos) y presta los otros 900 pesos a otra persona. Esa persona usa los 900 pesos para pagar a alguien, que a su vez los deposita en otro banco. Ese segundo banco guarda 90 pesos de reserva y presta 810 pesos. Y así sucesivamente.
Al final del proceso, los 1.000 pesos originales se han convertido en hasta 10.000 pesos de depósitos bancarios (con una tasa de reserva del 10%). Tu depósito original sigue apareciendo en tu cuenta, pero el banco ya prestó la mayor parte. Los 1.000 pesos «existen» simultáneamente en tu cuenta y en las cuentas de otros. Esto es lo que se llama expansión crediticia a través de la reserva fraccionaria.
Los agregados monetarios reflejan este fenómeno. M0 (la base monetaria) es relativamente pequeño. M1, M2 y M3 son mucho más grandes porque incluyen todo el dinero bancario creado a través de este proceso multiplicador.
La reserva fraccionaria y la expansión crediticia
El sistema de reserva fraccionaria es el mecanismo central por el cual la oferta monetaria se multiplica. Y es, según la Escuela Austriaca de Economía, la raíz de los problemas monetarios modernos.
Rothbard fue categórico al respecto: la reserva fraccionaria es, en esencia, un fraude. El banco le dice a cada depositante que su dinero está disponible cuando lo necesite, pero simultáneamente presta ese mismo dinero a otras personas. Si todos los depositantes fueran al banco al mismo tiempo a retirar su dinero (una corrida bancaria), el banco no podría cumplir sus obligaciones.
Jesús Huerta de Soto, en «Dinero, crédito bancario y ciclos económicos», desarrolló extensamente este argumento y demostró que la reserva fraccionaria viola los principios generales del derecho de propiedad aplicables al contrato de depósito irregular de dinero. No se trata solo de un problema técnico: es un problema jurídico y ético de primer orden.
Este mecanismo de creación de dinero es el que hace que los agregados monetarios puedan crecer a velocidades muy superiores al crecimiento de la economía real. Y cuando eso ocurre, las consecuencias son previsibles.
Agregados monetarios e inflación: la conexión que los bancos centrales prefieren ignorar
Hay una relación directa entre el crecimiento de los agregados monetarios y la inflación. No es una teoría: es una ley económica que se ha verificado una y otra vez a lo largo de la historia.
Por qué aumentar los agregados monetarios genera inflación
La explicación es lógica. Si la cantidad de bienes y servicios en una economía se mantiene igual (o crece lentamente) pero la cantidad de dinero aumenta rápidamente, cada unidad de dinero vale menos. Los precios suben. Eso es inflación.
Los economistas de la Escuela Austriaca fueron los primeros en entender correctamente este fenómeno. Ludwig von Mises, en «La acción humana», explicó que la inflación no es «la suba de precios», sino el aumento de la cantidad de dinero y crédito. La suba de precios es solo la consecuencia visible de la inflación monetaria.
Rothbard fue aún más directo. En «Qué ha hecho el gobierno de nuestro dinero», explicó que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno producido por el gobierno (o por los bancos con la complicidad del gobierno). Ningún particular puede crear dinero de la nada. Solo los bancos centrales y el sistema de reserva fraccionaria pueden hacerlo.
Cuando ves que M1, M2 o M3 crecen al 10%, 20% o 40% anual, sabés con certeza que los precios van a subir. Puede haber un desfase temporal, pero la relación es inevitable.
Ejemplos históricos: de Weimar a Argentina
La historia está llena de ejemplos que confirman esta relación.
La República de Weimar (Alemania, 1921-1923) es el caso clásico. El gobierno alemán financió sus deudas imprimiendo dinero a una velocidad enloquecida. Los agregados monetarios crecieron exponencialmente y los precios hicieron lo mismo. En noviembre de 1923, un dólar equivalía a 4,2 billones de marcos.
Zimbabwe experimentó algo similar entre 2007 y 2008. El banco central expandió la base monetaria de forma descontrolada para financiar el gasto del gobierno de Robert Mugabe. La inflación alcanzó cifras estimadas en miles de millones por ciento anual. Los agregados monetarios se multiplicaron por millones, pero la producción real colapsó.
Venezuela, desde 2016 hasta la actualidad, repitió el mismo patrón. El Banco Central de Venezuela expandió M2 a tasas superiores al 1.000% anual en los peores momentos. El resultado fue una hiperinflación que destruyó los ahorros de millones de personas.
Argentina es otro caso emblemático, y particularmente doloroso. La base monetaria y M2 crecieron de forma consistente muy por encima del crecimiento del PBI durante décadas. El resultado es un país con inflación crónica que supera el 100% anual y una moneda que pierde valor de forma constante frente al dólar. Cada vez que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) expande los agregados monetarios para financiar el déficit fiscal, los precios responden en consecuencia. No hay magia ni excepción a la regla.
En todos estos casos, la secuencia es idéntica: el gobierno gasta más de lo que recauda, el banco central crea dinero nuevo para cubrir la diferencia, los agregados monetarios explotan y los precios se disparan.
La crítica austriaca a los agregados monetarios
La Escuela Austriaca no solo explica mejor que nadie la relación entre dinero e inflación. También ofrece una crítica profunda a la forma en que los bancos centrales definen y utilizan los agregados monetarios.
El problema de medir «la cantidad de dinero»
Uno de los problemas fundamentales es que los agregados monetarios mezclan cosas que no deberían mezclarse. M1, por ejemplo, incluye el efectivo en manos del público y los depósitos a la vista. Pero estos dos elementos son cualitativamente distintos.
El efectivo existe físicamente. Un billete de 100 dólares es un bien tangible que podés sostener en la mano. Un depósito a la vista, en cambio, es solo una promesa del banco de entregarte dinero cuando lo pidas. Gracias a la reserva fraccionaria, esa promesa no está respaldada al 100%. Es, en términos jurídicos, una ficción.
Sumar ambos como si fueran lo mismo es un error conceptual. Y ese error se multiplica a medida que subís en la escala de agregados: M2 y M3 incluyen instrumentos cada vez más alejados de lo que cualquier persona razonable consideraría «dinero».
Murray Rothbard y la verdadera definición de oferta monetaria
Rothbard propuso una definición alternativa y más rigurosa de oferta monetaria, conocida como TMS (True Money Supply, o «oferta monetaria verdadera»). La idea central es incluir solo aquellos activos que son sustitutos perfectos del dinero en efectivo, es decir, que pueden usarse inmediatamente como medio de pago sin pérdida de valor nominal.
La TMS incluye el efectivo en circulación, los depósitos a la vista, las cuentas de ahorro disponibles inmediatamente y los depósitos del gobierno en bancos y en el banco central. Excluye los fondos del mercado monetario, los repos y otros instrumentos que los agregados convencionales incluyen en M2 o M3 pero que no son dinero en sentido estricto.
La ventaja de la TMS es que ofrece una medición más precisa de la cantidad real de dinero disponible para transacciones. Los agregados convencionales, al incluir instrumentos de distintos grados de liquidez, tienden a subestimar o sobreestimar la expansión monetaria real dependiendo de cómo se muevan los componentes internos.
La Teoría Austriaca del Ciclo Económico y la expansión de M1, M2 y M3
La Escuela Austriaca demostró que la expansión artificial de los agregados monetarios (vía expansión crediticia) no solo causa inflación, sino que también genera los ciclos económicos de auge y caída.
El mecanismo es el siguiente: cuando el banco central baja artificialmente la tasa de interés y los bancos comerciales expanden el crédito más allá del ahorro real, los agregados monetarios crecen. Ese dinero nuevo entra en la economía y se dirige hacia inversiones de largo plazo (inmobiliarias, bursátiles, etc.) que parecen rentables a las tasas bajas artificiales pero que no lo serían a las tasas naturales de mercado.
Esto genera un auge artificial. Todo parece ir bien: los precios de los activos suben, hay empleo, hay crédito fácil. Pero la estructura productiva se ha distorsionado. Se están emprendiendo proyectos que no tienen respaldo en ahorro real.
Cuando la realidad se impone (porque la expansión crediticia no puede sostenerse indefinidamente), viene la caída. Las inversiones insostenibles se revelan como tales, las empresas quiebran, el desempleo sube y los precios de los activos se desploman. Es la recesión.
Mises describió este proceso con precisión en «La teoría del dinero y del crédito» (1912). Rothbard lo desarrolló extensamente en «La Gran Depresión en América» y en «El misterio de la banca». Huerta de Soto lo sistematizó magistralmente en su tratado sobre el dinero y el crédito bancario.
El crecimiento acelerado de los agregados monetarios es, por tanto, la señal más clara de que se está gestando un ciclo de auge artificial que inevitablemente terminará en crisis.
Agregados monetarios en la práctica: qué miran los bancos centrales hoy
Entender qué hacen los principales bancos centrales con los agregados monetarios ayuda a ver el panorama completo.
El BCE y el seguimiento de M3
El Banco Central Europeo utiliza M3 como principal referencia monetaria. Históricamente, el BCE estableció un «valor de referencia» de crecimiento anual de M3 del 4,5%, considerado compatible con la estabilidad de precios.
En la práctica, el BCE ha superado ampliamente ese valor de referencia en múltiples ocasiones. Antes de la crisis de 2008, M3 crecía a tasas cercanas al 12% anual. Después de los programas de quantitative easing iniciados en 2015, la base monetaria y los agregados volvieron a expandirse enormemente.
El BCE publica mensualmente datos detallados sobre M1, M2 y M3, incluyendo sus contrapartidas (crédito al sector privado, crédito al gobierno, activos exteriores netos, etc.). Esta información es valiosa para cualquiera que quiera entender hacia dónde va la política monetaria europea.
La Reserva Federal y el abandono de M3
La Reserva Federal de Estados Unidos dejó de publicar datos de M3 en marzo de 2006. La justificación oficial fue que M3 no aportaba información adicional relevante respecto a M2.
Desde la perspectiva austriaca, esta decisión es altamente sospechosa. M3 es el agregado que mejor captura la expansión monetaria total, incluyendo los instrumentos financieros más complejos. Dejar de publicarlo justo antes de la mayor expansión monetaria de la historia reciente (los rescates de 2008 y el quantitative easing posterior) resulta, como mínimo, conveniente.
La Fed sigue publicando datos de M1 y M2. Y basta con mirar esos datos para ver la magnitud de la expansión: entre febrero de 2020 y febrero de 2022, M2 en Estados Unidos pasó de aproximadamente 15,5 billones de dólares a más de 21,5 billones. Un aumento del 40% en dos años. Las consecuencias inflacionarias no se hicieron esperar.
Conclusión
Los agregados monetarios son mucho más que siglas técnicas en un manual de economía. Son el termómetro que mide la fiebre del sistema monetario. Cuando M0, M1, M2 o M3 crecen a velocidades muy superiores al crecimiento de la economía real, sabés que se está creando dinero de la nada, y que eso va a tener consecuencias.
La perspectiva convencional te dice que los agregados monetarios son herramientas neutrales de medición. La Escuela Austriaca te dice la verdad: son el registro contable de un sistema basado en la expansión crediticia sin respaldo, la reserva fraccionaria y la manipulación de las tasas de interés por parte de los bancos centrales.
Entender los agregados monetarios es el primer paso para entender por qué los precios suben, por qué las crisis financieras se repiten cíclicamente y por qué tu dinero pierde poder adquisitivo año tras año. No es un misterio. No es mala suerte. Es la consecuencia lógica e inevitable de un sistema monetario diseñado para beneficiar a quienes crean el dinero a costa de quienes lo usan.
