Milei y el tipo de cambio intervenido

Llevamos cuatro meses del gobierno de Javier Milei. El dólar oficial cotiza cerca de los $880. El blue ronda los $1.020. El MEP se mueve alrededor de los $1.040 y el CCL supera los $1.080. La brecha cambiaria, ese termómetro obsceno de la distorsión estatal, oscila entre el 18% y el 25% dependiendo del segmento que se tome como referencia.

El cepo sigue en pie. El crawling peg al 2% mensual sigue en pie. La intervención del Banco Central sobre el precio de la divisa sigue en pie.

Nada cambió en lo esencial.

El precio del dólar no existe

Conviene empezar por el principio, porque la confusión conceptual es el terreno fértil donde prospera toda política monetaria fraudulenta.

No existe el precio del dólar. Esa frase, repetida hasta el hartazgo por periodistas, analistas y funcionarios, es una ficción semántica. Lo que existe es la tasa de intercambio entre pesos y dólares que emerge, o debería emerger, de las valoraciones subjetivas de millones de individuos que deciden voluntariamente comprar, vender o abstenerse. Esa tasa no la fija ningún tecnócrata, ningún modelo econométrico, ningún Banco Central. La fija la acción humana.

Cuando el Estado interviene para fijar un precio de la divisa, no está administrando el mercado cambiario. Está destruyéndolo. Está reemplazando la información genuina que surge del intercambio voluntario por una señal falsa, artificialmente sostenida mediante coacción.

El crawling peg no es una solución

El gobierno de Milei devaluó el peso en diciembre de 2023, llevando el tipo de cambio oficial de $366 a $800. Fue presentado como un sinceramiento, después estableció el crawling peg al 2% mensual como régimen de transición.

El crawling peg es un tipo de cambio fijo con vencimiento incierto. Es la misma patología con otro nombre.

Bajo este esquema, el BCRA fija diariamente la tasa de depreciación del peso. No es el mercado quien descubre a qué ritmo se deteriora el poder adquisitivo de la moneda, es el funcionario de turno quien lo decide. El exportador que liquida divisas lo hace sobre la base de una señal de precio falsa. El importador que accede al mercado oficial lo hace con dólares subsidiados. El ahorrista que quiere cubrirse debe recurrir al blue, al MEP o al CCL, mercados que el propio Estado tolera con hipócrita ambigüedad.

¿Qué cambió respecto al esquema anterior de Massa? La velocidad de la devaluación. La estructura del control, no.

La brecha es el diagnóstico, no la enfermedad

La brecha cambiaria refleja la distancia entre el valor del dólar regulado por el Estado y el valor que surge del mercado con menos o ninguna intervención. Dicho de otro modo, la brecha es la medida objetiva del grado de mentira que contiene el tipo de cambio oficial.

Una brecha del 20% no es un problema técnico a resolver con mejores calibraciones de política monetaria. Es la consecuencia inevitable y predecible de mantener un precio artificialmente por debajo del que el mercado establecería. Es la ley de la oferta y la demanda funcionando, a pesar del Estado y no gracias a él.

Cuando la brecha es elevada, las empresas importadoras aceleran sus compras para aprovechar el dólar oficial, mientras que los exportadores hacen exactamente lo contrario, intentan declarar menos divisas y retener sus stocks.

El resultado es predecible es que el BCRA pierde reservas, la escasez de divisas se profundiza, y el gobierno responde endureciendo los controles. Un ciclo vicioso que se repite desde 1931, cuando Argentina instauró por primera vez el control de cambios.

El cepo como institución permanente

El dólar blue nació como respuesta a las restricciones cambiarias impuestas por el gobierno. Desde hace más de una década, existen controles que limitan la cantidad de dólares que se pueden comprar legalmente, lo que llevó al surgimiento de un mercado paralelo.

El cepo cambiario, en distintas variantes, lleva operando sin interrupción efectiva desde 2011. Atravesó gobiernos kirchneristas, macristas, kirchneristas otra vez. Y ahora, con un gobierno que se autodefinió como anarcocapitalista antes de asumir, el cepo sigue en pie en abril de 2024.

No es una medida de emergencia.

El argumento de la gradualidad es el argumento de la cobardía política

Se escucha en los medios y en los ámbitos académicos afines al gobierno: «hay que ir gradualmente, no se puede levantar el cepo de golpe, sería un shock insostenible».

Este argumento merece ser desmenuzado.

¿Insostenible para quién? Para el sistema financiero que acumuló pasivos en pesos a tasas manipuladas. Para los importadores que se habituaron a los dólares subsidiados. Para el aparato político que usa el tipo de cambio diferencial como mecanismo de asignación clientelar de divisas. No para el ciudadano común, que ya paga el costo del cepo todos los días en forma de inflación, escasez y destrucción del poder adquisitivo de sus ahorros.

No existe una transición gradual hacia la libertad económica que sea teóricamente coherente. La libertad de precios, incluida la libertad cambiaria, no se restaura por etapas. O los precios los fija el mercado o los fija el Estado. No hay término medio estable.

El gradualismo no es una estrategia técnica, es la racionalización de la postergación indefinida de las reformas verdaderas.

Conclusión

La devaluación de diciembre fue el reconocimiento tardío e incompleto de un problema que el propio Estado creó. El pecado original no fue ese salto discreto del tipo de cambio. El pecado original es la intervención misma, la pretensión de que un organismo estatal puede fijar el precio de la divisa sin destruir el cálculo económico, sin generar mercados paralelos, sin expropiar al ahorrista.

Ese pecado no se corrige con un crawling peg más o menos calibrado. No se corrige con un cepo más flexible. Se corrige con su eliminación total y sin compensaciones.

Mientras el tipo de cambio lo fije el BCRA y no el mercado, Argentina seguirá atrapada en el mismo ciclo. El nombre del gobierno de turno cambia. La patología monetaria, no.

Miguel Hernández

Miguel Hernández

Analista económico especializado en teoría monetaria, mercados financieros y política económica. Mi trabajo ha sido referenciado por medios como Revista Marca, Centro Urbano, Escenario Mundial, y Visión Liberal. Orador TEDx (2018). Estudiante de Marketing por la Universidad de Palermo, premio al Mejor Proyecto en Publicidad (2024). Actualmente desarrollo Atlas HQ (atlashq.us).

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