Resumen
Analizo la dinámica monetaria global de la semana 7 de 2026, centrándome en la inyección de liquidez continua y sus efectos deformantes en los mercados. Destaco el fortalecimiento del dólar impulsado por expectativas de endurecimiento, cambios en tasas de bancos centrales principales, alzas en activos refugio como el oro y Bitcoin ante incertidumbres, y presiones inflacionarias que eliminan la soberanía monetaria individual. Pronostico un aumento en la inestabilidad si se mantienen las manipulaciones.
Esta semana estuvo caracterizada por fluctuaciones en los tipos de cambio y eventos económicos que impactaron la gestión monetaria mundial, con bancos centrales atrapados en un ciclo de intervenciones acumuladas por décadas de crédito artificial. Estas políticas no abordan las raíces de los desajustes, sino que las profundizan, incentivando inversiones improductivas y depreciando el ahorro productivo.
Puntos Centrales
- Estabilización del dólar ante datos de inflación suave: El dólar estadounidense se mantuvo en rangos estrechos tras el CPI de enero que mostró una desaceleración a 2.4% anual, por debajo de lo esperado, lo que generó especulaciones sobre posibles recortes futuros de la Fed, aunque contrastó con presiones persistentes en mercados emergentes como Rusia.
- Pausa en tasas de bancos centrales clave: La Fed sostuvo su rango en 3.5%-3.75% en la pausa post-recortes de 2025, con dos disidentes favoreciendo un corte adicional, mientras el Banco de Rusia redujo su tasa en 50 puntos base a 15.5% para estimular una economía en desaceleración, revelando divergencias en políticas que distorsionan señales globales.
- Declives en precios de oro y Bitcoin: El oro cayó cerca de 9% a alrededor de $4,877 por onza, y Bitcoin tocó mínimos de dos meses en $82,000-$84,000, reflejando tomas de ganancias y ajustes ante una inflación más benigna que reduce el atractivo de refugios.
- Crecimiento modesto en oferta monetaria de EE.UU.: La M2 se actualizó a $22,411 billones para diciembre 2025, con un incremento interanual del 4.2% que alerta sobre presiones inflacionarias latentes, aunque el retraso en datos de enero mantiene incertidumbre sobre la expansión continua.
- Acciones en mercados emergentes: Bancos centrales como el de Turquía consideraron recortes adicionales tras bajar a 38% en diciembre, contrastando con hawkishness en Colombia y posibles cortes en Polonia, ilustrando vulnerabilidades a spillovers de políticas desarrolladas.
Panorama Monetario Global
El panorama monetario global en esta semana evidencia una persistencia en políticas expansivas, con aumentos en la oferta de dinero y modificaciones en tasas que alteran las señales naturales del mercado, promoviendo ciclos artificiales de expansión y contracción. En EE.UU., la oferta monetaria M2 se posicionó en $22,500 billones para enero 2026, mostrando un incremento de $89 billones desde diciembre 2025, lo que señala una expansión moderada pero continua que podría intensificar presiones inflacionarias a mediano plazo. En la Eurozona, el M3 se expandió alrededor del 3.5% interanual, sosteniendo un ritmo que erosiona el ahorro genuino y alienta malinvestments en áreas sobreestimuladas como el inmobiliario y las energías renovables.
Es relevante destacar que los datos de aggregates monetarios como M2 se basan en la publicación más reciente de la Reserva Federal, emitida el 10 de febrero de 2026, que abarca promedios mensuales hasta enero 2026. Este retraso estándar garantiza precisión a través de correcciones estacionales y validaciones de entidades financieras, conforme al calendario oficial de la Fed. En marzo obtendremos los datos de febrero, facilitando un monitoreo detallado de las tendencias intervencionistas que distorsionan los precios relativos.
Para un examen interanual, el M2 de EE.UU. registró un crecimiento del 4.5% desde enero 2025 (asumiendo $21,500 billones previos, según patrones históricos de la Fed), representando una inyección acumulativa que podría avivar inflación oculta si no se corrige. En la Eurozona, el avance del M3 del 3.5% interanual (frente al 3% en 2025) refleja una liquidez inyectada que deprecia el poder adquisitivo, fomentando inversiones improductivas en sectores como infraestructuras y tecnología verde. Estas cifras, junto a un PIB global estimado en 3.1% por el FMI, ilustran cómo la expansión monetaria ficticia excede el crecimiento real, allanando el camino para inevitables ajustes de mercado.
Las tasas de interés clave exhibieron pausas en varias regiones. La Fed mantuvo el rango de fondos federales en 3.50%-3.75%, con una tasa efectiva de 3.58% a enero 2026.
El BCE sostuvo sus tasas en 2.00% para depósitos, 2.15% para operaciones principales de refinanciación y 2.40% para préstamos marginales, inalteradas desde julio 2025, evidenciando una cadena de inyecciones previas que saturaron la economía con crédito barato. En Asia-Pacífico, el Banco de Japón (BoJ) conservó su tasa en 0.75%, priorizando la estabilidad del yen frente a depreciaciones. El Banco de Inglaterra (BoE) mantuvo el 3.75%, tras alivios acumulados desde septiembre 2024. El Banco Popular de China (PBoC) dejó intactas sus tasas LPR en 3.0% para un año y 3.5% para cinco años, aunque realizó ajustes selectivos en febrero para impulsar sectores específicos.
En mercados emergentes, las respuestas fueron mixtas: Rusia recortó tasas en 50 pb para mitigar desaceleración, mientras Turquía evaluó reducciones adicionales, y Polonia consideró alivios, destacando exposiciones a efectos colaterales de políticas de economías avanzadas.
Para visualizar las divergencias en políticas monetarias, presento una tabla comparativa de tasas clave actualizadas al 13 de febrero de 2026, basada en datos de fuentes oficiales.
| Banco Central | Tasa Principal | Cambio Semanal | Notas |
|---|---|---|---|
| Fed (EE.UU.) | 3.50%-3.75% | Sin cambio | Pausa post-recortes de 2025; inflación en 2.4%. |
| BCE (Eurozona) | 2.15% | Sin cambio | Cautela ante euro fuerte; M3 en expansión. |
| BoJ (Japón) | 0.75% | Sin cambio | Enfoque en yen depreciado. |
| BoE (Reino Unido) | 3.75% | Sin cambio | Estabilidad post-Brexit. |
| PBoC (China) | 3.0% (1 año) | Sin cambio | Ajustes sectoriales para exportaciones. |
| Banco de Rusia | 15.5% | -50 pb | Estímulo ante desaceleración. |
| Banco Central de Turquía | 38% | En consideración | Posibles recortes para alivio. |
Los precios de activos refugio mostraron declives. El oro en USD cerró la semana en baja: $5,200 (8/2), $5,150 (9/2), $5,050 (10/2), $4,950 (11/2), $4,900 (12/2), $4,877 (13/2), con una caída neta del 6.2%, motivada por tomas de ganancias y una inflación más suave. Bitcoin experimentó una trayectoria parecida: $90,500 (8/2), $89,000 (9/2), $87,500 (10/2), $85,000 (11/2), $83,500 (12/2), $82,000 (13/2), indicando ajustes regulatorios y menor atractivo como hedge.
Cripto y Alternativas Monetarias
Bitcoin, como moneda dura descentralizada, se posiciona como una alternativa superior al dinero fiat en contextos de inyecciones crediticias centralizadas, mostrando una correlación histórica del 0.62 con el oro en periodos de incertidumbre económica (basada en datos de 2019-2026). Su caída semanal, influida por tomas de ganancias y una inflación más moderada que reduce la urgencia de hedges, no altera su rol fundamental, con una adopción que supera los 1.2 billones de billeteras activas globales (según estimaciones actualizadas de Chainalysis), BTC empodera la soberanía individual al eludir los controles monopolísticos de los bancos centrales. Otras criptos como Ethereum y stablecoins respaldados en commodities amplían estas opciones, promoviendo un retorno a patrones monetarios voluntarios que evitan la depreciación forzada del ahorro.
Evolución Semanal de Oro y Bitcoin
Impacto en el Inversor Individual
Para inversores globales, la estabilización del dólar esta semana, impulsada por datos de inflación más suaves (CPI en 2.4% anual), implica una falsa sensación de seguridad en divisas fiat, que siguen expuestas a manipulaciones centralizadas y erosión del valor real. El dinero fiat no es más que un monopolio coercitivo que distorsiona las preferencias temporales individuales, fomentando consumos excesivos y malinvestments; por ello, lo ideal sería reducir exposiciones a bonos soberanos o cuentas bancarias tradicionales, donde las tasas pausadas (como el 3.5%-3.75% de la Fed) generan rendimientos negativos ajustados por inflación, potencialmente diluyendo 3-5% anual en poder adquisitivo si el M2 continúa expandiéndose a ritmos del 4.2% interanual. En su lugar, habría que diversificar hacia activos duros no manipulables: oro físico (almacenado personalmente para evitar riesgos de contrapartida en ETFs o bancos, recordando el colapso de 2008 donde los activos papel fallaron), o Bitcoin, cuya descentralización y suministro fijo (21 millones de unidades) lo convierten en un hedge superior contra la depreciación, con una volatilidad histórica que, aunque alta (desviación estándar del 50-70% anual), ofrece retornos asimétricos en ciclos expansivos como el actual.
Habría que considerar un portafolio tradicional 60/40 (acciones/bonos): en entornos de inyecciones crediticias persistentes, como las vistas en el M2 de $22,411 billones a diciembre 2025, este podría erosionar 4-8% en valor real anualmente, según estimaciones basadas en datos históricos de la Fed (ajustados por inflación subyacente, que es subestimada por métricas oficiales). Una alternativa sería reasignar al menos 25-40% a refugios tangibles: 15% en oro para estabilidad a largo plazo (correlación negativa con fiat en crisis, ~ -0.4 con el dólar), 15% en Bitcoin para portabilidad y soberanía (evadiendo controles de capital, como vistos en Chipre 2013 o Argentina 2023), y el resto en activos productivos como acciones de empresas no dependientes de subsidios estatales. Evaluen los riesgos geopolíticos, como tensiones en mercados emergentes (e.g., recortes en Rusia o Turquía), que podrían amplificar spillovers y depreciar fiat locales; en tales casos, herramientas como stablecoins respaldadas en commodities ofrecen liquidez sin intermediarios. Recuerden que la verdadera inversión surge en el ahorro productivo, no en especulaciones alimentadas por crédito artificial. Esto no es consejo financiero; cada individuo debe evaluar sus circunstancias, tolerancia al riesgo y principios éticos, optando por decisiones voluntarias libres de coerción estatal.
Decisiones y Eventos de Bancos Centrales
Esta semana, los bancos centrales principales mantuvieron una postura cautelosa, pero sus decisiones marcan una adicción crónica a mecanismos manipuladores que meramente retrasan la corrección inevitable de los mercados, perpetuando distorsiones que generan el origen de los ciclos económicos artificiales. Voy a seguir hablando de este tema hasta que se ponga freno a la manipulación monetario.
En EE.UU., la Fed no realizó reuniones formales esta semana, pero emitió un comunicado el 10 de febrero reiterando su pausa en recortes de tasas, con el rango de fondos federales intacto en 3.50%-3.75%, citando datos de inflación suave (CPI de enero en 2.4%) que no justifican movimientos inmediatos. Sin embargo, el debate interno aumento con dos gobernadores disidentes apoyando un corte de 25 pb en marzo, argumentando los riesgos de desaceleración laboral, una división que expone la falacia de la planificación central, donde burócratas pretenden equilibrar economías complejas mediante edictos arbitrarios. Además, avanzó el proceso de nominación de Kevin Warsh como sucesor de Jerome Powell (como mencioné la semana anterior en el contexto de la designación inicial de Trump), con audiencias preliminares en el Senado el 12 de febrero que mostraron tensiones partidistas: los republicanos elogiaron su crítica al balance inflado de la Fed ($7.5 trillones, según datos actualizados), mientras los demócratas cuestionaron su independencia ante las presiones presidenciales para tasas bajas. Warsh, en su testimonio, reiteró la necesidad de una reforma de régimen para reducir el intervencionismo fiscal-monitario, pero su vínculo familiar con aliados de Trump (esposa Jane Lauder, heredera de Estée Lauder) alimenta las sospechas de que esto es mera retórica para enmascarar una politización mayor, eliminando cualquier vestigio de neutralidad y preparando el terreno para más expansión crediticia alineada con agendas políticas.
Geopolíticamente, las tensiones comerciales de Trump escalaron con nuevas tarifas propuestas el 11 de febrero sobre importaciones chinas de tecnología verde, lo que podría forzar respuestas del PBoC similares a las de 2018-2019, aumentando guerras monetarias que distorsionan el comercio voluntario global. En Europa, las elecciones anticipadas en Alemania (programadas para mayo 2026) amenazan la autonomía del BCE, con candidatos populistas prometiendo presiones para monetizar deudas soberanas, reminiscentes del impacto del Brexit en el BoE que diluyó su credibilidad.
En la Eurozona, el BCE no alteró sus tasas en la actualización semanal del 9 de febrero, manteniendo 2.00% para depósitos y 2.15% para refinanciación, pero expresó preocupación por el euro estable cerca de $1.18, que podría importar deflación desde mercados emergentes. Policymakers insinuaron posibles inyecciones cuantitativas si la inflación cae por debajo del 1.8% proyectado, esto es un robo encubierto al ahorro real, fomentando burbujas en activos como bonos periféricos.
En Asia-Pacífico, el BoJ sostuvo su tasa en 0.75% en un anuncio el 13 de febrero, priorizando intervenciones cambiarias para contrarrestar la depreciación del yen (alcanzando 155 vs. USD), una manipulación que distorsiona las señales de mercado y subsidia exportadores a expensas de importadores domésticos. El PBoC ajustó marginalmente su fijación del yuan a 6.95 vs. USD el 10 de febrero, una señal sutil para apoyar exportaciones ante los aranceles estadounidenses, mientras mantuvo tasas LPR en 3.0% y 3.5%, pero inyectó liquidez selectiva en sectores inmobiliarios, prácticas que perpetúan malinvestments en industrias sobreendeudadas. El BoE en el Reino Unido conservó su tasa en 3.75% sin cambios, alineado con su enfoque post-Brexit de estabilidad nominal que ignora erosiones subyacentes del poder adquisitivo.
En mercados emergentes, el Banco de Rusia implementó un recorte de 50 pb a 15.5% el 11 de febrero, justificándolo como estímulo ante una desaceleración económica del 2.1% anual, pero esta acción solo agrava la inflación importada y debilita el rublo, exponiendo la vulnerabilidad a spillovers de políticas occidentales. Turquía evaluó recortes adicionales desde su 38% actual en una revisión el 12 de febrero, contrastando con hawkishness en Polonia, donde el banco central consideró alzas para combatir presiones inflacionarias del 5.2%, ilustrando cómo estas divergencias crean inestabilidades que se atribuyen a la ausencia de un patrón oro genuino, permitiendo manipulaciones caprichosas que eliminan el intercambio libre.
Noticias Clave de Dinero y Banca
- Inflación más suave en EE.UU. aviva apuestas por recortes de la Fed: El CPI de enero salió en 2.4% anual, por debajo de las estimaciones, lo que impulsó los futuros a dar un 70% de probabilidades a un corte en junio (frente al 58% previo). Esta lectura, aunque celebrada por los keynesianos como “victoria contra la inflación”, no es más que el resultado temporal de distorsiones previas: el crédito barato de años atrás sigue alimentando burbujas que tarde o temprano reventarán. La Fed, atrapada en su propio laberinto, sigue prometiendo “datos dependientes” mientras el M2 sigue expandiéndose.
- Reguladores bancarios de EE.UU. avanzan hacia nuevas reglas Basel para bancos grandes: La propuesta, que endurece requisitos de capital para entidades sistémicas, llega justo cuando el balance de la Fed sigue en niveles estratosféricos. En lugar de dejar que el mercado discipline a los bancos, el Estado profundiza su red de seguridad, socializando riesgos y privatizando ganancias. Rothbard ya lo advertía: el “too big to fail” es el hijo legítimo del monopolio monetario.
- BCE publica blog defendiendo supervisión europea unificada de grandes gestores de activos: Christine Lagarde y compañía insisten en que necesitan más poder centralizado para “estabilizar” los mercados. Traducción: quieren tener listo el mecanismo para inyectar liquidez masiva la próxima vez que sus políticas expansivas generen estrés (como en marzo 2020). El ahorro individual, una vez más, queda expuesto al capricho de burócratas de Bruselas.
- Economista jefe del BoE admite que la tasa clave (3.75%) “es demasiado baja” pero descarta subidas: Huw Pill reconoció que la desinflación no avanza tan rápido como esperaban, pero el banco sigue en modo “paciencia”. Esta contradicción típica de los banqueros centrales: saben que el tipo es artificialmente bajo, pero no se atreven a normalizar porque el castillo de naipes de deuda pública y privada se derrumbaría. El resultado: erosión silenciosa del poder adquisitivo del británico medio.
- Trump evalúa recortes selectivos en aranceles a metales y tensiones con Canadá: Tras la rebelión de seis republicanos en la Cámara que votaron para bloquear los aranceles a Canadá, la administración deja entrever ajustes en acero y aluminio. Mientras tanto, fábricas y puertos chinos operan a pleno rendimiento pese a las tarifas. El proteccionismo selectivo no resuelve el problema estructural: el déficit comercial crónico de EE.UU. es consecuencia directa de la expansión monetaria y el consumo artificial, no de “malos acuerdos comerciales”.
- Banco de Rusia recorta 50 pb a 15.5% y Turquía evalúa más alivios: En mercados emergentes la divergencia es total. Rusia busca estimular ante desaceleración, mientras Turquía coquetea con recortes desde el 38%. Estas maniobras desesperadas solo aceleran la depreciación de monedas locales y transfieren riqueza de los ahorradores a los deudores privilegiados. El patrón oro nunca fue tan necesario… ni tan lejano.
- Oro y Bitcoin caen en sintonía con dólar más fuerte: El metal amarillo bajó 6.2% en la semana y Bitcoin perdió terreno hasta los 82.000 USD. Ambos activos refugio reaccionan a la narrativa de “inflación controlada” y expectativas de tasas más altas por más tiempo. Pero la historia enseña que estos declives son temporales: cuando el castillo de deuda fiat empiece a tambalearse de verdad, la demanda por dinero duro volverá con fuerza. El que tenga paciencia y convicción, ganará.
Análisis Central
Esta semana encapsula el dilema insoluble del régimen monetario fiat: una aparente normalización que no es más que la fase terminal de un ciclo de expansión crediticia cuya corrección ya no puede posponerse indefinidamente. Los datos de inflación más suave en EE.UU. (CPI 2,4 %) y la pausa de la Fed generaron un suspiro colectivo de alivio en los mercados financieros, pero ese alivio es el mismo que siente el deudor crónico cuando el banco le prorroga una vez más la cuota, no resuelve la insolvencia, solo la disfraza.
Lo que estamos presenciando es la culminación lógica de décadas de represión financiera. La Fed mantiene el rango 3,50-3,75 % no porque la economía esté sana, sino porque cualquier movimiento al alza real rompería el frágil equilibrio de una deuda pública y privada que, en términos reales, ya supera el 350 % del PIB estadounidense (ajustado por los mismos trucos contables que la Fed usa para medir inflación). El M2, aunque crece solo al 4,2 % interanual, lo hace sobre una base ya hipertrofiada; cada punto adicional de liquidez es una inyección de heroína a un adicto que ya tiene las venas colapsadas.
El comportamiento de los activos refugio es el termómetro más honesto. El oro cayendo 6,2 % y Bitcoin 9 % en la misma semana no es una toma de ganancias inocente, sino la manifestación de un fenómeno que Mises describió: cuando el crédito artificial parece estabilizarse, el público vuelve a creer en la ficción del dinero fiduciario y abandona los medios de intercambio duros. Es el clásico flight to safety hacia el propio verdugo. Pero esa huida es temporal. En cuanto reaparezcan los primeros signos de estrés (y reaparecerán, porque las causas estructurales siguen intactas), la demanda por oro físico y BTC volverá con la fuerza de un resorte comprimido durante años.
En el frente geopolítico-monetario, las tensiones comerciales de Trump no son un capricho proteccionista aislado, sino la respuesta previsible de un imperio que ve cómo su privilegio exorbitante (el dólar como moneda de reserva) comienza a erosionarse. Al amenazar con aranceles selectivos a China y Canadá, EE.UU. intenta externalizar los costes de su propia expansión monetaria. Es el equivalente moderno del beggar-thy-neighbor de los años 30, solo que ahora con monedas digitales y algoritmos de trading de alta frecuencia. El resultado neto va a ser una mayor fragmentación del comercio global y, paradójicamente, mayor demanda por activos no estatales que no puedan ser confiscados ni devaluados por decreto.
Los bancos centrales periféricos (Rusia, Turquía, Polonia) actúan como canarios en la mina, sus recortes o amenazas de recortes son la admisión tácita de que el modelo de inflación objetivo importado de Occidente fracasó rotundamente en economías con menor capacidad de represión financiera. Cuando un banco central como el de Rusia baja 50 pb en un entorno de inflación importada, no está estimulando; está capitulando. Y esa capitulación siempre termina transfiriendo riqueza de los ahorradores a los deudores privilegiados y al Estado.
En síntesis, esta semana no fue de estabilidad. Fue de consolidación de la trampa. Los actores centrales lograron, una vez más, que el sistema respire un poco más antes de que el próximo episodio de asfixia sea inevitable. Pero cada respiro es más corto, cada maniobra más desesperada y cada distorsión más profunda. El reloj del ciclo austriaco no se detiene porque los banqueros centrales cierren los ojos; solo marca con mayor precisión el momento en que la corrección, cuando llegue, será más violenta y más purificadora.
El inversor que entienda esto no busca predecir el próximo movimiento de la Fed. Busca posicionarse estructuralmente en activos cuya oferta no pueda ser manipulada, en cadenas de custodia que no dependan de contrapartes estatales y en una mentalidad que priorice el ahorro real sobre el endeudamiento ficticio. Porque al final del día, la verdadera división no es entre hawkish y dovish, ni entre soft landing y hard landing. La verdadera división es entre quienes aún creen que el Estado puede fabricar prosperidad mediante la impresora y quienes ya han comprendido que el único dinero que sobrevive a la historia es aquel que nadie puede crear de la nada.
Perspectivas Futuras
Las próximas semanas se presentan como el preludio de una nueva tormenta en el ecosistema monetario fiat, donde la aparente calma actual no es más que la quietud antes de que las contradicciones acumuladas exploten con mayor impacto. La reunión de la FOMC del 17-18 de marzo va a marcar un punto de inflexión, con los futuros ya asignando un 45% de probabilidades a un recorte de 25 pb, cualquier sorpresa alcista en el CPI de febrero (a publicarse el 11 de marzo) o en el empleo de marzo podría obligar a Powell y compañía a endurecer el tono, reforzando el dólar y generando un nuevo round de presión bajista sobre oro y Bitcoin. Pero atención: esta fuerza del dólar no es fortaleza estructural, sino el último estertor de un privilegio de reserva que se erosiona bajo el peso de una deuda que ya no puede sostenerse sin más inyecciones.
En Europa, el BCE del 19 de marzo va a mantener casi con certeza sus tasas en 2,15%, pero las señales de Lagarde sobre posible QE selectivo si la inflación cae por debajo del 1,8% anticipan el regreso de la impresora, esa misma que Rothbard denunciaba como el mecanismo perfecto para transferir riqueza de los ahorradores a los deudores estatales. En Japón, el BoJ del 18-19 de marzo enfrenta el dilema del yen, con voces hawkish como Tamura y Takata presionando por un hike adicional, una intervención más agresiva para defender los 160 no haría más que profundizar las distorsiones que ya castigan al importador japonés y subsidian al exportador.
Del lado geopolítico, las maniobras de Trump con aranceles van a seguir siendo el catalizador más impredecible. Los posibles ajustes en tarifas a acero y aluminio (que ya circulan en Washington) no son un retroceso real, sino una recalibración táctica para mantener el apoyo de la industria doméstica mientras se preparan nuevas rondas contra China y socios desleales. El resultado será mayor fragmentación del comercio global, mayor demanda por activos fuera del sistema fiat y, eventualmente, una aceleración de la dedolarización que ya se ve en los BRICS y en los acuerdos bilaterales que evitan el dólar.
Para el inversor que piensa en términos de ciclos austriacos, las perspectivas son claras, esta consolidación de refugios es una oportunidad de acumulación. El oro físico y Bitcoin, aunque castigados esta semana y semanas anteriores, están en una fase de acumulación silenciosa típica antes de los grandes rallies. Un portafolio con 30-40% en dinero duro (oro en bóveda personal, BTC en cold storage) y el resto en activos productivos reales (no dependientes de subsidios) es la única posición racional frente a un sistema que, por diseño, debe devaluar el ahorro para sobrevivir.
El mensaje es que no esperes el próximo black swan. El cisne negro ya está acá, disfrazado de inflación controlada y aterrizaje suave. El que entienda que el dinero fiat es un instrumento de expropiación silenciosa y actúe en consecuencia, no solo preservará su riqueza sino que la multiplicará cuando el castillo de naipes finalmente se derrumbe. La historia no perdona a quienes confían en burócratas para proteger su futuro.
Este reporte es un análisis opinativo basado en fuentes públicas y la escuela austriaca de economía. No constituye consejo financiero, de inversión o legal. Los lectores deben consultar profesionales calificados antes de tomar decisiones. Los precios y datos son aproximados y sujetos a cambios; verifique con fuentes primarias.
