A finales de enero de 2026, el banco central de Taiwán (CBC) salió públicamente a rechazar una acusación que, aunque viene del mundo académico y no de un tribunal, le pegó donde más duele: en la credibilidad. Brad Setser, economista del Council on Foreign Relations, publicó un análisis demoledor titulado «Taiwan’s Backdoor Currency Manipulation» en el que argumenta, con datos y bastante ironía, que Taiwán no necesita intervenir directamente en el mercado de divisas para mantener su moneda artificialmente débil. Le alcanza con cambiar las reglas del juego para sus aseguradoras de vida.
Casi en simultáneo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos publicó su informe semestral sobre políticas cambiarias y mantuvo a Taiwán en la «lista de vigilancia» de posibles manipuladores, junto a China, Japón, Corea del Sur y otros seis países. Taiwán no fue etiquetado como manipulador, pero el mensaje es claro: Washington tiene los ojos puestos en Taipéi.
En este artículo voy a explicar qué está pasando, cómo funciona el mecanismo de manipulación que se le atribuye a Taiwán, qué respondió su banco central y, sobre todo, por qué este caso ilustra un problema mucho más profundo que ningún informe del Tesoro va a resolver.
Qué pasó: el informe del Tesoro de EE.UU. y la «lista de vigilancia»
Cada seis meses, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos publica un informe dirigido al Congreso en el que evalúa las políticas cambiarias de sus principales socios comerciales. El objetivo declarado es identificar países que manipulen el valor de su moneda para obtener ventajas competitivas en el comercio internacional. El informe publicado el 29 de enero de 2026 cubre los cuatro trimestres hasta junio de 2025.
El resultado: ningún país fue formalmente designado como «manipulador de moneda», pero diez economías quedaron en la lista de vigilancia. Taiwán es una de ellas, junto a China, Japón, Corea del Sur, Tailandia, Singapur, Vietnam, Alemania, Irlanda y Suiza.
Los tres criterios que usa Washington para detectar manipuladores
El Tesoro utiliza tres criterios establecidos en la Ley de Aplicación Comercial de 2015 para evaluar si un país manipula su moneda. Un país debe cumplir los tres para ser formalmente designado:
1. Superávit comercial bilateral con EE.UU. superior a 15.000 millones de dólares. Taiwán lo cumple con creces: registró un superávit de aproximadamente 100.000 millones de dólares durante el período evaluado.
2. Superávit de cuenta corriente superior al 3% del PIB. Taiwán también lo cumple: su superávit de cuenta corriente fue del 15% del PIB, un número extraordinariamente alto incluso para estándares asiáticos.
3. Compras netas persistentes de divisas extranjeras superiores al 2% del PIB en al menos 8 de 12 meses. Este es el criterio que Taiwán no cumplió formalmente. Sus compras netas de divisas fueron de 5.900 millones de dólares, apenas el 0,7% del PIB.
Y acá es donde la cosa se pone interesante. Porque que Taiwán no cumpla el tercer criterio no significa que no esté interviniendo. Simplemente encontró una forma más sofisticada de hacerlo.
Taiwán cumple dos de tres: superávit comercial y cuenta corriente
Los números de Taiwán son, para decirlo suavemente, llamativos. Un superávit de cuenta corriente del 15% del PIB que amenaza con escalar al 20% gracias a la demanda mundial de chips de inteligencia artificial producidos por TSMC. Un superávit comercial con Estados Unidos que se quintuplicó en cinco años. Y reservas de divisas que, según diversas estimaciones, superan los 600.000 millones de dólares cuando se incluyen posiciones no declaradas públicamente.
Para cualquiera que entienda mínimamente de economía monetaria, estos números gritan «moneda subvaluada». Si el dólar taiwanés reflejara la realidad de la productividad y los flujos comerciales de la isla, debería ser considerablemente más fuerte. Pero no lo es. Y la razón, como veremos, va mucho más allá de lo que un informe del Tesoro puede capturar.
La acusación de «manipulación por la puerta trasera»
El análisis de Brad Setser y el Council on Foreign Relations
El 26 de enero de 2026, Brad Setser (exfuncionario del Tesoro estadounidense y actualmente investigador del Council on Foreign Relations) publicó un artículo que básicamente desarma la narrativa oficial de Taiwán pieza por pieza. Su argumento central es que el CBC encontró una forma de manipular su moneda sin que aparezca en las estadísticas de intervención directa: usando cambios regulatorios que generan el mismo efecto.
La cosa es así: después de intervenir fuertemente en el mercado cambiario durante el segundo trimestre de 2025, el CBC se encontró con un problema. Cualquier intervención adicional lo habría puesto por encima del umbral del 2% del PIB que el Tesoro usa como criterio, activando la designación formal de manipulador. Necesitaba otra vía.
El rol de las aseguradoras de vida y los cambios regulatorios
Taiwán tiene un sector de seguros de vida enorme. Las aseguradoras taiwanesas acumulan aproximadamente 700.000 millones de dólares en activos en moneda extranjera (principalmente bonos del Tesoro de EE.UU.), de los cuales unos 500.000 millones están respaldados por obligaciones en dólares taiwaneses. Esto crea una exposición cambiaria gigantesca.
Históricamente, estas aseguradoras cubrían entre el 60% y el 70% de esa exposición mediante instrumentos financieros llamados hedges (coberturas). Pero cubrir esa posición es caro: el diferencial de tasas de interés entre Taiwán y Estados Unidos hace que el costo de cobertura se coma buena parte de las ganancias. De hecho, entre 2019 y 2025, las aseguradoras gastaron más en coberturas de lo que ganaron en ese mismo período.
Entonces llegó el cambio regulatorio clave: a finales de 2025, los reguladores financieros de Taiwán permitieron que las aseguradoras dejen de marcar a mercado las pérdidas o ganancias cambiarias de sus bonos en moneda extranjera clasificados como «mantenidos hasta el vencimiento». En criollo: si el dólar taiwanés se aprecia y tus bonos en dólares valen menos en moneda local, ya no tenés que reflejarlo en tus estados financieros. Podés amortizar esa pérdida a lo largo de la vida del bono.
Cómo funciona el mecanismo: coberturas cambiarias y demanda artificial de dólares
Al eliminar el incentivo contable para cubrirse, las aseguradoras empezaron a reducir masivamente sus coberturas. La ratio de cobertura cayó del 61% al 52% a lo largo de 2025, y hay proyecciones de la propia industria de que podría bajar al 40% o incluso al 20%.
¿Y qué significa reducir una cobertura cambiaria en términos prácticos? Significa comprar dólares estadounidenses con dólares taiwaneses. Cada punto porcentual de reducción en la cobertura genera miles de millones en demanda de dólares. Setser estima que una reducción del 20% en la ratio de cobertura equivale funcionalmente a unos 100.000 millones de dólares en compras de divisas, algo así como el 12-13% del PIB de Taiwán.
En otras palabras: el banco central no necesita comprar dólares directamente. Le alcanza con crear las condiciones regulatorias para que el sector privado lo haga por él. El resultado es el mismo (una moneda artificialmente débil) pero la intervención no aparece en ninguna estadística oficial.
Como lo puso Setser con su sarcasmo habitual: todo esto es pura coincidencia, por supuesto. La intervención del CBC siempre se intensifica casualmente cuando el dólar taiwanés se acerca a ciertos niveles clave. Y los cambios regulatorios casualmente generan una demanda masiva de dólares justo cuando el banco central necesita dejar de intervenir. Guiño, guiño.
La respuesta del banco central taiwanés
«No podemos ni vamos a fijar un techo para la apreciación del dólar taiwanés»
El 30 de enero de 2026, el CBC emitió un comunicado en el que rechazó frontalmente las acusaciones de Setser. La declaración fue enfática: el banco central se compromete a mantener la «estabilidad dinámica» del dólar taiwanés y afirma que «no puede ni va a preestablecer una línea de defensa para la apreciación» de su moneda.
El CBC también había enviado previamente una carta al semanario The Economist (que en noviembre de 2025 publicó una serie de artículos sobre los riesgos ocultos de la política cambiaria taiwanesa) defendiendo su posición. Según el banco central, su intervención se limita a «suavizar la volatilidad» del mercado, no a fijar un nivel de tipo de cambio.
El problema con esta defensa es que los datos cuentan otra historia. La intervención del CBC se intensifica sistemáticamente en niveles específicos del tipo de cambio: 29 dólares taiwaneses por dólar en 2018 y 2025, 28 en 2020 y 2021. Lo que el CBC llama «suavizar volatilidad» se parece sospechosamente a defender un piso.
El acuerdo previo con el Tesoro de EE.UU. (noviembre 2025)
Para entender el contexto completo hay que retroceder unos meses. En noviembre de 2025, el Tesoro estadounidense y el CBC publicaron un comunicado conjunto en el que ambas partes se comprometían a «evitar manipular los tipos de cambio o el sistema monetario internacional para impedir el ajuste efectivo de la balanza de pagos o para obtener una ventaja competitiva injusta».
El acuerdo incluía compromisos de transparencia: a partir de 2026, el CBC publicaría sus datos de intervención cambiaria trimestralmente en lugar de semestralmente. También establecía que los fondos de pensiones y otros vehículos de inversión pública invertirían en el exterior «únicamente con fines de diversificación y rentabilidad ajustada al riesgo», y no para influir en el tipo de cambio.
Todo muy lindo en el papel. Pero como suelo decir cuando leo este tipo de acuerdos: es como si dos pirómanos firmaran un pacto de no incendiar bosques mientras cada uno guarda un bidón de nafta atrás de la espalda. El acuerdo no cambia los incentivos estructurales. Solo cambia la retórica. Y la retórica, en política monetaria, es la herramienta favorita de los bancos centrales.
Por qué TSMC lo cambia todo
El superávit comercial taiwanés se disparó por los chips de IA
Para dimensionar lo que está pasando hay que entender un dato: el superávit comercial de Taiwán pasó de unos 50.000 millones de dólares anuales durante la última década a aproximadamente 150.000 millones en el cuarto trimestre de 2025. La razón es que TSMC, la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, fabrica la gran mayoría de los chips de inteligencia artificial del mundo y puede cobrar un precio premium por hacerlo.
Si esta tendencia se sostiene (y la demanda de chips de IA no muestra señales de aflojar), el superávit de cuenta corriente taiwanés podría trepar al 20% del PIB. Es un número descomunal que genera una presión natural hacia la apreciación del dólar taiwanés. Salvo, claro, que alguien intervenga para evitarlo.
La presión de Washington: que TSMC invierta afuera
Acá hay un juego geopolítico que no se puede ignorar. Estados Unidos quiere que TSMC construya más fábricas en suelo estadounidense. Ya hay una planta en Arizona y planes de expansión. Pero mientras el dólar taiwanés se mantenga débil, producir en Taiwán sigue siendo artificialmente barato comparado con producir en Estados Unidos.
Desde la perspectiva del Tesoro estadounidense, forzar una apreciación del dólar taiwanés mataría dos pájaros de un tiro: reduciría el superávit comercial bilateral y haría relativamente más atractivo para TSMC invertir fuera de la isla. Es, en definitiva, política industrial disfrazada de preocupación por la «equidad cambiaria».
Y esto lo digo sin ninguna simpatía por la posición del CBC. Porque lo que veo acá no es un caso de «un gobierno bueno contra un gobierno malo». Es un caso de dos aparatos estatales peleándose por quién tiene el derecho de distorsionar los mercados a su favor. Uno manipula su moneda para mantener baratas sus exportaciones; el otro manipula las reglas comerciales para atraer inversiones a su territorio. Ninguno de los dos está operando en un marco de libre mercado.
El problema de fondo que nadie quiere ver
La ilusión de la «estabilidad cambiaria» en un sistema de dinero fiat
Acá es donde la mayoría de los análisis se quedan cortos, y donde creo que vale la pena ir un poco más a fondo. Porque el debate sobre si Taiwán manipula o no su moneda parte de una premisa que nadie cuestiona: que existe algo así como un tipo de cambio «natural» o «de mercado» en un sistema donde todas las monedas son emitidas monopólicamente por bancos centrales.
Desde mi perspectiva todo banco central manipula su moneda por definición. No hay forma de emitir dinero fiat sin intervenir en el mercado. Cada decisión de política monetaria, cada ajuste de tasa de interés, cada operación de mercado abierto, es una forma de manipulación. Lo que el Tesoro de EE.UU. llama «manipulación cambiaria» es simplemente una forma de intervención que le resulta inconveniente a Washington en un momento particular.
La Reserva Federal de Estados Unidos expandió su balance de menos de un billón de dólares antes de 2008 a casi nueve billones en su pico. ¿Eso no fue manipulación monetaria? Cuando el Banco Central Europeo mantuvo tasas negativas durante años, ¿no estaba manipulando el euro? La respuesta obvia es que sí, pero como esas manipulaciones servían a los intereses de sus respectivos gobiernos, nadie las llamó así.
Mises lo explicó claramente en La Acción Humana: el gobierno no puede intervenir en un aspecto del mercado sin generar distorsiones en todos los demás. La idea de que un banco central puede «estabilizar» una moneda es una contradicción en sus términos, porque la propia existencia del banco central como monopolista de la emisión monetaria ya es la mayor distorsión posible.
Cuando un Estado acusa a otro de manipulación, el chiste se cuenta solo
Hay algo profundamente irónico en que el Tesoro de Estados Unidos (el brazo financiero de un gobierno que acumula más de 36 billones de dólares en deuda y cuya moneda es sostenida artificialmente como reserva mundial gracias a acuerdos geopolíticos) emita informes sobre quién manipula y quién no.
Como bien señalaba Rothbard en ¿Qué ha hecho el Gobierno de nuestro dinero?, la historia del dinero es la historia de los gobiernos apropiándose progresivamente del control sobre un bien que originalmente surgió de forma espontánea en el mercado. Primero fue la degradación de las monedas de oro y plata. Después, la imposición del papel moneda inconvertible. Luego, la creación de bancos centrales con monopolio de emisión. Y ahora, acuerdos internacionales donde un manipulador le exige a otro manipulador que deje de manipular.
La capacidad de un Estado de emitir dinero fiat es, en esencia, una forma de falsificación legalizada. Cada billete nuevo que entra en circulación sin respaldo productivo real es una transferencia de riqueza de los tenedores de esa moneda hacia quienes la reciben primero, típicamente, el propio Estado y el sistema financiero cercano a él. Esto es exactamente lo que hacen tanto la Fed como el CBC, con la diferencia de que uno tiene portaaviones y el otro tiene fábricas de semiconductores.
Qué significa esto para el ciudadano común
El poder adquisitivo como víctima
Cuando un banco central mantiene artificialmente débil su moneda, el efecto inmediato es que las exportaciones se vuelven más competitivas. Pero hay un costo que rara vez se menciona: los ciudadanos de ese país pagan más por todo lo que importan. Su poder adquisitivo real se reduce. Pueden comprar menos bienes y servicios del resto del mundo de lo que su productividad justificaría.
En el caso de Taiwán, esto es particularmente perverso. La isla es una potencia tecnológica que produce los chips más avanzados del planeta. Sus trabajadores son extraordinariamente productivos. Pero la política del CBC hace que el ciudadano taiwanés promedio sea más pobre de lo que debería ser en términos de capacidad de compra internacional. Los beneficios de la productividad se redireccionan hacia el sector exportador y hacia la acumulación de reservas del banco central, no hacia el bolsillo de la gente.
The Economist lo documentó en su serie de noviembre de 2025: la subvaluación crónica del dólar taiwanés contribuyó a inflar los precios inmobiliarios (el dinero que no puede salir del país busca activos locales), y erosionó el poder de compra de los consumidores y creó riesgos financieros enormes en el sector de seguros de vida.
La lección para otras economías
Para quienes vivimos en Argentina, este caso tiene una resonancia particular. Nosotros conocemos de primera mano los efectos de la manipulación monetaria, aunque en nuestro caso el problema tiende a ir en la dirección opuesta: no subvaluación crónica sino devaluación permanente por emisión descontrolada.
Pero el principio es el mismo: cuando un banco central tiene el monopolio de la emisión monetaria y la capacidad de fijar tipos de cambio, el ciudadano común siempre pierde. Ya sea porque la moneda se mantiene artificialmente débil (como en Taiwán) y tu poder de compra internacional se evapora, o porque se devalúa por emisión excesiva (como en Argentina) y tus ahorros se pulverizan.
La solución no es encontrar al «buen» banquero central que administre la moneda de forma «correcta». La solución es entender que el monopolio estatal sobre el dinero es el problema en sí mismo. Mientras existan bancos centrales con poder de emisión, habrá manipulación. La única diferencia será el grado de sofisticación con que se disfrace.
¿Taiwán manipula su moneda?
Formalmente, el Tesoro de EE.UU. no lo designó como manipulador porque no cumple los tres criterios requeridos. Sin embargo, el análisis de Brad Setser del Council on Foreign Relations presenta evidencia convincente de que Taiwán logra el mismo resultado a través de cambios regulatorios que generan demanda artificial de dólares sin intervención directa del banco central. El CBC niega categóricamente esta caracterización.
¿Qué es la lista de vigilancia de manipulación de divisas del Tesoro de EE.UU.?
Es una lista incluida en el informe semestral que el Tesoro presenta al Congreso estadounidense. Incluye países que cumplen al menos dos de tres criterios: superávit comercial bilateral con EE.UU. superior a 15.000 millones de dólares, superávit de cuenta corriente superior al 3% del PIB y compras netas persistentes de divisas superiores al 2% del PIB. En enero de 2026, diez economías figuran en la lista.
¿Cómo afecta la manipulación monetaria al ciudadano común?
Cuando un banco central mantiene su moneda artificialmente débil, los ciudadanos pagan más por las importaciones y su poder adquisitivo real se reduce. En Taiwán, esto se ha manifestado en precios inmobiliarios elevados y en un poder de compra inferior al que la productividad del país justificaría. Los principales beneficiarios son el sector exportador y el sistema financiero.
¿Por qué EE.UU. vigila las monedas de otros países?
El argumento oficial es proteger la «equidad» en el comercio internacional. En la práctica, es una herramienta de presión geopolítica. Washington usa el informe para negociar concesiones comerciales y, en el caso de Taiwán, posiblemente para incentivar que TSMC expanda su producción en suelo estadounidense.
¿Qué tiene que ver TSMC con la política cambiaria de Taiwán?
TSMC es responsable de gran parte del superávit comercial taiwanés, que se ha disparado por la demanda de chips de IA. Un dólar taiwanés débil hace que producir en la isla sea artificialmente barato, reduciendo el incentivo de TSMC para invertir en otros países. Esto genera tensión con Washington, que quiere más producción de semiconductores en territorio estadounidense.
Conclusión
El caso de Taiwán es fascinante no por lo que es, sino por lo que revela. Detrás de la disputa técnica sobre ratios de cobertura de aseguradoras y umbrales de intervención cambiaria hay una verdad que ningún informe del Tesoro va a admitir: en un mundo de dinero fiat y bancos centrales con monopolio de emisión, todos los países manipulan su moneda. La diferencia es de grado, no de naturaleza.
Taiwán encontró una forma particularmente ingeniosa de hacerlo. En lugar de comprar dólares directamente, cambió las reglas contables de sus aseguradoras de vida para que estas generen una demanda artificial de dólares. Es manipulación sin huellas digitales. Una intervención que no aparece en ninguna estadística.
El Tesoro de EE.UU. lo sabe, Setser lo documentó, y el CBC emitió un comunicado negándolo con la convicción de quien sabe que su interlocutor no tiene pruebas irrefutables. Mientras tanto, el ciudadano taiwanés sigue pagando la cuenta con un poder adquisitivo menor al que le correspondería.
La próxima vez que leas sobre «guerras de divisas» o «manipulación cambiaria», recordá esto: no se trata de países buenos contra países malos. Se trata de un sistema monetario global fundamentalmente roto, donde cada Estado usa las herramientas a su alcance para distorsionar el mercado en su favor. La solución no es mejor regulación ni más informes semestrales del Tesoro. La solución empieza por cuestionar el monopolio estatal sobre el dinero. Pero esa conversación, evidentemente, todavía no la quieren tener.
